La victoria siempre es terapéutica pero la de esta semana para el Granada tiene múltiples lecturas positivas. El recorte en la clasificación es el dato objetivo que alimenta la esperanza del primer puesto para los rojiblancos, pendientes de no fastidiarla en las próximas semanas para llegar al decisivo choque con el Melilla en Los Cármenes a tiro de piedra. Pero el triunfo rehabilitó a dos futbolistas que necesitaban una actuación decente para acallar críticas e involucrarse en esta recta final y decisiva para el equipo. A su manera, Ighalo y Óscar Pérez no habían rozado las posibilidades de juego que se les presuponían. Ayer ambos empezaron a mostrarse no sólo vistosos, sino sobre todo implicados.
Ighalo apuntaba maneras desde su irrupción. Tenía todo lo que se le puede pedir a un delantero. En el campo del Jerez, donde debutó, desplegó gestos para creer en una evolución portentosa. Pero antes que jugador es persona y nadie en su piel habría tenido la cabeza en su sitio para abstraerse de los múltiples avatares que ha vivido desde entonces y así centrarse en su oficio. A Ighalo sólo se le puede echar en cara que todavía se le nubla la vista ante la red. Caía con prontitud en la ansiedad del delantero con ganas de gol pero con el horizonte difuso. Es, salvando las diferencias, el trago que también le tocó sufrir a Higuaín en el Madrid, con la diferencia de que a Ighalo se le ha exigido rendimiento de estrella, cuando no deja de ser un chaval de veintitantos con todo el fútbol aún por delante. Cuando algunos lo crucificaban de antemano, ayer dio muestras de su valía. No sólo cuentan sus goles. También, su capacidad de presión y el modo de acompañar las jugadas. Es un delantero que crea peligro por sí mismo. No es poco.
A medida que crece su figura, brota un estilo diferente en el Granada. No se vio ningún balón en largo, tal vez por dos motivos, que son compatibles. La ausencia de Amaya y la disposición del entrenador, que abogó por otra propuesta menos directa. Eso tuvo consecuencias en la boya del Granada. Tariq apenas apareció en escena y cuando lo hizo, prácticamente estorbó la salida de balón. En un equipo que se decida por construir el fútbol con pases rasos, Tariq se hace una rémora por su técnica deficiente. Ahora bien, como especialista en aclarados no tiene precio. Los goles de Ighalo llegaron precedidos de movimientos de arrastre de Tariq, que fueron fundamentales para abrir espacios. Quizás sea su nuevo rol. Alivar la tarea para que el nigeriano se luzca. Observaremos si se consolida el cambio y asimila transformarse en segundo espada de alguna manera.
Óscar Pérez fue otro de los rehabilitados, aunque no tanto por su primera parte. Actuó en zona cómoda, sin adentrarse en el mar de piernas que formó el Ciudad, con pases rutinarios, de lado a lado, sin causar daño alguno. Quizás le hacían falta algunos pases protocolarios para coger confianza. Después mejoró su presencia con alguna idea de mérito, aunque sigue algo atolondrado a la hora de defender (su amarilla fue innecesaria) y mantiene esa timidez que escama en un mediocentro, pues en su puesto hay que ser más comunicativo. Lo malo es que no viaja a Sangonera, pero hasta le puede ir bien. Este futbolista puede llegar a ser importante, pero sobre todo luce en Los Cármenes. Si se confirma la lesión de Granada, su protagonismo aumenta y es bueno que abandone ese gesto apático que tanto decepciona.
Tetteh es una noticia interesante. Jugó poco, con el partido definido, pero mantuvo mucho criterio y tranquilidad. Atreverse a lanzar dos veces a puerta en el día de tu debut, en un estadio considerable con tres cuartos de entrada, denota arrojo a espuertas. A la fortaleza aparente se le une que tiene tacto en el pie. No debemos precipitarnos, pero apunta maneras. Eso es bueno, visto el déficit de luz en el centro del campo rojiblanco. Con Kitoko en proceso adaptativo, el resurgir de Óscar Pérez y el descubrimiento de Tetteh promete variantes en la recta final de la Liga.
Pero por muchas apariciones que surgan, hay un futbolista modesto que es ahora mismo titularísimo. Se trata de Lucena, que ha conquistado hasta el corazón del presidente con sus maneras. De pivote defensivo o de central, Lucena es ahora mismo un valladar indiscutible. Tiene una inteligencia táctica que compensa cualquier tara física. Ayer, actuando de central, llegó a aparecer en posición de remate en una jugada ofensiva del Granada. Se le ve a tope de forma y cómodo en su situación actual. Tiene un grado de madurez tan alto que le permite compensar cualquier defecto. No hay quien le tosa como uno de los once elegidos.
La portería sigue siendo una tecla delicada. Con José Juan se han ganado los tres últimos partidos, el gallego ha dejado alguna parada de mérito por el camino, pero inquieta en ciertos lances. Mide mal en las alturas y eso costó un gol en Águilas y un susto con el Ciudad. El ostracismo puede condicionar su ritmo de competición, por ahora no parece probable que pierda el sitio, pero tampoco se ha aferrado a los palos con la suficiente garantía para ignorar un posible regreso de Raúl. José Juan seguirá jugando, pero tendrá que elevar el listón.
El próximo partido cotejará la evolución de este Granada. Todo indica que Tomé volverá a la propuesta física similar a la de Águilas. Es probable que mantenga el 4-4-2, con Lucena y Cámara como garantes del centro del campo, regresando Amaya a la retaguardia. Kitoko huele a banquillo o grada, mientras que Tetteh podría ser premiado con una nueva entrada en la lista. Llamas será titular en el puesto de Rubén y tendrá que demostrar su fiabilidad sin esperar comparaciones, porque mejorar al cordobés es casi imposible. El partido de Sangonera será duro, pero por primera vez en semanas el Granada tendrá la opción de meter presión al Melilla, que actúa por la tarde. Olvídense del juego en tierras murcianas. Al Granada le toca ganar, con la estética en segundo plano.