El Granada se lo juega todo a la ruleta rusa

Crónica en IDEAL del Granada 3 – Almería 2

Machís activó el molinillo y pareció decantar, tras el descanso, un derbi que estuvo entre brumas durante la primera parte, con las piezas de la forzosa alineación tardando en acoplarse. Pero al Granada le dio por jugárselo todo a la ruleta rusa en un tiempo añadido comprometedor, de final épico. Una bala en el revólver, el tambor que gira, el cañón en la sien, el gatillo presionado y un chasquido seco de la recámara vacía. El alivio. Un sonido que devolvió la sonrisa a un público desconcertado. Todos gritando «¡Pedro!», como Penélope en los Óscar. Pero este es Sánchez, Pedro Sánchez, cuya política doméstica funciona.

Un golpe de efecto cuando se había pasado de la euforia del 2-0 al estupor del 2-2 en el minuto 90, con los visitantes desatados y Morcillo presumiendo de remate con los suyos, apostados en el fondo norte. Pedro recobró el júbilo con el 3-2 en el 93, en un balón lejano que llovió sobre una montonera, con muchos seguidores locales renegando por las escaleras, en busca de la huida apurada. Frenados ante la apoteosis.

El proyectil del arma apuntó al final a los del Lucas Alcaraz. Un equipo severo, con muchísimas ausencias también, corto de fútbol pero implacable a balón parado. Dos tantos así –uno con ejecutor y otro con rematador– más un larguerazo previo le condujeron al equilibrio al comenzar el alargue, sin apenas haber llegado a Varas. En el reverso de otra acción detenida, sin embargo, encontraron los nazaríes una respuesta. El camino a su éxtasis. Un triunfo frenético que desata pasiones e incita a los paros cardíacos.

El Granada no debió tolerar que el resultado se le enredara. Mereció amplitud en el marcador antes pero se relajó al protegerse. Gozó de oportunidades para estirar la diferencia pero se desquició de manera inesperada. Ya le pasó ante el Sevilla Atlético, en un córner. El 2-1 lo endosó Rubén Alcaraz –sin relación familiar con Lucas– en un fantástico lanzamiento directo, de una falta que no tuvo que cobrarse. El lío vino después, en la prolongación, aunque la moneda terminara cayendo de cara.

Ante las bajas, Oltra construyó su centro del campo con funciones repartidas entre tres mediapuntas teóricos. Kunde cogió el cepillo y lo hizo más que bien en la limpieza. A Peña le costó espabilar como organizador, pero se quitó las legañas a la media hora y tomó decisiones correctas desde entonces, hasta que su entrenador lo vio cansado a mitad de la segunda parte. Espinosa se retrasó un poco para despejar el camino a sus compañeros, que estaba lleno de maleza. La dificultad de los centrales para sacar el balón resultó manifiesta. Germán y Menosse son zagueros aguerridos, más fino el gaditano que el uruguayo, pero no son un dechado de virtudes en la salida con la pelota. Esto aturulló a los locales, ante un Almería a la espera, que cerró filas y que ponía pies en polvorosa en cada contragolpe.

Algunos fallos en las entregas generaron desconcierto, que los mediterráneos resolvieron sin tiros a meta. Machís le dio a la patilla de la moto y giró el gas a tope, en busca de René. Se asoció con Peña, el primero en probar al meta rival. Varas tuvo que salir una vez de su entorno para impedir el avance de Pozo, el contrario más cualificado.

Despega Machís
El despertar de Peña favoreció un mejor control en los avances. Era de nuevo Machís quien apuraba a los contrarios. Intentó conectar con Joselu, pero el onubense se encontraba bajo cerco. El venezolano se probó después pero aún no tenía el tobillo fino. Arrancó otra vez para sacar de guía a Motta, con un pase atrás que no encontró clausura.

Su chispa provocaba el incendio en la retaguardia visitante. Machís combó un centro que parecía buscar al vigilado Joselu. Víctor Díaz se anticipó con un gran salto. Giro de cuello a tres minutos del entreacto. Un horror para la moral almeriense. Alcaraz no cambió su patrón al descanso, hasta que Machís se disfrazó de Neymar. Galopó desde la izquierda, le hizo un caño a Motta, enfiló hacia la corona y acribilló a René. El panorama inclinaba hacia la fiesta. El conjunto en ajuste y el adversario, obligado a abrirse. Joselu pudo colocar una vaselina, tras otra elaboración de la sociedad Peña-Machís. Pedro hizo germinar otra ocasión, sin finalizar.

A la hora de partido, el apagón. Un córner inició la secuencia terrible. Puños de Varas y balón que llegó a Gaspar, que machacó y el sevillano respondió bajo palos. Después, el guante de Rubén Alcaraz. 2-1. Oltra tiró de Ramos para fijar a los centrales y soltar a Joselu, pero a cambio retiró a Peña y la medular flojeó. Machís intervino para que Joselu disfrutara pero su tiro dio en el rostro de René. Tampoco Ramos pudo remachar la acción. Machís, fundido, pidió la sustitución, y saltó Puertas, almeriense, pitado por sus paisanos.

Nauzet sembró el terror con una falta lateral que Motta envió al travesaño y Oltra buscó cerrar el embudo, quitando a Espinosa por Quini. Este se fue al lateral diestro y Víctor Díaz se puso de tapón en la media. La victoria no parecía peligrar hasta que Morcillo se aprovechó del despiste general en el 90. Quedaron minutos para la heroica. Kunde sirvió a la desesperada, Ramos se anticipó a Morcillo, Puertas peinó el balón y Pedro declaró el optimismo. La bala le silbó a otro. Un juego de locura. La ruleta rusa y el fútbol.