El Granada aprende a vivir sin Machís

Crónica en IDEAL del Granada 2 – Sporting 1

El Granada aprendió a vivir sin Machís en una noche inesperada, en la que sí había salido al campo. Sintió pronto un picotazo en el muslo y hasta el más abrigado seguidor notó la rasca muy adentro, la alarma retumbando, el corazón palpitante ante la cara de angustia de la estrella, que caía temprano como un cometa. Un problema descomunal a los diez minutos. Los precedentes sin él, terribles. Nadie intuía cómo se podía salir del atolladero sin su velocidad ante un rival que venía crecido con nuevo estratega. Pero el Granada, tras asimilarlo, superó su dependencia y se repuso hasta asentarse, con más confianza de la esperada. Dominó lo suficiente aunque los goles nacieran de la confusión. Uno, de penalti a Espinosa que arrojó alguna duda. Otro, de un córner que peinó Víctor Díaz pero que encajó Álex Pérez.

Michael Santos dejó el único gesto de vida en el ataque del Sporting en el minuto 92, en esos añadidos inquietos en Los Cármenes. No hubo más señales asturianas, en una situación decepcionante. A falta de Machís, el Granada intercambió su rapidez por una circulación cada vez más fluida, gracias a una reunión de muchos jugadores con alma creativa. Sergio Peña, en el enganche, fue el epicentro de un coro en el que participaron Espinosa, Kunde y Montoro, con varios agregados. Juego coral, de asociación, que encontró su refrendo en la segunda parte.

Oltra frotó la lámpara y liberó a Peña. La sutileza del peruano obnubila. En pocos minutos, ya había hecho un caño, dado un pase largo con el exterior y forzado una falta en la frontal. Todo lo que hace es con suma delicadeza. Pedro hizo rodar la pelota tras la infracción, Montoro la pisó y Kunde lo reventó ante Mariño, que blocó bien colocado.

Se agazapó el Sporting, con dos líneas de cuatro algo contemplativas y Scepovic y Santos arriba, incapaces ante los soberbios Chico Flores y Saunier. Era un Granada convincente que evitó rifar el balón siempre que pudo pero que sintió un golpe en su sistema nervioso tras el percance de Machís. El técnico había ignorado a Puertas y Licá y en la convocatoria, así que no tenía extremos disponibles. Lo remedió acostando en la zurda a Espinosa. Le costó calentarse, su relación con el gol es siempre conflictiva pero de su zigzag empezaron a brotar caramelos. Uno de ellos, el que endulzó la noche.

Los nazaríes tardaron en encontrar profundidad. Álex Martínez intentó poner centros pero ninguno llegó a Joselu en condiciones. Tenían que cambiar de plan y lo fueron interpretando. Tras alguna escaramuza que terminó derramada, Peña reclamó protagonismo e inició un gobierno de los acontecimientos. A ratos era con Kunde, con ganas de correr, y en otras era con Espinosa, al que le cuesta más ver puerta. Le sentó fenomenal el descanso.

El Sporting solo se escapó de la guardia de los centrales locales en una estampida por la derecha que ni remató Scepovic ni completó Santos con un chut cruzado. Meros hechos sueltos ante un Granada que lo volvió a intentar con una falta de Montoro, con un trallazo de Peña tras exquisita ruleta previa y con una dejada de Espinosa de espuela, que no detectó Joselu.

Espinosa, con cuerda
Al talaverano le dieron cuerda en el reposo. De un eslalon suyo pudo surgir una pena máxima antes. Abusó del esférico y los contrarios supieron rozar lo justo la bola para que no acertara a disparar. Pedro no se olvidó del delantero centro y facilitó un envío a Joselu, que cabeceó mal. No terminaban de cuajar en ataque y el Sporting coló a Moi Gómez, un mediapunta, para arañar posesión. Oltra, ya alterado, llamó a Adrián Ramos, pero congeló el cambio de pronto. Lo hizo tras la carrera de Espinosa con Juan Rodríguez que se transformó en una pena máxima con la que Joselu no perdonó.

El Granada continuó a lo suyo, acariciando ocasiones no convertidas, con Espinosa revoltoso y Chico Flores queriendo desplegar las alas en un córner. El Sporting hizo cambios sin molestar mucho a Varas y Ramos al final tuvo su pasaje. Provocó el córner del que llegó el 2-0 al menos. El tanto honroso de los gijoneses no estropeó nada. Las vacaciones llegan para un equipo robusto en casa incluso ante las adversidades. Un consuelo para el tiempo de baja de su mejor futbolista, al que al menos por una noche no le añoraron. Habrá que ver fuera.

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