La purga de Haití y los malditos seres inhumanos

Dos reflexiones sobre el terremoto de Haití :

1.- ¿Se han dado cuenta de que, cada cierto tiempo, ocurre una desgracia natural que purga una parte del planeta? No sé si comparten la impotencia, pero me parece tan injusto que sean las zonas más paupérrimas del Universo las que suelen sufrir las consecuencias.

2.- Esta mañana, al llegar al periódico , he buscado en Youtube vídeos sobre el terremoto de Haití. Para mi sorpresa, la primera página de resultados está repleta de ‘fakes’ que enlazan con páginas de pago. Los gilipollas -no hay otro término posible- han colgado montajes de supuestas fotos de Haití destrozada en los que te animan a ver el contenido completo pinchando en sus páginas privadas. De pago…

¿Cómo es posible que el ser humano pueda ser tan despreciable?

¿Cómo puede alguien ver una oportunidad de negocio en una desgracia tan desgarradora?

El planeta se purga bajo una orden caótica, casual. Es una pena que no pueda seleccionar.

Mi primer grupo en Facebook: Jordi Hurtado y Eduardo Punset, presentadores de las ‘uvas 2011′

Si son ustedes usuarios de Facebook, les animo a unirse a la causa. Serán muy bienvenidos a la que será, sin duda, la revolución televisiva de 2011:

Jordi Hurtado y Eduardo Punset, presentadores de las uvas 2011

Ni Carmen Sevilla, ni Anne Igartiburu, ni Chiquito de la Calzada, y, ni mucho menos, Belén Esteban o Jorge Javier Vázquez. Ha llegado el momento de la revolución que todos estábamos esperando.

Es la hora de que dos de los mejores (y mejor conservados) cerebros de nuestro país despidan el año desde la Puerta del Sol en TVE.

Por supuesto, hablamos de Jordi Hurtado -insigne y vitalicio presentador de Saber y Ganar- y Eduardo Punset, genio científico y humanista.

Más aún, desde esta humilde plataforma, animamos a que la velada transcurra en inglés (doblada, claro, por el mismo Eduardo Punset). De esta manera, animaríamos a nuestra presidente del Gobierno a aprender el idioma.

Les esperamos por aquí : http://www.facebook.com/group.php?gid=396939850315

La dura vida del comerciante en Granada

Ser comerciante, de por sí, es un camino complicado. Trabajoso. Supone trabajar más horas que el Sol, vivir a expensas de temporadas, modas y golpes de suerte. Cada vez que he hablado con un empresario me ha dado la sensación de que se sentía capitán de un ejército de un solo soldado en guerra contra una serie de catastróficas desdichas.

El calendario de los comercios granadinos en el último semestre de 2009 está marcado por cuatro eventos:

1.- Eterno verano: el calor no se va. Las calles se llenan de maldiciones y clamores, “¡estoy hasta las narices del calor!” El término ‘temporada’ pierde sentido y las tiendas se copan de stock otoñal que no ve salida. El pueblo sentencia: “Es el peor y más largo verano de la historia”, “¿para qué quiero un abrigo si tengo pantalones cortos?” Sólo queda esperar. Paciencia.

2.- Sin luces: el centro de la ciudad no tiene luces de Navidad. Los comerciantes sufren: “Estamos asfixiados, ¿por qué tardamos tanto en encenderlas? ¡Eso animaría a comprar!” Una vez más, paciencia.

4.- Invasión de obras. Todo el centro patas arriba. El área metropolitana patas arriba. ¿Quién coge el coche? Nadie, está complicado. “Pero cuando esté acabado, todos ganaremos”, sostienen. A esperar con paciencia.

3.- Crisis, por cierto: Pues eso, la sempiterna y alargada sombra de la recesión no desaparece. No hay trabajo, no hay dinero, no hay ahorros, no se compra, no se vende, no hay sonrisas. Los políticos dicen que en 2010, lo mismo, empezamos a salir. Hale, paciencia.

