Granada CF: Crédito agotado
Se dice que el gol se compra por los importantes sueldos que manejan los delanteros buenos pero algo tan valioso o más en el mercado es la visión de juego, la capacidad para guiar en el fútbol. Muchos son los que se reconocen como centrocampistas pero pocos los que adoptan una pose jerárquica en el terreno, detectando cuándo dar el pase, con qué frecuencia e intensidad. Abel Gómez es un claro ejemplo de ese tipo de futbolistas que empiezan a ser rara avis y que solo brotan con constancia en la Masía del Barcelona. Ayer Fabri le echó mucho de menos en la derrota ante el Girona, donde ninguno de sus mediocentros supo adoptar el papel de organizador nato.
Pero estos jugadores suelen ser algo frágiles, carentes del despliegue físico que pueden ofrecer otros compañeros, sin la capacidad de sacrificio y recuperación que exhiben otros hombres menos capacitados pero que reciben el respaldo de muchos entrenadores. Sin embargo, los técnicos sagaces saben valorar a estas figuras que galvanizan, y las protegen. Y las echan de menos cuando no están.
Ayer la figura de Abel Gómez campeó sobre Montilivi, ante la nula capacidad circulatoria del Granada, que cercenó su posibilidad de remontada cuando el Girona, ya con el regalo de Íñigo López en el casillero, se dedicó a contener y esperar seguir amargando con la velocidad como estilete. Nadie supo asumir el rol de estadista, por más que Mikel Rico, posiblemente el más destacado de entre los rojiblancos, se dejara los pulmones sobre la hierba, ocupando los espacios que desatendían sus aliados.
El Granada fue un espectro durante el primer acto. Un conjunto sin pulso ni transmisión, fruto en parte de la desidia de un Óscar Pérez que ha marrado su crédito como titular, hasta agotarlo. Nadie ha recibido tanto respaldo por parte de un Fabri que siempre ha tratado de darle ánimos con titularidades en momentos comprometidos y él ha respondido adoptando un preocupante halo de tristeza. Siempre es el primer cambio cuando actúa de la partida, casi en todas las ocasiones en el descanso o pocos minutos después de la reanudación. La comparación con Abel, pese a haber tenido también sus partidos malos, es durísima para el ovetense. Hoy por hoy, no hay color.
En similares circunstancias se encuentra un Carlos Calvo que ha visto truncada su resurrección en Tenerife. Por más que el madrileño trata de fajarse para compensar sus errores, jamás ha alcanzado el estatus que le confería su fichaje en condición de estrella el pasado verano. Calvo en la diestra apenas percute y no ha podido sacar a relucir su principal cualidad: el centro. También le va a costar sostenerse entre los designados por el entrenador, sobre todo cuando regrese Orellana, a partir del duelo ante el Rayo.
La gran ventaja para este Granada raquítico en Girona es que tiene una reválida muy pronto, el mismo sábado, ante un Salamanca pobre en el balance a domicilio pero que viene de conseguir su primer triunfo con Pepe Murcia este martes ante el Villarreal B. Para esta próxima cita volverá a Äbel, que tal vez no comparta tanta gloria como Geijo o Benítez pero cuya importancia para la geometría rojiblanca es capital.
