Opiniones sobrevaloradas

Opinar está sobrevalorado. La gente no quiere que opines. Quiere que le digas lo que va a pasar. Para eso no hay que ser analista sino futurólogo. Prefiero informar. Alguien lo tiene que hacer. Te mojas menos, te llamarán cobardica, pero implica más esfuerzo. Trabajar. Algo más firme siempre y cuando tengas atado lo que digas. Reconforta adelantarlo, por qué negarlo. Para ustedes dejo la mayoría de conclusiones. Son libres de mantener una línea o pasarse de frenada. Hoy soltaré alguna valoración, ya que desempolvo el blog. Permítanme el pecado, aunque me salga al arcén.

Me preguntan por Miguel Ángel Portugal. No puedo decir mucho. Hace un tiempo que abandonó la llamada rueda competitiva. El círculo de entrenadores que suenan cada vez que se queda vacante un banquillo. Un círculo a veces vicioso. Estar fuera de él no implica mediocridad. A veces significa que se carece del punto mediático que satisface en los púlpitos nacionales.

Dicen que es un teórico porque ha escrito libros y dado conferencias, pero así hay muchos que viven del cuento. Que en su momento álgido se hablaba de él como un profeta del buen juego. Todo esto decora el currículo. Su trabajo se verá sobre el césped. El beneficio de la duda que merecen todos.

Alguien que ha sido futbolista, director deportivo, secretario técnico (en el Real Madrid) y entrenador cuenta con experiencia de sobra. Otra cosa es que esto sea garantía de éxito. El exitismo es lo que importa realmente al aficionado, no sus gustos futbolísticos. Todo rápido, a corto plazo, sin tiempo para asentar algo coherente, con poca paciencia ante los accidentes e infortunios, que los hay siempre. A esto aboca la precipitación y las prisas.

A alguno le llama la atención su procedencia. Que estuviera funcionando en el fútbol indio. Es un campeonato menor pero álgido en lo económico. No al nivel de China, pero con mucho viejo rockero por allí (Emaná, Miku…) Un lugar en el que picar piedra mientras se observa el fútbol patrio desde la distancia. No es el primer emigrante. El primer candidato de Salvador al banquillo en verano, Luis García, está en China. Jose González andaba por allí hasta que lo destituyeron y después le llamó el Málaga. Mejor estar entrenando que no en casa, como muchos de los nombres que sí han saltado en las lista tuiteras de las últimas semanas. Elecciones limitadas al vago conocimiento que se pueda tener del mercado. El nombre famoso del que no saben ni cómo respira pero que sí suena más.

No sé si triunfará en el Granada. No puedo decir otra cosa. Lo contrario sería tirarse a la piscina sin agua, actuar bajo prejuicio, sin observación real. Tampoco tengo referencias recientes sobre cómo ha modulado su estilo, que era de proponer más que de reaccionar en su día. Tiene un discurso estructurado y eso ya gustará a la gente que criticaba, por la debilidad de sus parlamentos públicos, a Morilla. Pero los jueces implacables son los resultados. Ante eso caben mil alegaciones, pero los marcadores no pueden recurrirse.

Parece una empresa complicada. También lo era con Sandoval, aquella vez que Pina dijo, en su presentación, que era “imposible que descendiera el Granada”. Se tomó como un golpe de prepotencia del murciano, insinuándose en el ambiente externo que tenía las cartas marcadas. El equipo se salvó, el milagro se obró. A Pina le han encontrado muchas cosas de sus trasiegos económicos, pero ninguna probada de momento sobre amaños y tejemanejes de partidos, por más que alguno dijera que atufaba a fraude. Su ‘baraka’ queda para el recuerdo.

Nadie saldrá con una alharaca así en la próxima presentación. No hay quien se atreva. Da la impresión de que la era china tiene el gafe encima. Que ningún giro, ni lógico ni extravagante, trae la paz al ambiente. Quedan cinco partidos y bastantes días para preparar el partido ante el líder de la Liga, el Rayo. No hay mucho espacio para grandes cambios tácticos, ni para el intercambio de piezas. Estos son los futbolistas que tienen que meter en promoción al Granada. Con sus piernas y con su cabeza, que esperemos despejada. El modelo ya lo veremos pero la actitud tendría que ser innegociable. Esa que, pese al resultado, demostraron bajo el diluvio en Huesca durante la segunda parte. A buenas horas, terciará alguien. Aún no es tarde, replicará un optimista.

El aficionado no asimila que lo que tenía que ser un año tranquilo se haya convertido en un polvorín, aunque en el contexto histórico del club sigue siendo una posición privilegiada. Estar en Segunda aspirando a subir es un lujo teniendo en cuenta lo que hubo durante décadas recientes, pese a que la cosa se ha complicado mucho. Es mejor que medrar por Segunda B o languidecer en Tercera, que abarca un tramo amplísimo en los anales del equipo. Pero el presente es el presente, se venía de Primera y todo se imaginaban gallos, no pollitos. Es una decepción, aunque no el Apocalipsis, mientras no haya graves consecuencias económicas, si bien quedarse en la categoría implica volar raso, con un presupuesto normal.

Ahora todo está en manos de los que salen de corto, más allá de debates. Unos pedían cambio de portero, pero ninguno sale reconociendo su apuesta después de que Rui Silva se tragara el primer tanto oscense. Cosas que pasan, porque lo demás lo resolvió fenomenal. Sigue teniendo enormes condiciones.

Otros reclamaban contribución de los que estaban en la grada con Oltra, pero luego han salido y han mejorado poco o nada el nivel. Oltra tendría sus errores, gustaría más o menos su visión, pero tonto no parecía y no elegía por mero capricho.

Se coreaba el nombre de un delantero, menudo y voluntarioso, pero los tantos últimamente los mete el otro, el rico que se quería ir, al que las lesiones han machacado, coge el ritmo con mucha lentitud y se ha convertido, hay que decirlo, en una operación costosa para las arcas, pero no para las nazaríes, sino para las del Chongqing Lifan. Lo de Ramos no imputa apenas al Granada y no se le suele sumar al esfuerzo inversor de John Jiang, y también lo es. Más los 37 millones que le dio a Pozzo por una carcasa con muchas hipotecas de los fondos de inversión. Lo barato sale caro y lo caro, carísimo.

Hablar es fácil y opinar sale gratis, al periodista y al peluquero. Suele pasar en mi gremio que quien más se pronuncia, el que lo hace con más frecuencia, suele ser el menos documentado. Siempre me dijeron que los que más sabían eran prudentes. Al menos, calmar el juicio te sirve para disimular el miedo al error. Es mi caso. Me da pánico el gambazo. Otras simplemente me muerdo la lengua.

Opinar está al alcance de cualquiera, pero decidir es complicado y solucionar, ni les cuento. Quien va conociendo el fútbol, quien intenta dar un paso más allá, suele llegar a la conclusión de que el escepticismo es lo mejor en cualquier circunstancia. Dudar de todo, alejarse de certezas, conformar un parecer pero sin denigrar el de los demás, porque esto es muy aleatorio y hay espacio para cualquier desenlace. Porque este deporte hoy parece una cosa, el desastre, y mañana con una mera pieza que encaje parece un puzle acabado, perfecto. La vida es cuestión de detalles.

Suerte al que coge las riendas y ánimo a los sufridores de la grada, que tras el enfado que se les acumula terminarán por ir el lunes a ese lugar maravilloso que a veces se transforma en un potro de tortura que se llama Nuevo Los Cármenes.