Bodega Codorníu
Las empresas extremeñas de corcho tienen a las bodegas catalanas como sus principales clientes.

Son muchas las empresas radicadas en Cataluña que, ante la deriva secesionista de su gobierno, han decido cambiar de sede social y fiscal a otras regiones de España. El movimiento que, ante todo, busca el amparo de un marco regulatorio estable y dentro de la Unión Europea, se interpreta también como un gesto comercial para evitar el temido boicot de los clientes del resto de regiones de España. La marca ‘Catalunya’ se ha convertido desde el pasado 1-O en un problema para las empresas catalanas que operan en todo el territorio nacional, porque se sienten el blanco perfecto de la disconformidad de los clientes que no comulgan con las ideas independentistas del actual gobierno catalán. Ciudadanos que además, se sienten ofendidos por una campaña mediática que ha buscado la confrontación y exaltación de las posturas extremas para dividir y generar animadversión al resto de compatriotas catalanes.

Una de esas exaltaciones patrióticas que suele difundirse por mensajería y redes sociales, son las que están encaminadas a realizar boicot sobre los productos catalanes. Un gesto que con el que se pretende arruinar a las empresas catalanas y así provocar el colapso de la economía en Cataluña y la destrucción de empleo. Llevado al extremo este boicot, los catalanes no tendrían más remedio que claudicar y aceptar que sin el resto de España no son nada. Posiblemente sea así, ya que, por ejemplo, a su vecina Aragón exportan más que a Reino Unido y Alemania juntas, pero sin embargo pocos se han parado a pensar en las repercusiones económicas y sociales que este boicot tendría para toda España.

Boicotear a una empresa catalana es dar por hecho que ser catalán e independista es lo mismo, cuando no es así, dado que son muchos los catalanes que también se siente españoles. Según las últimas elecciones a la ‘Generalitat’, más de la mitad de la población. Una medida de este tipo supondría una traición a todos ellos que, de padecer directamente las consecuencias de este boicot, serían candidatos a unirse al victimismo del que se alimenta el secesionismo catalán. Por tanto, más que resolver un problema que apela a los sentimientos, lo que haría, sería empeorarlo.

Pero lo más grave de esta barbarie comercial lo acabarían pagando el resto de regiones españolas dada la elevadísima interrelación empresarial que existe entre las empresas catalanas y españolas. Si los españoles son los clientes preferenciales de las empresas catalanas, éstas son a su vez, los principales clientes de las empresas españolas. Así que se podría dar el caso de que un boicot a una empresa que prepara el famoso ‘Pan con tumaca’ para una cadena de restauración, acabara afectando a una cooperativa de Almería y a una almazara de Jaén. Y qué decir de las empresas extremeñas que venden su corcho a las bodegas de cava catalán. Ejemplos simples de como un boicot absurdo puede derivar en un perjuicio para todos.


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