Y entonces, cuando todo parecía perdido, llega la época más consumista del año. Las rebajas suenan a bálsamo de futuro. Las sonrisas de los comerciantes vuelven a la calle, hay ganas de comprar y de vender. “¡Por fin, un respiro!”, dicen unos. “¡Aleluya!”, dicen otros. El optimismo renace y los problemas se ven con perspectiva: “Pues sí, podría ser peor”, afirman con serenidad.

Qué paciencia, cielo santo, qué paciencia para ser comerciante. Pues sí. Podría ser peor, podría llover.

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Hoy salió el Sol. Por fin. Hace frío. Necesito un abrigo nuevo.

Próxima estación, Jacobo Camarero

Esta mañana amanecí con el blog de Juan Carlos García de los Reyes y su equipo de arquitectos. Al parecer, y por muy bien construido y urbanizado que esté el planeta, el mundo sigue siendo un pañuelo. Juan Carlos habla sobre Jacobo Camarero, la persona que inspira el nombre de la primera parada de metro de Granada.

Yo era un colaborador del periódico IDEAL cuando escuché por primera vez el nombre: ‘Jacobo Camarero’. Fue en una rueda de prensa de la Junta de Andalucía en la que presentaron las paradas del metro de Granada. Allí no nos dieron ninguna explicación sobre quién era él y yo, inocente personajillo, escribí: “La primera parada está dedicada a un ilustre y fallecido vecino de Albolote, un camarero llamado Jacobo”. Al día siguiente, un hombre con voz de cuentacuentos llamó al periódico preguntando por mí: “Hola, soy Jacobo Camarero. Y no soy camarero”.

Después de reirnos un rato -tenía un humor maravilloso- quedamos para vernos y que me contara la historia que justificase tantos honores -una historia sin escribir, sin memorizar, sin grabar… una historia que merecía ser contada-.

Escribir aquél reportaje fue maravilloso. Tenía la sensación de que era una de esas aventuras que vivirían para siempre. Y él, Jacobo, el héroe que nunca podría morir.

Por eso, al leer el blog Gr-Arquitectos y descubrir que “había muerto unos días antes” he intentado llevar la atención a otro punto. Negar la frase y obviar el contenido. Quería evitar el escalofrío. Pero no pude.

Sin embargo, ahora, después de volver a sentir aquella tarde en el jardín de su casa, emocionarme con la pasión del recuerdo y leer la experiencia de Juan Carlos, me doy cuenta de la verdad que acompañará siempre a Jacobo Camarero. Él, como todos los grandes, es inolvidable. Es inmortal. Y, más allá de los debates sobre el nombre de metro o tranvía, todos sonreiremos al escuchar la vocecita metálica: “Próxima estación, Jacobo Camarero”.

(Reportaje publicado el 03/06/07)

Título: Próxima estación: Jacobo Camarero

Subtítulo: Con 18 años y 11 pesetas montó una escuela para los niños de las calles de Albolote Con 80 primaveras, da nombre a la primera parada del futuro metro de Granada

TEXTO Y FOTOS:

JOSÉ ENRIQUE CABRERO / ALBOLOTE

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HABÍA tanto barro, que a menudo perdías de vista tus propios pies. Los tobillos se hundían y los zapatos pesaban más a cada paso. Mientras que las huellas que dejaban carros y animales servían de guía a todos aquellos que cruzaban el camino, el estiércol avivado por las lluvias lo convertían en un paseo poco agradecido. Hoy, aquellos despojos, mezcla de tierra, agua y abono, se han convertido en una gran avenida a la entrada de Albolote. Avenida que comparte el nombre con la que será la primera parada de metro de Granada. Dentro de unos años, al escuchar «próxima estación, Jacobo Camarero», podemos caer en el tremendo error -como ya sucede en otras grandes ciudades- de que se convierta en uno de esos nombres que flotan en el olvido y que sólo recordamos porque es allí donde tenemos que bajar.

Sentado en un cómodo sillón, Jacobo, a sus 80 años, no olvida ni uno de los pasos que arrastró durante más de una década por aquel barrizal. Fue en el año 45, con la mayoría de edad recién estrenada, cuando tomó la decisión que cambiaría la vida de muchos: «Albolote tenía unos 4.000 habitantes y no había más que dos escuelas para niños, en las que sólo se admitían a cincuenta. Los que se quedaban fuera y tenían dinero, pagaban a profesores particulares, pero los que no tenía nada, la inmensa mayoría, pasaban los días en la calle».

