El 14 de noviembre se celebra en España una huelga general convocada por los principales sindicatos para protestar por las políticas de ajuste del Gobierno. En esta ocasión, y por primera vez en la Unión Europea, tendrá dimensión supranacional al coincidir con las que tendrán lugar en Portugal, Grecia, Chipre, Malta e Italia. Se puede decir que la huelga general del 14N será la primera huelga europea para exigir, no sólo a los gobiernos nacionales, sino también a las instituciones europeas, que sean más flexibles en sus políticas de ajustes presupuestarios.

 

A pesar del hito que supone unir a tantos europeos en una misma causa contra el liberalismo exacerbado que se está cebando con los más débiles y está destruyendo la clase media, mi postura ante la presente convocatoria es la de no secundar mi derecho a la huelga por los siguientes motivos:

 

1. Porque a diferencia de los sindicalistas, a mí me sale la broma por más de 60 euros. A ellos gratis y a costa de nuestros impuestos. Tampoco puedo hacer “fraude de huelga” como muchos funcionarios que consumen uno de sus días de asuntos propios para no perder dinero.

 

2. Porque no me siento representado por unos sindicalistas subvencionados hasta las cejas por el Gobierno, y que sólo se preocupan de defender a un colectivo de trabajadores, sin importarles realmente los problemas de autónomos, asalariados y parados, a los que utilizan como arma arrojadiza para justificar sus movilizaciones frente al Gobierno que les mantienen.

 

3. Porque tras la experiencia de once huelgas en la presente democracia, queda más que demostrado que de poco sirven salvo para perjudicar al ciudadano. El político y el sindicalista mañana seguirán con sus privilegios y prebendas.

 

4. Porque el momento de decir “basta ya” es en las urnas y apenas hace un año todos tuvimos esa gran oportunidad de cambiar las cosas. Si la gente votó por inercia o castigo, que no lo creo, que se atengan a las consecuencias presentes. Votar es una gran responsabilidad que muchos no saben valorar.

 

5. Porque me parece un modelo desfasado de protesta propio de la era industrial y no de la presente realidad tecnológica y social. Se consigue más con un “trending topics” o una concentración que parando a todo un país para fastidiarse a uno mismo, al prójimo y a España. A los hechos me remito con la última iniciativa que brotó de la redes sociales: Rodear el Congreso. No se paró el país y sin embargo la repercusión fue mundial.

 

Y no, no me gusta ni lo que hizo el PSOE, ni lo que hace el PP, ni a donde nos llevan las políticas ultraliberales de la Unión Europea, el FMI y lo que dicta la banca. Por eso voté en consecuencia y responsablemente, para evitar lo que ahora hay en España. Pero una cosa es lo que yo vote y opine, y otra cosa es lo que vota y opina la mayoría, a la que respeto y espero que respeten mañana mi derecho a trabajar.