Un gatillazo matutino en Los Cármenes

Crónica en IDEAL del Granada 1 – Sevilla Atlético 2

Amaneció suave, ciertos reacios tras el descenso retornaban al estadio y los chaveas del Sevilla venían con el farolillo rojo colgando. Parecía ideal. Pero en Segunda todo se vuelve del revés, a lo ‘Stranger Things’. El último es capaz de derribar al primero. La expectativa semanal acaba en gatillazo matutino.

Los rojiblancos tienen varias fechas así en su particular antología de lo grotesco. Parece que cuando llegan algunos incautos al calor de los resultados y varía el rumor del público –el eco más denso, con el runrún de la exigencia a ratos–, el equipo se imanta hacia el chasco. Surgen más nervios e incoherencias. Fallan los más seguros. Se encajan balones en la red que otras veces han salido despedidos de milagro o por Javi Varas, padre de alguno de ellos.

Llegó el escarnio con el primer tanto en contra nacido de un saque de esquina, la especialidad de la casa cuando sopla a favor. Una intoxicación con la propia medicina. Ante el colista, que tenía un reguero de bajas. Que no había ganado a nadie. Con el balón amordazado, en pies locales casi siempre, pero sin encontrar el fondo de la cuestión. Ni cuando llegaron a neutralizar el penalti visitante –desde la esquina, cómo si no–, se llegó a despejar el parabrisas de insectos. Hubo otra desconexión. Un picotazo de la mosca ‘tse-tsé’ del que ya no despertaron.

El agitador
Se echó de menos al gran agitador del plantel. El Granada actuó amputado en su ataque por un amistoso colocado en las fechas FIFA. Hoy juega Darwin Machís con Venezuela ante Irán en Holanda, aunque veremos si el viaje le vale para lucir palmito, no como a Sergio Peña, que se pegó 15.000 kilómetros para volar a Nueva Zelanda –donde Perú sí pugnaba por estar en el Mundial–, pero se quedó en la grada, descartado. Le queda la vuelta en Lima.

Hay sendas hormas en la alineación que parecen dispuestas solamente para dos futbolistas. Una se evidenció en la izquierda, exclusividad de Machís. Sobre todo por el desborde que proporciona desde el extremo, inigualable para el resto de compañeros, carentes de su determinación y confianza. Es mucha la salida que da a la carrera, la dependencia de la escuadra ante sus travesuras aceleradas. Todo se vuelve cadencioso en su ausencia. Da igual que los suyos controlen mejor el esférico, evolucionando partido a partido. Si cae por el desfiladero al llegar a los últimos metros, se queda todo en prometedores preliminares sin el premio de la satisfacción.

El otro molde distintivo es el que pertenece al creador, Ángel Montoro, auténtico mandamás. Se fue quedando sin socios para elaborar ante la desesperación del marcador y encima incurrió en un ataque de irracionalidad durante el tiempo añadido. Un pisotón a la altura del gemelo del joven Carmona que le supuso una roja justa y le acarreará una sanción inevitable. Sin Montoro, aunque con Machís –si no le pasa nada en el ‘bolo’–, acudirá el Granada a visitar a la Cultural Leonesa. Ya sin la distinción de líder pero con un sello grabado en la piel a fuego: confianzas ante los rivales, las justas, hasta con los diezmados. La relajación y el despiste se pagan caro.

Antonio Puertas se probó en una nueva convocatoria a examen y volvió a suspender, aunque quedó la sensación de que Oltra le retiró cuando tenía alguna posibilidad de subir nota. Enclaustrado en la derecha de inicio, apenas se asomó en la vanguardia. Cuando pasó a la izquierda comenzó a reconciliarse con su fútbol, pero al técnico no le pareció suficiente y fue su primera sustitución, quizás antes de hora.

Previo a eso, en los compases de arranque, apareció un Sevilla Atlético ágil que despistó al Granada, algo somnoliento. Con los mismos que en Pamplona, salvo Puertas por Machís, inició las mismas conexiones serenas y aplacó pronto el arreón visitante. Joselu dio un aviso tras una gran filtración de Espinosa. El talaverano compuso otro envío para Álex Martínez en busca del onubense, pero apareció un zaguero para aplacar el peligro. El mediapunta ha de intervenir más de lo que lo hizo.
En plena fase de crecimiento, llegó el traspié. Un cambio de orientación que Curro controló hacia dentro sin espera, petrificando a Víctor Díaz. Chico Flores acudió al corte y tocó lo justo para que el capitán sevillista cediera y se señalara una pena máxima que él mismo chutó y que celebró con chulería. Chico se ha convertido en una suerte de Sergio Ramos para el Granada. Un futbolista fantástico pero tan seguro de sí mismo que se intuía que un día daría la nota en un arrebato de suficiencia. No erró en demasía pero sí lo justo para que pesara. Pozo le intentó meter en más de un lío.

Apretó el Granada con la única aparición en zigzag de Puertas y sobre todo de estrategia, con un remate de cabeza de Víctor Díaz que dio en el poste. También lo intentaron Joselu y Pedro con disparos duros. Un tiro de Pozo acarició el larguero en otro despiste de Chico y poco a poco el encuentro se adentró en una dimensión desconocida para los de rayas horizontales, teniendo que remontar. Joselu insistió en la búsqueda de la diana pero esta no llegó hasta la segunda mitad. A pique del descanso gozó de una ocasión clara en un cabeceo que sacó el meta Soriano alargando el brazo.
Daba la sensación de que a los locales sólo les faltaba una marcha más y parecía que todo se repararía tras el reposo, cuando Joselu marcó a la salida de un córner. Curro pudo ser expulsado por un codazo a Víctor Díaz y a Oltra se le acabó la paciencia con Puertas y pasó a los dos puntas con Rey Manaj, escorando a Espinosa en la zurda.

Fórmula que no mejora
La fórmula no mejoró al equipo, menos ordenado, con obsesión con los centros que no encontraron finalización. Saunier pecó de ingenuo en el área en una falta lateral a favor. Pedro pudo derribar a Soriano de zurda, pero el arquero aplacó el lanzamiento. Parecía cuestión de paciencia, pero en estas salió el Sevilla de la madriguera y provocó un córner. Fede se libró de su marca, Alberto Martín –fundido en un bloqueo–, y Chico no llegó a remediar su salto.

Licá apareció por Espinosa para recuperar un ‘banda’ nato y aunque el portugués buscó soluciones, tampoco atrajo la frescura. Pedro indagó en pos del éxito en un libre directo y Kunde quiso importar brío por Alberto Martín. Sólo tuvo un chut lejano, en una falta tocada en corto.

Tan directos se volvieron que Oltra arriesgó con Chico de ‘nueve’. Una acumulación que no calmó la ansiedad y que retrató a Montoro, de los pocos que guardaban la ropa. Fue al corte con Carmona y le marcó con los tacos. Expulsión en un epílogo de una matinal de cielo despejado, de donde bajó el Granada a plomo. Quizás un accidente pero también un recordatorio de que siempre hay que llevar el cuchillo entre dientes por si falla la pistola.

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