Bicicleta vandalizada
Arrojada al río Genil. / FERMÍN RODRÍGUEZ

A Granada, la ciudad en la que vivo, se la conoce mundialmente por su patrimonio histórico y cultural, y de ello, presumen orgullosos todos sus vecinos cuando salen fuera de su tierra o se cruzan con un forastero. Granada es la ciudad de la Alhambra, de Lorca, de la Universidad y el turismo, y todo ello ha posibilitado crear una ciudad moderna y abierta que aspira a conseguir unos estándares de calidad de vida, similares a los que se disfrutan en cualquier ciudad europea. En Granada verás gente utilizar el transporte público para cuidar el aire de su ciudad; comprobarás que reciclan porque les preocupa el medioambiente; los verás en las numerosas sesiones de teatro que cada fin de semana se pasan en la ciudad, o llenando las salas de cine porque les importa la cultura; te asombrarás cuando veas que en sus bibliotecas no caben ni un alfiler porque su juventud quiere prepararse para el futuro; y sobre todo, verás a mucha gente amable, a pesar de la malafollá, que te devolverá el dinero si piensa que no se lo ha ganado. Son muchas las razones para sentirse orgulloso de nuestra ciudad que no caben enumerar aquí.

Sin embargo, hay otra Granada que avergüenza y abochorna a todos. Un reducto de energúmenos que se han propuesto mancillar el nombre de nuestra ciudad para conseguir un puñado de ‘Likes’ en sus redes sociales. Son pocos pero hacen mucho daño, no sólo a la imagen de ciudad de la que todos presumimos, sino también al mobiliario, al patrimonio, y a los servicios que permiten disfrutar de una ciudad más cómoda y amigable para todos.

Por un puñado de ‘Likes’, se destrozan iniciativas que hacen la vida más fácil

Recientemente mi compañero bloguero Jesús Lens, en su artículo ‘En bici y a lo loco’ ya se hacía eco del incivismo que han sufrido las empresas que han puesto las bicis amarillas a disposición de la movilidad granadina. Todos hemos vistos las bochornosas fotos de las bicis tiradas al río, colgadas de árboles, o destrozadas y quemadas con especial saña para provocar la máxima indignación. Actos, reprobables, que no son propios de estas latitudes como apunta Jesús Lens, sino que se sufren por igual en otras ciudades europeas.

Libros Destrozados en Otura
Libros destrozados a las puertas del centro de salud de Otura. / TWITTER

Si lo de las bicis de alquiler, o las pintadas en el patrimonio histórico, han sacado lo peor de esta ciudad, lo acontecido recientemente en Otura, ha terminado por colmar la indignación de los vecinos, que no dudan en reclamar mayor contundencia contra la impunidad con que aparentemente se cometen todos estos actos. La historia vuelve a repetirse. Un colectivo tiene una noble intención de llevar la cultura a todos los rincones de la localidad, sacando los libros de la biblioteca a la calle, para facilitar aún más la lectura mediante una novedosa medida que triunfa en muchas ciudades europeas. La iniciativa del ‘Préstamo de Libros’ ha durado veinticuatro horas, las que han sido necesarias para destrozarlos con nocturnidad y alevosía, como denuncia Jorge Pastor en el artículo publicado en IDEAL.

Aquí no pasa nada

Son muchos los comentarios que se pueden leer en las noticias que publican los medios sobre estos actos vandálicos, y también son muchas las críticas que se vierten en las redes sociales sobre la impunidad que rodean a todos los que comenten estas tropelías. Recientemente el Ayuntamiento de Granada se ha visto obligado a pronunciarse prometiendo una mayor vigilancia, y el propio Ayuntamiento de Otura ha presentado una denuncia ante la Guardia Civil para buscar a los responsables. Sin embargo, a pesar de estas medidas, la ciudadanía muestra su escepticismo porque se tiene la sensación de que el ‘vandalismo marca Granada’, a diferencia de otras ciudades europeas, parece salir muy barato, mientras no se visibilicen sus consecuencias.


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“Mira quién salta” y destrípalo