El Granada se hace respetar ante el líder

Crónica del Granada 2 – Huesca 0, publicada en IDEAL

El Huesca era, y es aún, el líder de Segunda. Pero por autoridad, lo pareció el Granada. Despachó con suficiencia a los oscenses, aquejados del miedo escénico que atenaza a quien visita Los Cármenes, con la salvedad de los chicos del Sevilla. Bastó una seductora primera mitad para que el albatros rojiblanco extendiera sus alas.

No hay temblores en José Luis Oltra, que repitió la alineación de León. El análisis del técnico sobrevoló por los tres últimos resultados sin alarmarse, para fijarse en las sensaciones que emanan de un equipo que ha seguido compitiendo bien. Estas referencias le resultaron positivas. De ahí que insistiera con Alberto Martín pese a que Raúl Baena esté recuperado desde hace más de diez días. El de Don Benito se lo agradeció con una fenomenal actuación, poco ruidosa pero efectiva, evidenciada en dos cortes providenciales en sendos contragolpes cuando gobernaba el 0-0.

Salió el Granada avasallador ante el Huesca de Rubi, al que le dio el famoso ataque de entrenador. Aficionado, al parecer, a tocar alguna pieza en su ‘once’ aunque las cosas le marchen bien, removió ubicando como artillero a Rescaldani, un mostrenco, para desplazar a una banda al pichichi del club, el temido Cucho Hernández. El encuentro terminó pronto para el colombiano, la gran amenaza azulgrana (diez goles). A los 13 minutos salió dañado de un salto con Víctor Díaz, doblándose el tobillo en la caída. Le trataron en el acto, aguantó todo lo que pudo pero al final, muy dolorido, tuvo que ser relevado a las puertas del descanso.

Melero, también perdido
El otro peligro maño, Melero (nueve goles), anduvo alejado del área de Varas, acordonado por las detecciones de Alberto Martín, Pierre Kunde y Javier Espinosa. Chico Flores salió a interceptar cada balón que buscó al espigado Rescaldani. Saunier se anticipo a todo con su elegancia de ladrón de guante blanco. Mientras, los locales intimidaron desde muy pronto. Pedro se subió a la moto que le hizo lucir y rescató su cañón en un lanzamiento, al poco de arrancar, que desvió Remiro.

Se reiteraron las llegadas concluidas con saques de esquina, a las que esta vez el Granada no sacó el jugo. El que estuvo más cerca de entrar lo cabeceó Víctor Díaz, aunque desde lejos. Pudieron sufrir en la respuesta en un par de ellos con el Huesca a la carrera, pero el repliegue funcionó con precisión suiza.

Fueron minutos de dominio nazarí pero sin muchos dolores para el meta Remiro. Todavía no había aparecido Machís en el acto. Lo hizo en un despeje blando de Pulido que cazó al vuelo y despidió hacia la meta con dureza.

Andaba esbelto el Granada pero sin traducir sus llegadas. No sufría atrás pero tampoco materializaba el peligro hasta que Kunde rompió el guion. Al camerunés le había costado entonarse. Incluso se había llevado alguna bronca del jefe por regalar el esférico en algún pase largo. A la media hora, se le alumbró la bombilla. Tocó Víctor Díaz para Pedro y este retrasó el balón para Kunde, quien lo inyectó en el área por sorpresa, con Espinosa al acecho del hueco de caída. Generoso, el talaverano vio por el retrovisor a Joselu y a él cedió el honor de degustar el vino.

Fueron dos minutos de iluminación. El Huesca se rebotó y fue su perdición. Avanzó sin filtro y se encontró una reacción inesperada. Akapo reclamó una falta en una progresión y Vicandi Garrido se hizo el longuis. Los rojiblancos pisaron el acelerador y circularon hasta descargar su progreso hacia la banda diestra. Pedro observó la autopista, adivinó el desmarque de Joselu y le colocó un centro fuerte, a ras de hierba. Lo despidió tan duro que pasó de largo ante el posible rematador y los zagueros que recelaban a su alrededor. Pero el envío lo hizo bueno un cazador furtivo. Machís se apresuró desde su costado para irrumpir en un desprotegido segundo palo. No tuvo dudas de celebrarlo aunque hiciera kilómetros cuando formaba parte de este contrario.

El donaire de Pedro continuó mientras le quedó aire. Buscó protagonismo, ya fuera con su bandeja en los saques de esquina o directamente preparando su propio cóctel. No pudo marcar pero sí restableció su prolífica sociedad con Víctor Díaz. Una de las claves del repunte clasificatorio que acercó al liderato. Ahora son terceros, el puesto preferente de fase de ascenso, a dos puntos del adversario que claudicó ayer y del Lugo.

Un cierre anodino
Era tal la algarabía, tan evidente la superioridad, que vibraron hasta los aficionados de tribuna. Nadie se acordó de la siesta aunque alguno pudo dar la cabezada después, durante una segunda parte que no estuvo a la altura de la primera.
No reaccionó el Huesca, anulado por un Granada que hincó codos para descubrir qué asignaturas dominaba el oponente, y tampoco llegaron respuestas en carrera que ampliaran la ventaja en el luminoso. Hubo algún intento que otro. Muchos desde el banderín y alguno más corriendo al espacio, pero Joselu se ha propuesto remontar en el escalafón de delanteros de uno en uno. Víctor Díaz, al que se le metió marcar entre ceja, logró envenenar un envío que casi se va a la red, si Remiro no lo palmea.

El juicio quisquilloso de Vicandi Garrido, señalando muchas faltas que interrumpieron el ritmo, y algunos percances en forma de lesiones condicionaron el acto definitivo. Chico Flores pidió el cambio y dejó que su paisano Germán volviera a actuar en el campeonato, cosa que no hacía desde la jornada 2. El resto de reemplazos también obedecieron a la precaución por evitar que se agravaran ciertas molestias.

Espinosa lo intentó ajustando un disparo que también sacó Remiro. Víctor Díaz cabalgó como si fuera Cafú pero las fiestas le siguen siendo esquivas. Tampoco Joselu pudo concretar una prolongación directa de Varas, ante una bola que enganchó hacia las nubes. El Huesca lo rastreó con algo más de ahínco pero sin grandes sustos para Varas. También pudo retornar Baena y hasta Quini tuvo un rato.

Pedro no introdujo un regalo de la zaga que le dejó mano a mano y la nota de color la puso Vicandi expulsando a Ferreiro por una supuesta simulación. Hubo contacto, quizás no para penalti, pero en ningún caso para mostrar la segunda amarilla al que fue el mejor futbolista de un Huesca que no sacó los galones de su actual condición. Sin Cucho, fueron a menos. Ante el Granada, la mayoría se arruga.

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