Un zarpazo donde tenía que darse

Crónica del Numancia 1 – Granada 3

El Granada quería dar un zarpazo fuera de Los Cármenes y lo soltó en un lugar que prestigia el gesto al ser tierra sin conquistar. El Numancia lucía inmaculado su territorio hasta ayer. Cinco veces habían celebrado festines y sólo habían concedido la migaja de un gol a un extraño, el día que al Albacete lo asediaron con un 5-1. Un resultado así, pero al revés, pudieron endosarle los nazaríes, si algún compañero hubiera correspondido al continuo traqueteo al que sometió Darwin Machís a la defensa rojilla en la segunda mitad, que por momentos se convirtió en delirante.

La primera parte fue quirúrgica, con dos agudos golpes de bisturí, tanto de lejos como de cerca, el primero muy precoz, que presagiaron una recta final de desfile militar. La intuición parecía cobrar forma cuando los de Arrasate se quedaron con diez justo tras el entreacto. Pero los visitantes cargaron las balas de fogueo y los anfitriones se lanzaron sin cortapisas a quitarse la depresión. Lo lograron a pique del final, porque Varas apareció antes con el escudo firme, y fue ese único mordisco, de penalti dudoso, lo que despertó ante el gol al Granada, que acabó con cualquier inquietud para el añadido con el 1-3 inmediato, para que Manaj se pusiera la corona.

300 partidos en Segunda conmemoraba José Luis Oltra, que para algunos asuntos es animal de costumbres. Reconocido amante de la estabilidad, apeló a su propia lógica sustituyendo al lesionado Matthieu Saunier por Hernán Menosse. No tenía por qué tocar más la anatomía del equipo que le había llevado a cuatro victorias en cinco partidos previos, incluida la conquista en una cancha hostil como el Santo Domingo de Alcorcón, que se tomaba como marco. El uruguayo se acomodó en la izquierda para permitir que Chico Flores abundara en el sector derecho. Alternó, como siempre, algún aguante con ciertas tropelías.

En un estadio donde hasta las aves que le dan nombre seguro que lucen abrigo, Ángel Montoro dejó bajo cero hasta a los más pertrechados, con un envío a domicilio franqueado desde unos 55 metros para su paisano Pedro Sánchez, que viajó en diagonal hasta un espacio que esta sociedad trata de escarbar siempre. Aceleró el alicantino tras los cogotes de la defensa y reventó el balón ante la cara impávida del portero Aitor Fernández. Seis minutos y desvalijado.

El mazazo sorpresivo dejó incrédulo al Numancia, que encadenaba cinco victorias en casa pero todas ellas adelantándose primero en el marcador. Le costó mucho reponerse a los rojillos, que buscaron a Pere Milla y Manu del Moral, con un rendimiento precario. Sin grandes desajustes, más allá de una salida loca de Menosse que él mismo remedió regresando como una fiera hasta el área, el peor lamento del Granada llegó con la lesión de Raúl Baena. Alberto Martín ejerció de relevo natural y aunque carece de la agresividad del malagueño, intentó aportar serenidad al juego. No siempre le siguieron.

Cada vez más compactos, los nazaríes atendían con disciplina el magisterio de Montoro. Con un lanzamiento alto suyo se cerró un intercambio de pases que acrecentaron el dominio. Fue algo después cuando el Numancia intentó salir a flote, con un tirazo de Marc Mateu, que despidió Varas hacia el cielo para luego blocar el esférico en la caída.

Se asustó el Granada en un contragolpe tras un córner propio, en el que Chico Flores vio la amarilla. Una amonestación que supo manejar sin alterarse cuando se caldeó el ambiente. Se atisbaron las aristas de esa escuadra feroz que se asumía en el enemigo. Pere Milla ajustó mal un tiro desde la frontal, tras otra llegada de Mateu por la izquierda.

Chirriaron los dientes de Machís, que hasta ese momento permanecía inadvertido. Se juntó con Espinosa, otro que andaba sin faros, y esbozaron un triángulo dañino para el adversario desde la izquierda, con el venezolano dando el primer acelerón de muchos en la tarde. Aitor Fernández le adivinó la dirección de su tiro cruzado pero lo alejó hacia el centro, donde permanecía con la caña Joselu.

Si el marcador no clareaba de por sí el camino, la expulsión de Markel parecía que llevaría a la rendición local. La provocó Machís en otro despegue, ante el cual el lateral derecho reaccionó con un corte con la mano cuando el venezolano se iba a medir con Aitor Fernández. Para el árbitro fue ocasión manifiesta y amputó un zaguero justo por donde esprintaba el sudamericano.

La enumeración de sus llegadas se salía de la hoja de la libreta. Fue una catarata que nadie supo contener, aunque el agua cayó de lado, pues no había quien aprovechara el caudal a su alrededor. Primero fue Pedro, en un lanzamiento alto de falta. Después, un centro raso que se paseó a pocos palmos de la raya de la portería. Arrasate no reaccionó para tapar con un parche y se volcó tan descaradamente el Granada en sus contragolpes que olvidó que el resultado invitaba también a ciertos tramos de quietud.

El afán de contragolpear condujo a una alocada ida y vuelta de la que pudo sacar jugo el Numancia. Íñigo Pérez a punto estuvo de clavar el balón en un libre directo, que dio en la barrera e impactó en el larguero. Los rojiblancos le dieron al gas y a los visitantes les duraba instantes la posesión. Manu del Moral intentó cabecear ante Varas, pero el sevillano se anticipó a cada remate.

Machís, a lo suyo
Machís siguió a lo suyo, corriendo con frenesí al espacio. En otro asedio, Joselu empalmó de zurda a la grada. Esto agotó la paciencia del venezolano, que decidió buscar la gloria por su cuenta. Hizo trizas al central Dani Calvo pero Aitor se agigantó en su tiro. En el otro sector, Varas tenía más trabajo del deseado. Atajó otra intentona de Del Moral desde el área pequeña. Cualquier vacilación suya podía transmitir un constipado. Se bajó algo el ritmo y siguieron llegando ocasiones a lomos de Machís, pero el arquero soriano siguió justificando su sueldo.

Salió Guillermo por el jienense Del Moral y pronto tuvo un remate, que se alejó por poco. Menosse se empleó con dureza ante un rival y concedió otra posibilidad parada a Íñigo, sin llanto. Se reiteró lo de Machís, al que nadie le echó el lazo. Otra combinación pilló un paso por delante a Joselu. Hasta Alberto Martín abandonó el eje para probar fortuna pero le pegó con suavidad. Oltra invocó a Rey Manaj y la sustitución le salió a la postre redonda. Antes, se calcó la secuencia de subida de Machís y fue Pedro el que se topó con los guantes del cancerbero.

Una mera diana podía ilusionar a los locales. Fue a través de un confuso penalti, de Montoro sobre Pere Milla, como Guillermo puso el 1-2 en el minuto 89. Podía creerse que se avecinaba un alargue reivindicativo, pero quedó cercenado con la enésima carrera de Machís que sí acompasó Manaj a la red. La bandera se clavó donde nadie antes este curso y el equipo, con sus zarpas, duerme en el trampolín de ascenso.

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