El amigo Camarero no recuerda haber tenido otra vocación en su vida: «Quería enseñar, ser maestro». Y aquella situación le hizo plantarse en el despacho del alcalde para pedirle un local donde poder impartir clases.

Él, por aquel entonces estudiante de bachiller, propuso una vieja cuadra que solía usarse como Casa del Pueblo que el Ayuntamiento no tuvo problemas en cederle. «Estaba completamente abandonada. No le echaron paja ni nada al suelo, así que había casi cuatro dedos de una pasta indescriptible». En aquel momento no estaba sólo. Un par de amigos del colegio le ayudaron a empezar. Pero fueron los mismos niños de la calle los que pasaron cuatro días limpiando, fregando y sacando todo el estiércol con un escardillo.

«Esos primeros niños, los que serían mis primeros alumnos, se convirtieron en mi mano derecha. Me ayudaban en todo». Una vez limpio, necesitaban mesas y pupitres, por lo que hicieron una colecta: «Los chaveas de la calle juntaron ocho gordas, un amigo puso tres pesetas y yo lo que pude. Juntamos once pesetas, que fue lo que me costó parir la escuela».

Once pesetas después

«En aquella primera época reunimos a unos 40 alumnos, entre los 10 y los 18 años. La mayoría eran analfabetos, aunque entre ellos había algunos que habían estado en la escuela -los mismos que montaron conmigo la escuela-, sabían algo y me ayudaban a dar las clases».

El bachiller se acababa y Jacobo tenía que empezar la mili, por lo que tuvo que cerrar la escuela. A primeros de noviembre del 46 ingresó en el Ejército, con la suerte de que pidieran gente que supiera escribir: «Di un paso al frente, vieron que tenía la letra bonita y me mandaron a registro». «Pasé un mes allí, hasta que juré bandera. Entonces, a principios de diciembre, volví a tener tiempo y abrí la escuela de nuevo, aunque esta vez ya no había ninguno de los amigos del colegio. Estaba solo».

El verano del año siguiente, los alumnos ya rondaban la centena y Jacobo volvió a hablar con el alcalde. «Le dije que ya no cabíamos allí y nos cedieron un sitio en las escuelas de niños. Pero al final de las vacaciones de verano, al volver al trabajo normal, se quejaron porque mis niños eran muy grandes y decían que lo iban a romper todo así que de vuelta a la cuadra».

La banca

«En el año 50 la escuela estuvo cerrada». Por aquel entonces, Jacobo, que de siempre había querido estudiar Magisterio, optó por prepararse para trabajar en un banco, ya que de hacer lo primero «le podían mandar a las Alpujarras o por ahí» y él quería quedarse cerca de su escuela.

«Estuve un año preparándome: derecho mercantil, contabilidad por partida doble, matemáticas en cálculo Hice unas oposiciones al Banco de España y me saqué el 10 de 12. Pero hubo una plaza libre en el Banco Popular, me presenté y la gané yo. En cuanto entré en el banco, al día siguiente, me volví a la cuadra Aquello se llenó de tal manera -dice emocionado- doscientos niños. Gracias a Dios, allí estaban los mismos alumnos que me ayudaron a montar la escuela para echarme una mano».

«Fui otra vez en busca del alcalde y le pedí un sitio más grande: El Servicio Nacional del Trigo, que estaba sin usar. Compramos mesas y bancos y a limpiar otra vez: telarañas, barrer, pintar lo hicimos nosotros. Aquello costó una pila de pesetas, 20.000 o por ahí, que pagué a base de prestamos. Pedí a la Delegación maestros que no estuvieran haciendo nada y me mandaron dos. Pero ni con ellos». «Por aquel entonces ya eran cerca de trescientos alumnos -sonríe sincero-. Imagínate si teníamos prestigio, que los alumnos del turno nocturno de un colegio de esos con suelo de madera y todo muy bien puesto se vinieron conmigo, por lo que el alcalde mandó a su profesor, que se había quedado sólo, a venirse a mi escuela».

