Psicosis como visitante para un Granada en caída

Crónica publicada en IDEAL del Albacete 2 – Granada 1

Los rivales directos levitan y el Granada se volvió a desmenuzar como forastero. Esta vez ante el Albacete, que le valió con aplicarse con fuerza y soltar dos navajazos certeros en el callejón. El ascenso directo queda a ocho puntos; la promoción, a dos. Expulsado del coro de privilegiados, los rojiblancos se lamen las heridas tras sendas salidas en este arranque del año que le han dejado boqueando y en la lona. Los síntomas, los mismos de siempre. Un equipo que toca mucho en el páramo central pero que tiene desconexiones groseras atrás y una tensión agobiante en vanguardia que corrompe toda su producción.

Con sus dos tiros a meta, los manchegos se llevaron los puntos. El primer gol, de chiste, tras una montonera de rebotes que culminó Dani Rodríguez con la puntera. El exquisito lanzamiento de falta de Álex Martínez parecía amortiguar al bravío cuadro de Enrique Martín, pero le sucedió otro despiste fatal en nada. En una falta similar a la de Cádiz, aunque desde el perfil contrario, la zaga rojiblanca volvió a hacer aguas. Después, el guion habitual: las intentonas infructuosas, la crisis de ansiedad y la genuina impotencia para culminar en diana una sucesión de llegadas agitadas y con precipitación, pero suficientes para cualquiera, menos para los nazaríes.

Retumba la alarma en el granadinismo ante la psicosis de su equipo a domicilio. Una trayectoria que aleja sin remedio del objetivo capital de la temporada, que es acabar en Primera división. Desfigurado con respecto a Los Cármenes, huérfano sin Machís, al conjunto le han convertido tres goles en los últimos dos encuentros en apenas cuatro aproximaciones. El Cádiz tuvo un par y materializó una. El Albacete celebró todo lo que fue entre los palos. El motor se gripa al salir de la sombra de la Alhambra. Hasta a aquel soporífero punto en Reus habrá que concederle su valía en vista de semejante trayectoria de visitante, aderezada por tres derrotas en los cuatro últimos desplazamientos. No hay victorias desde el 21 de octubre. Unos registros para acabar en el diván.
El Granada domina mucho el balón, como suele, pero donde no afecta al contrario. Es un gobierno decorativo, que luce la elegancia de muchos de sus componentes, inútil si no supone mejoría en las áreas. La Segunda división es así, está plagada de contrincantes pasivos que renuncian a posesiones largas y que cuidan el detalle allí donde se decide el signo de los partidos. El mando es inservible si se consienten tales ventajas, si no se pugna con la misma tenacidad que el de enfrente en el sector crítico.
No se puede crecer sin preservar el marco propio y el Granada se ha acostumbrado a encajar como quien desayuna. Esto somete al grupo a un estrés tremendo, de búsqueda constante de la remontada, que merma las ideas y dispara la ansiedad. Nada aparece en la segunda unidad para voltear el asunto. Nadie es tan malo como se vislumbra seguramente, aunque falten recursos para dar profundidad por fuera y más desmarques de ruptura. Ante todo, mentalidad, calma para no precipitarse y concentración para que no les desvalijen. El bloqueo momentáneo del mercado tampoco ha permitido agregar ideas nuevas desde el exterior.

Los nazaríes se han convertido en su peor enemigo. Vulnerables cuando les agitan, Oltra no encuentra la manera de calmar los ánimos y que se aposente la personalidad que el Granada sí ha exhibido en bastantes tramos de los aseados partidos en su feudo. Vale que Machís desquicia a los enemigos y tiene una aportación sublime que se añora en su ausencia, pero hay algo más que no pasa en el verde del Zaidín. Torpezas y desatinos insoportables para un aspirante a subir.

Aunque hubo llegadas en tropel en torno a Tomeu Nadal, solo dos obligaron a gestos del portero. Cada acercamiento se derramó en tiros y lanzamientos desviados. Empezaron las incursiones desde la banda derecha en el primer acto. Sirvió Víctor Díaz con frecuencia pero ni Pedro, en un giro, ni Rey Manaj, en un chut que sacó el esférico del campo, pudieron alterar la quietud inicial. El albanés resultó la gran sorpresa de la alineación y confirmó sensaciones: es un chico aplicado y voluntarioso pero le falta mucha precisión, lo que marca la carrera de los de su estirpe.

Baena, con fiebre
Alberto Martín oxigenó el centro del campo, aunque lo previsto era que actuara Baena, en el banquillo por una repentina fiebre con la que amaneció. Al lado de Martín se acopló Kunde, menos claro que otras veces, agobiado ante la falta de salida. Solo Peña parecía mantener su evolución, con destellos técnicos pero sin alardes en ataque. Surtidor natural de pases, Espinosa no penetró apenas por la zurda. Es un elemento incómodo ahí. Tampoco Pedro anduvo acertado. Demasiados futbolistas reclamaron el pase al pie, por detrás de la pelota, agravando el engrudo, con poco despliegue.

Con pelotazos hacia adelante y carreras de sus puntas, muy robustos, al Albacete le bastaba para atosigar. En uno de los muchos balones catapultados, ni Chico Flores ni ninguno de sus compañeros supieron remediar una suerte de rechaces que toleraron el gol local. Fútbol sin preámbulos de los manchegos, en los que ponía el temple Susaeta, como mostraría en la falta botada en la segunda parte.

El libre directo de Álex Martínez, maravilloso, quedó en anécdota ante la estrategia posterior de los de Martín. Marcajes vulgares que admitieron que Aridane, un bigardo, se colgara para cabecear. Ni dos minutos duró la alegría de equilibrar al Granada, condenado a remar a contracorriente. Se abrió un periodo de convulsión y esterilidad. Rey Manaj erró con la espada cuando parecía más difícil echarla fuera. Apareció Ramos por Espinosa para instaurar el 4-4-2. El colombiano aumentó su actividad con respecto a otras citas. Ya se ofrece con algo más de frescura. Pudo empatar en la prolongación pero se contagió de la falta de tino.

Nadie superaba a su par en el uno contra uno y eso suponía una rémora. Muchas intentonas que morían, secas. Apareció Joselu, luego Puertas y se multiplicaron los envíos al área. Lo pudo conseguir Pedro, en un escorzo, pero tampoco. Pirotecnia que no asustó al Albacete, para un Granada que vuelve el viernes a su castillo en los huesos tras sus aventuras. Muchos modales con el balón pero demasiada ingenuidad ante tanto oponente de piel dura y mala leche. Fútbol sin colmillos.