Como en casa, en ningún sitio

Crónica en IDEAL del Granada 2 – Zaragoza 1

No hay adversidad inasumible para el Granada en su estadio. Volvió a ganar en su retorno para abrir el telón de la jornada como tercero, no sin sufrimiento. Remontó un tanto inicial del Zaragoza, de nuevo a balón parado, a lomos de un espléndido Adrián Ramos, en su primera titularidad en casa desde finales de septiembre. Culminó la reacción con un hilado magnífico que rubricó Álex Martínez antes del descanso. Fue un primer tiempo intenso y feliz, pero la segunda mitad se angustió. Los maños asumieron el gobierno absolutista, los rojiblancos se desordenaron para el robo y acabaron muy replegados, bajo asfixia. El fortín nazarí soportó los golpes y los puntos se quedaron en tierra. La debacle de enero se frenó en seco.
Los nervios atenazaron por momentos a los de Oltra, que fue un reflejo de la inestabilidad. No paró de dar instrucciones y hacer aspavientos con el fin de transmitir una calma a sus hombres que sólo apareció a ratos. La carga de las dos derrotas seguidas como forasteros se evidenció. También el influjo de un Zaragoza que se movió fenomenal entre líneas y que dio buen trato al esférico, aunque le faltara toda la pólvora en ausencia de su goleador Borja Iglesias.

Tras semanas de preparación y algún ramalazo interesante en Albacete, Adrián Ramos encontró la titularidad y pronto recalcó que es un futbolista extraordinario si las lesiones le respetan. En el primer pase largo que le llovió, montó un estropicio en la zaga aragonesa. Peña le vio salir disparado y prolongó desde la frontal del área. Ramos, más ligero, con la frescura de una mejor forma, salió despedido y se zafó del central cuerpeando, pero en la acometida se quedó sin apenas ángulo. Chutó cruzado y dio en el poste.

De pronto evocó las maneras que provocaron admiración en algunos pasajes de su estancia en Primera el curso pasado. Quedaba por concretar si lo ocurrido, al minuto de encuentro, sería una anécdota. Su desarrollo despejó dudas. Mejoró cada contacto y avivó la fluidez.

Otro gol a balón parado
Se cernía tormenta sobre el Zaragoza, al que le costó guarecerse en varios córners seguidos. Saunier y Chico Flores se incorporaron al remate y a punto estuvieron de anotar ambos. El gaditano es firme en la disputa y amenazante cuando sube a cabecear, pero anda dubitativo en las marcas, sobre todo cuando proceden de la estrategia. Pasó en Cádiz, en Albacete y otra vez anoche. Los blanquillos colgaron un esférico templado hacia la posición de Grippo, que se desembarazó del central gaditano y apuntilló a Varas. Carambola y signo negro a los once minutos.

La situación no colapsó al Granada. Optimista por naturaleza ante su público, cogió las riendas y equilibró los acontecimientos con un envío desde la derecha de Víctor Díaz que Adrián Ramos convirtió en oro con un salto imperial, abusando de Grippo, el autor de la primera diana. Los problemas continuaron a balón parado. En otra combinación de laboratorio de los visitantes, Javi Ros casi enmudece al respetable. Varas tuvo luego que lucirse ante un lanzamiento de Papu, a pase del capitán Zapater.

A los nazaríes se les ahogaba la salida con un Machís sin chispa, atemorizado por su reciente lesión. Una versión lenta y sin pulso del venezolano, de la que seguramente saldrá en breve. Esta anormalidad inclinó los avances hacia la derecha, con protagonismo para Pedro, aunque con resoluciones muy cuestionables. Está fatal. Arrebató un balón en un salida maña pero se lo comió entero, sin dar opción a los compañeros que le seguían al galope.

Abundaron las imprecisiones en el centro del campo, sangrantes tras el reposo. Sólo Alberto Martín ponía algo de temple. Kunde se distrajo en algunos movimientos y Sergio Peña se pasó de impulso en más de una combinación. Las llamadas a la calma de Oltra surtieron efecto. En una subida con hasta diez pases consecutivos, Víctor Díaz combó un centro que desvió la zaga aragonesa hacia el lugar por el que atendía Álex Martínez. El sevillano le ha cogido el gusto a la diana y si en el Carlos Belmonte se exhibió de falta, ayer restalló el látigo. Cristian se tiró bien pero se le escabulló el chut.
Quedaron algo más de diez minutos hasta el entreacto y el mejor fútbol apareció. La precisión se afinaba cuando el esférico pasó por Ramos, aunque el Zaragoza seguía alerta, como demostró Pombo con un zapatazo lateral. Parecía que los maños se podrían diluir con el paso del tiempo, ante un Granada aparentemente sólido. Todo se fue alterando en la segunda mitad, pese a algún intento aislado de Sergio Peña.

El rombo en la medular de los visitantes, que siempre trataron de salir en corto desde atrás, ponía en algún aprieto a los locales, más tendentes a responder al contragolpe. Se ponían en manos de la rapidez, personificada en Machís, pero la MotoGP del conjunto bajó de cilindrada. Ramos le filtró un inmejorable pase interior para la carrera del ‘vinotinto’ pero llegó sin confianza. Ni enseñó su violento disparo ni su habilidoso regate en el duelo con Cristian Álvarez.

Tras otra opción fugaz de Kunde, se aposentó el Zaragoza, que dio un primer aviso en las botas de Febas, tras abrir mucho el campo con su composición armónica. Aún quedó una salida para Machís, pero la solventó con un tiro alto. Se confirmaba que no tenía el día y creció el dominio ajeno.

Pitada en la segunda mitad
El respetable, pese al marcador favorable, comenzó a silbar con ímpetu. Nadie captaba la matrícula de los rivales, por lo que Oltra extendió un plan de seguridad. Apareció Baena por Machís, con lo que Peña se fue a la izquierda. Un doble pivote severo, con el malagueño y Alberto Martín, con Kunde por delante, para radicar un dique protector que soportara la marejada.

El Zaragoza siguió a lo suyo. Acariciando la bola con tiento pero sin llegar a Varas. Ningún cambio de Natxo González le afiló la vanguardia, mientras que Oltra se guareció con tres centrales, acercando a Víctor Díaz, y dejando los carriles para Quini y Álex Martínez, más dos ‘pitbulls’ por delante. Lo que parecía una fórmula conservadora toleró algún acercamiento sorpresivo, en el que Quini se involucró mucho en las llegadas, con Pedro metido por dentro. El ex del Zaragoza, a menos, se pudo lucir en una falta pasada.

El público quería a Joselu y Oltra lo introdujo a pelear con el resto, hostigando al contrario. En la prolongación, Ramos pudo salir a hombros en otra maniobra con recorte y tiro de zurda, que de nuevo dio en el palo. La victoria se quedó y el cafetero sacó parte de su repertorio a la luz. Sus fundamentos no admiten dudas a poco que no tenga percances físicos. El Granada le necesitaba. Como jugar en casa, toda una bendición.