Corría abril de 1956. Aprendices de todas las edades, desde los 10 a los 40. Y entonces, pasó: «Éramos 297 alumnos, recuerdo que dije que en un par de días seríamos 300 pero en vez de llegar tres personas llegaron los 300 temblores que trajo el terremoto que destrozó Albolote el 16 de abril de aquel año. Dejó la escuela que daba miedo entrar con tanta grieta Fue el fin de una historia».

Satisfacciones

La muerte de la escuela no fue en vano. Años más tarde, el Ministerio de Guerra premió al Ayuntamiento de Albolote con 10.000 pesetas porque no iba ningún soldado analfabeto a la mili. «Fue un gran premio, un orgullo».

«Con parte de aquel dinero nos fletaron dos camiones grandes y nos llevaron a la playa era la primera vez que yo iba», comenta mientras revive aquel sol primerizo en la cara. Con la llegada de la democracia la mitad de aquellos alumnos “especiales” que ayudaron a Jacobo desde el principio se convirtieron en el corazón del Ayuntamiento.

Otros fueron concejales, empresarios, capitanes del ejército Y la escuela, situada en la plaza central de Albolote, se convirtió en una biblioteca.

Fútbol a los cuarenta

«Yo no he podido ir al cine, al teatro o a bailar, ¡si empecé a jugar al fútbol con 40 años!, no hacía nada más que ir a la escuela, pero aquello fue una satisfacción, porque las satisfacciones del alma son las mejores. Mis alumnos son ahora los dueños de Albolote, son los que ha transformado aquel barrizal en el cemento que es ahora».

También organizó la reconstrucción de la casa de un amigo que se derrumbó, llenó de papeletas de lotería Albolote, llegó a visitar más de 100 pueblos de Granada como apoderado del Banco Popular, tuvo cuatro hijos, fue director de un grupo de teatro que llenó las plazas de Maracena, ilusionó a grandes y pequeños con sus trucos de magia e incluso una vez ganó un patín con los puntos del café. Pero todo eso, ya es otra historia.

Se la cuento en la próxima estación.

Donde viven los monstruos

(Nota: La columna del 211209 en IDEAL sale incompleta por un error de edición. Aquí les dejo el texto completo)

Es agotador explicar por qué los guisantes congelados son asquerosos a una persona que sólo atiende a razones. Maldición, no, no los he probado nunca y no me hace falta para saber que no me gustan. ¿Por qué vale más tu lógica aplastante que mis pasiones a flor de piel? No lo entiendo y grito. Grito, pataleo y tiro la silla de una sola embestida. Corro sobre el sofá, salto y bailo al mismo tiempo; odio los guisantes y amo la diversión que me produce esquivar la cuchara. Vienen a por mí. Puede que sean más grandes y más fuertes, pero ninguno de ellos podrá, jamás, entrar en mi fortaleza secreta. Allí donde sólo viven los monstruos.

Jugar a la guerra no es pedagógico, didáctico ni coeducativo… ¿Pero cómo se aprende eso en un libro? ¿Se acuerdan cuando llegábamos a casa con los codos desollados y las rodillas en carne viva pero con una sonrisa satisfecha en la cara? La mercromina y el agua oxígenada eran la poción maternal que nos curaba después de una cruenta batalla de terrones de arena. Nuestro bando, el de los buenos, había ganado a costa de las heridas de otros. Habíamos retozado por el suelo como croquetas y, pese a la sangre vertida, fue haciendo el salvaje cuando más orgullosos nos sentimos de nuestros amigos.

En aquella época sólo había un problema lo suficientemente importante como para aislarnos del mundo: el nuestro. Daba igual si en clase nos explicaban que el Sol iba a morir, ¿a quién le preocupa algo tan insignicante como el Sol cuando tú y todo lo que te rodea cambia? ¿Qué pasó con mis dientes de leche? ¿No seré un niño nunca más? ¿No volveré a divertirme porque el Sol se va a apagar? Una vez más, la lógica aplastante es tan…aplastante.

