Los mismos cuchillos romos en la maleta

Crónica en IDEAL del Barcelona B 3 – Granada 0

Es tan deprimente este Granada viajero que hasta los niños se burlan de él. Se las arregló el Barça B con una asombrosa contundencia, renegando del clero azulgrana. Sobó menos la pelota pero tendió a lo práctico. Un latigazo lejano, el balón parado y un contragolpe casi al final para marcar tres goles, sin entremeses ni rondos eternos. Bajo la coartada de la posesión, los rojiblancos trataron de ocultar una vez más males groseros en las dos orillas, en las que se vulgarizan. Poco hay que objetar si una luminaria como Aleñá saca un conejo de la chistera al cuarto de hora, en medio de una emergente actuación nazarí, aunque pudieran replegar algo mejor ante el pequeño genio. El problema estuvo en todo lo de después.

En cuanto cede la guardia, surgen las dudas y aparecen los tembleques. El esférico se escabulle cuando demanda más criterio en los últimos metros, la profundidad de los futbolistas importantes y la ruptura en el duelo ante los adversarios, cómodos si todos los asaltos llegan llovidos, sin fuerza. La estrategia ajena volvió a dar la lata. El cuarto garabato seguido en la pizarra es para ponerlos a todos mirando a la pared. Los cuchillos siguen romos en la maleta. Ni cortan ni se clavan con el plan A, el tradicional, ni los afila el B, el de los delanteros a rienda suelta. Quizás toque descubrir el C.

Unas cataratas, del tamaño de las del Niágara, brotan siempre en la frontal del área contraria, por las que se precipita cada llegada. Ese torrente aparece siempre. Tanto vaivén para un solo tiro entre los palos. Alcanzar la aduana y no tener dinero para el peaje. La afición asiste cabreada a una dinámica que corrompe su sueño de ascenso, una quimera a día de hoy por la vía rápida, ya veremos con el entuerto de las eliminatorias. Oltra muta en Bill Murray por momentos. La marmota es un espectador habitual de las desventuras en cada salida. Su escuadra sobrevive atrapada en un bucle cada vez que abandona la tierra, que torna en libro terrorífico propio de Stephen King. Cada vez más previsible y cargante. Siete desplazamientos sin ganar dan para una película.

Lealtad a los suyos
El entrenador guardó lealtad a los soldados que le llevaron a romper ante el Zaragoza el ciclo de dos derrotas seguidas pero en Los Cármenes pasan cosas menos truculentas. Allí se reacciona al dolor, el pulso se aviva, la hinchada sopla a favor y alecciona las correcciones para el que se despista. Fuera llega el desastre aislado que lleva al fallo multiorgánico. Nadie achicó ante la opción de tiro del mejor futbolista del enemigo. Es algo que puede ocurrir. Peor fue que las marcas volvieran a flojear en una intentona de córner. Es para revisar el vídeo hasta que el rostro enrojezca. Las alternativas se diluyen. Algo más hace falta en el banquillo. Bien moral o fichajes.

El Granada se topó con un filial versátil, menos obstinado en la sinfonía del toque, sin tapujos para abordar por alto, en busca de Choco Lozano. Los rojiblancos esperaron sin aturullar con la presión, dejando unos primeros pasos para que luego los azulgranas la rifaran. Mantenían el orden los nazaríes aunque seguido de cierta parsimonia, como si pretendieran que el partido madurara entre caricias. El equipo tuvo muchas apuestas desde la esquina pero ninguna salió a meta. Quizás el trabajo se ha intensificado tanto en contener estrategias que en aprovecharlas, ante la sangría reciente. De poco sirvió. El conjunto de Gerard parecía armarse en el 4-3-3 genuino, pero se dibujó con dos puntas, Lozano y Aleñá, la perla de la cantera, descolgado en esos espacios donde las figuras hacen carrera.

El Granada se acostó hacia la derecha, pues Machís sigue sin reprís. Víctor Díaz concedió el primer servicio para que Ramos rematara pero David Costa se opuso en la última décima de segundo. La inclinación tendía hacia la portería de Ortolá, hasta que a Aleñá le apeteció dejar anodadados a los cazatalentos presentes en el Miniestadi. Se deshizo con suma facilidad del seguimiento de Machís y divisó la meta desde unos 20 metros. La retaguardia aguardaba a una filtración, no al balazo preciso. Su zurda imprimió violencia al esférico y Varas asistió a la carambola. Rebote en su poste y para la red. Un lanzamiento abrumador nacido de cierta pasividad para acortarle el hueco. Se abrió la veda.

Llegaron intentonas siempre fútiles, como las del siempre voluntarioso Kunde, probando el disparo. Una veces se topó con un defensa, otras simplemente pateó hacia las nubes. Los centros cruzaron a Ortolá pero Ramos desvió mal todos los cabezazos. Al colombiano le activaron menos y acabó en el barro, como el resto.
El Granada agudizó la presión, interceptó varias salidas culés pero construyó su fútbol entre alaridos. Tras mucho centro inocuo, llegó el mejor disparo a meta. Machís caracoleó por la izquierda, conectó con Peña, el único con mirada panorámica, y observó la llegada de Alberto Martín, que chutó no muy duro y demasiado centrado.

Méritos sin hechos
Los méritos caían en la cesta rojiblanca pero el fútbol entiende sólo de hechos consumados y de esfuerzos continuos.

El equipo arrancó parecido el segundo tiempo pero fracasó cuando quiso inquietar a Ortolá. A partir de entonces, el Barça se asomó con el esférico detenido. Ya en una falta esquinada pudieron encender la traca si Aleñá llega a afinar su chut en el rechazo. Lo que vendría después, en el segundo córner que botaron en el encuentro, delata la crisis del Granada cuando se hospeda. Un saque de esquina de Carles Pérez al primer palo. Abel Ruiz que lo peina y Víctor Díaz que despeja hacia su red. Varas vuela y repele sobre la línea, quizás ya dentro, pero Miranda está listo para remachar entre adultos. 2-0 y la naranja totalmente exprimida.

Oltra ya tenía listo a Joselu e incurrió en su también clásico giro hacia el 4-4-2. Prescindió de Alberto Martín y llegó el desmadre habitual, en el que se acrecienta la ansiedad, se multiplican las apariciones en el sector contrario pero todas acaban en paradero desconocido.

Sin otro argumento que la heroica, el Granada se fue lamentando y Gerard López aprovechó para potenciar otro registro en sus muchachos. Las respuestas veloces se desencadenaron y, tras una advertencia de Carles Pérez, llegó la carrera que definió Marc Cardona.

El último cartucho colocó a Rey Manaj por Machís, por puntas que no sea. Otra cosa es que luego dañen. Enero ha deparado tres derrotas en las excursiones. Siete encuentros seguidos sin ganar con la mochila a cuestas. Sólo dos goles en esta travesía mareante. Los números empañan la trayectoria y reclaman un exorcismo. En los saltos del Granada siguen sucediendo demasiadas cosas, mucha exposición. Algo pasa y ni siquiera Oltra sabe el qué.