El Rayo se sube a las barbas del Granada

Crónica en IDEAL del Rayo 1 – Granada 0

No hay tregua en Vallecas, donde el Granada tiene experiencia de que los partidos se cierren tarde y mal. Si en aquella dulce derrota que amasó la primera salvación en la élite fue Tamudo el que burló al tiempo (y al asistente) para marcar en el alargue, esta vez el ejecutor fue el más inesperado. Chechu Dorado, inédito ante la red con los de la franja, apuntilló a pique del final a unos rojiblancos que no se reconocieron. Pugnaron por el equilibrio, acariciaron alguna posibilidad pero volvieron de vacío porque les faltó orden, una brizna de suerte y cierta claridad.

Dos actores claves en ambos conjuntos se cayeron del cartel. Raúl de Tomás se levantó con fiebre y el técnico rayista, Míchel, ubicó a Chori Domínguez de falso ‘nueve’, lo que acabó siendo un acierto. Un grave problema familiar obligó a que Javi Varas abandonara la concentración y se precipitara el debut de Rui Silva. Sobrio bajo palos, de menos a más con los pies, exhibió manos salvadoras en la segunda parte, aunque un bosque de piernas le impidió una mejor visión en el tanto que, en el minuto 88, arrasó la fe.

El misterio también envolvía la alineación de Oltra ante la baja de Alberto Martín. Mirando los antecedentes, parecía lógico que Baena reapareciera en la que fue su casa durante varios años, pero el técnico analizó otras necesidades. Restableció a Montoro en el eje, tras cubrir dos citas en el calabozo por sanción, para que alternara con Pierre Kunde. Siguió Espinosa en la mediapunta, intentando escapar de los cepos rayistas, intensos agobiando al rival. Su fútbol se empantanó.

La retaguardia se completó con Germán Sánchez por el lesionado Chico Flores. Tiene el gaditano hechuras pero está un par de niveles por debajo de su paisano en salida de balón, lo que privó al equipo de esos primeros pasos ágiles que caracterizan al del moño.

Sin fluidez, al Granada le faltó cuajo en el acto inicial. Es el Rayo un equipo que todavía destila aquel poso atrevido que dejó Paco Jémez, en el club donde sí triunfó. Míchel conserva la esencia y ha construido una evolución con nuevos valores, como Beltrán; alguna consolidación, como la de Embarba; más viejos rockeros, como Trejo, que se lesionó, y Chori Domínguez, que pelea como un juvenil.

Rui Silva se examinaba por primera vez en Liga y fue cogiendo tono. Mordían los madrileños y de una recuperación, ante un mal despeje de Germán, fueron capaces de armar una secuencia venenosa, con Embarba rebañando con el cuchillo y centrando raso para que Aguirre golpeara y diera al lateral.

La tarde tendía a la helada pero el corazón caliente de los vallecanos fue empotrando a un Granada deshilachado, que no hallaba salida. El Rayo, muy vertical y con ardor, mantenía en el cajón a los nazaríes. Montoro quiso detener la tormenta probando con un chut desde el centro del campo. Alberto García retrocedió para impedir el gol de la jornada, que evitó con dificultad. Mucho más enchufados en las disputas en el ecuador del terreno, los madrileños aceleraron en pos de las oportunidades pero los nazaríes conservaron la efigie. A Velázquez debieron de amonestarle en una entrada a Espinosa, quien seguía sin trazo.

El gobierno rayista se fue extendiendo, más atentos en cualquier división, rápidos para salir por los costados, asfixiando a Víctor Díaz y Álex. Joselu quedó aislado y Machís intentó aparecer a su espalda. Su única probatura surcó el cielo de la capital. Un nuevo desajuste de Germán, esta vez en la circulación, concedió una ocasión a Unai López, pero el gaditano hizo de obstáculo. Llegaba el Rayo al contorno pero sin precisión pero continuaba cómodo porque el esférico duraba un suspiro con los rojiblancos. Los movimientos acompasados de Chori desestabilizaban sin parar. El propio argentino encauzó una combinación con un tiro desde la frontal que obligó a la primera parada seria de Rui Silva. La luz ante el cortocircuito podía regresar a balón parado. Así lo probó Pedro, con un envío a Germán que este cabeceó fuera. La controversia seguía. Una aspereza que pagó Montoro con una amarilla extraña, que no pareció.

Trejo se lesionó en ese tramo final del acto de arranque y Míchel fue ambicioso. Retrasó a Chori como volante y colocó a Javi Guerra como hombre más adelantado. La tónica en los visitantes se perpetuaba. Malos alejamientos, indecisiones y algún quebradero de cabeza para protegerse. Vino uno de córner. Tocó Fran Beltrán y Guerra no supo concretarlo, cayéndose. Rui Silva respondió con arrojo a ras de hierba.
Oltra, asumiendo que cuestionar la posesión era difícil, apostó por el fútbol más directo. Retiró a Espinosa para nutrir el ataque con Rey Manaj. Nada más salir rozó el bote de una falta lateral que comprometió. Chori Domínguez, 36 ‘castañas’, enseñó su clase después. Encauzó un zigzag con un disparo, sin mucho equilibrio, que se lo puso fácil a Rui Silva. Más desconcertante fue el fallo de Joselu. En otra falta larga, Víctor Díaz conectó para el onubense, que despejó sobre la línea en lugar de embocar en la meta. Se pudo resarcir acto seguido con un tiro vehemente, pero se encontró a Alberto.

Fue lo más cerca que estuvo el Granada de la victoria. Se obsesionó el Rayo con el triunfo, mientras los nazaríes trataron de mantener la distancia. Guerra encendió el cañón y las intentonas rojiblancas se limitaron a tiros lejanos. Oltra se cargó a un desconocido Machís y puso a Baena para retomar algo de control, con Joselu en la zurda.

No sólo no se aminoró el ritmo, sino que se prodigaron los sobresaltos. Galán complicó a Rui Silva, pero el portugués estaba dispuesto a escapar ileso. Iba camino de amargar la velada a los vallecanos hasta que irrumpió por sorpresa Dorado.
La salida de Ramos fue anecdótica. El punto no sabía nada mal. Irse de balde sí es un contratiempo. Si a los contrarios directos les da por funcionar hoy, puede hasta salir de la zona de fase de ascenso. Esta derrota no fue amable, como aquella que edulcoró Falcao. Esta escuece.

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