Todos estamos compuestos por un puñado de enormes monstruos que perfilan cada uno de nuestros errores y misterios, esos pecados que nos hacen gritar sin sentido. Que nos hacen tan humanos. ‘Donde viven los monstruos’ es una película infantil dirigida a los adultos que se estrena con la suerte de compartir cartelera con ‘Avatar’. Mientras James Cameron utiliza la tecnología para crear un mundo palpable, Spike Jonze dirige un mundo poblado por enormes peluches que transmiten vida. Monstruos que aúllan a un horizonte de madurez que poco a poco gana espacio sobre la incalculable imaginación de un niño de 8 años. Y es imprescindible que usted, adulto, recupere esa imaginación. ‘Donde viven los monstruos’ es el lugar adonde van sus hijos cuando no se comen los guisantes congelados y del que usted escapó, a regañadientes. El lugar donde aprendimos a hacer el salvaje y el lugar en el que niños y adultos comparten ilusiones latentes.

Lorca (1898-¿1936?) no estuvo aquí

Fábula y Rueda de los Tres Amigos. Poeta en Nueva York (Federico García Lorca)

Estaban los tres helados:
Enrique por el mundo de las camas;
Emilio por el mundo de los ojos y las heridas de las manos,
Lorenzo por el mundo de las universidades sin tejados.

Lorenzo,
Emilio,
Enrique.

Estaban los tres quemados:
Lorenzo por el mundo de las hojas y las bolas de billar;
Emilio por el mundo de la sangre y los alfileres blancos;
Enrique por el mundo de los muertos y los periódicos abandonados.



Lorenzo,
Emilio,
Enrique.


Estaban los tres enterrados:
Lorenzo en un seno de Flora;
Emilio en la yerta ginebra que se olvida en el vaso;
Enrique en la hormiga, en el mar y en los ojos vacíos de los pájaros.

Lorenzo,

Emilio,
Enrique,
fueron los tres en mis manos
tres montañas chinas,
tres sombras de caballo,
tres paisajes de nieve y una cabaña de azucenas
por los palomares donde la luna se pone plana bajo el gallo.

Uno
y uno
y uno.


Estaban los tres momificados,
con las moscas del invierno,
con los tinteros que orina el perro y desprecia el vilano,
con la brisa que hiela el corazón de todas las madres,
por los blancos derribos de Júpiter donde meriendan muerte los borrachos.

Tres
y dos
y uno.


Los vi perderse llorando y cantando
por un huevo de gallina,
por la noche que enseñaba su esqueleto de tabaco,
por mi dolor lleno de rostros y punzantes esquirlas de luna,
por mi alegría de ruedas dentadas y látigos,
por mi pecho turbado por las palomas,
por mi muerte desierta con un solo paseante equivocado.

Yo había matado la quinta luna
y bebían agua por las fuentes los abanicos y los aplausos,
Tibia leche encerrada de las recién paridas
agitaba las rosas con un largo dolor blanco.
Enrique,
Emilio,
Lorenzo.
Diana es dura.
pero a veces tiene los pechos nublados.
Puede la piedra blanca latir con la sangre del ciervo
y el ciervo puede soñar por los ojos de un caballo.

Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.

Ya no me encontraron.

¿No me encontraron?

No. No me encontraron.

Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que cl mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.

 

Belén Esteban es un personaje. De Disney

La noticia más sonada ayer fue el lavado de cara de Belén Esteban. Asombroso. Da igual lo que pase en el mundo, que nosotros seguimos empeñados en ver a la Esteban como una princesa de Disney. De hecho, muchas de las crónicas de ayer titulaban por ahí: “Un cuento de hadas”, “La nueva Cenicienta”, “La Bella durmiente despierta”… Y es verdad, oigan, es completamente cierto. Belén Esteban, ahora, luce como un personaje de Disney. Para muestra, un botón:

He de serles sinceros. Las declaraciones que publica Lecturas en portada creo que son altamente interpretables: “La operación me ha cambiado la vida, ahora voy a intentar tener otro hijo”. A ver, estimado Fran ‘el camarero’ marido de la Esteban: yo entiendo que casarse con ella no sea algo que todos estuviéramos dispuestos a hacer. Pero, amigo, que tu mujer diga en los medios de comunicación que ahora que se ha operado puede tener hijos otra vez… ¡¿Qué significa eso, Fran?! ¿Te dolía la cabeza?

Sí, ya sé que muy posiblemente esté sacando unas conclusiones muy insultantes. Pero ahí llego yo.  Por cierto, Lecturas publica que Belén dice que su marido “bromea diciéndome que no soy su mujer” y que su hija le pregunta “¿dónde está tu nariz?” En fin, que el amor es complicado y todo eso, pero aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Lo que debería hacernos pensar es que ella fuera lo que más dio que hablar ayer en España. Belén Esteban es, guste o no, la reina del carnaval.

Obama contra Berlusconi: Primero fue Chuk Norris. Ahora le toca a…

El humor negro es el más insano de los humores. Pero me gusta. Así que esta mañana, cuando vi la viñeta cómica que está reventando todos los contadores de meneame.net, no pude evitar partirme de risa. A saber:

Pero claro, a mí, por llevar la contraria, siempre me gustaron las segundas partes. Así que por aquello de contribuir con la red de redes y generar nuevos contenidos con los que echarnos unas risas a costa de la desgracia política, aquí les dejo la segunda parte de la guerra fría entre Obama y Berlusconi.

Vídeos antiguos de Granada

La sensación es parecida a cuando ves una fotografía en blanco y negro de tus abuelos cogiendo las manos de tus padres. O a tus padres cogiendo las tuyas, de niño. Granada es nuestro pariente más cercano. Es el lugar del que nos sentimos tan orgullosos como apenados. Es el último reino, el suspiro del moro, la primera olvidada. Pero es, al fin, con sátiras y rarezas, nuestro ’sweet, sweet love’.

Este vídeo lo ha realizado un granadino -desconozco quién- que ha conseguido emocionarnos a todos los que creíamos que habíamos olvidado para siempre aquél paseo por Isabel La Católica, Puerta Real, La Fuente de las Batallas… Cómo hemos cambiado.

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Para ser granadino hay que querer serlo tanto como no quererlo. Y sólo un granadino puede entender la ironía.

(EDITADO)

El fenómeno José Bayona ha grabado un vídeo para que comparemos el antes y el después. Gracias a los dos autores, maestros:

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Braveheart, 15 años y libertad

Yo soy William Wallace. Dios mio, como pasa el tiempo. Hace 15 años y todavía siento el mismo escalofrío cuando pronuncio esas palabras. Recuerdo, como si lo hubiera visto cientos de veces, que al decir mi nombre todos empezaron a reir. Uno de ellos gritó, entre carcajadas, que yo medía más de dos metros. “Sí, eso dicen -respondí-. Y mata hombres a cientos. Y si estuviese aquí acabaría con los ingleses echando fuego por los ojos, y también rayos por el culo”.

Fue el 29 de septiembre de 1995. Hasta entonces la guerra había sido contada de muchas maneras. Pero nunca la habíamos vivido desde dentro. Descubrimos que las espadas no eran juguetes para matar dragones, sino cruces que juzgaban la vida entera. Sentimos la inmensidad del miedo producida por un ejército enorme que se abalanza sobre nosotros: ¿El futuro, el paro, la familia, la enfermedad, la pobreza, el hambre? Da igual, era la guerra.

Nuestra guerra. La guerra de los que escuchamos cada una de sus palabras: “Tu corazón es libre, ten el valor de hacerle caso”. Y, dispuestos, cabalgamos sobre una moneda que da vueltas en el aire mientras sortea nuestro destino con la única fe de que “todo hombre muere, pero no todo hombre vive realmente”.

Quince años después seguimos siendo William Wallace. Somos los que creímos en nuestra vocación y arremetimos contra la inseguridad. “Luchad y puede que muráis. Huid y viviréis… un tiempo al menos. Y al morir en vuestro lecho, dentro de muchos años, ¿no estaréis dispuestos a cambiar todos los días desde hoy hasta entonces por una oportunidad, sólo una oportunidad, de volver aquí a matar a nuestros enemigos?”

No sé a qué ejército se enfrenta usted. Quizás es el mismo al que nos enfrentamos todos. “Puede que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán la libertad”.

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(Braveheart celebra el 15 aniversario de su estreno con una edición especial en Blu-Ray. Por cierto)

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