Es una tragedia, sin duda: 12.000 obreros al paro. Menuda frutada. No es que su problema no me preocupe, pero quiero analizar otro asunto que está pasando desapercibido: los arquitectos. O, más bien, los que acaban de titular su vocación.
Terminar tus estudios no puede ser motivo de tristeza. Hoy por hoy, lo es. Construir un sueño es una carrera de fondo. Y si tu sueño es construir, los cimientos nacen hundidos. Después de 6-8 años en la Universidad, gastando un dineral en proyectos y planos, pasando noches en vela trazando lineas sobre mapas de una ciudad e imaginando, piedra sobre piedra, la torre más alta del mundo, merecen algo mejor.
La situación es detestable. Les cuento dos ejemplos: Curro es un arquitecto recién licenciado. Ha mandado currículums (con copia de su proyecto final, fruto del trabajo de innumerables meses sin dormir) por tierra, mar y aire. Algunos se han dignado a contestar con un “le tendremos en cuenta para futuros proyectos” o “la situación ahora es complicada, pero estamos entusiasmados con su proyecto de fin de carrera”, etc. Nada. Hasta que, cierta mañana de verano, recibe una llamada de un estudio de Málaga: “Venga mañana a las ocho de la mañana. Le esperamos con los brazos abiertos”.
Amaneció y Curro marchó a la tierra del boquerón. Hizo una entrevista triunfal y, un par de horas después, le llamaron: “Le esperamos por aquí mañana”. Viva, viva, viva: trabajo. Pues el amigo Curro estuvo 14 días trabajando una media de 14 hora diarias. En el día 15 le pagaron por el proyecto que había finalizado: 70 euros (más o menos). Aquel estudio aprovechó la ilusión de un apasionado recién titulado con la excusa de “será una buena formación para ti”. No escribo el nombre de este magnánimo cabronazo porque no lo recuerdo. Pero ese tipo preocupado por el aprendizaje de Curro no le ha vuelto a llamar… Claro, es lo que tiene no hacer ni un puñetero contrato.
Por otro lado está Fátima. La chica ha terminado Arquitectura Técnica y busca trabajo sin suerte. Ella, como tantos otros del gremio en su misma situación, decide estudiar un máster para aprovechar el tiempo, sin olvidar el curro. ¿Qué le ocurre? Si busca trabajo, digamos, en Woman Secret, le dicen que “buscamos a chicas de menos de 21 años sin preparación alguna ni estudios”. Ajá. Si busca trabajo, digamos, en un estudio de arquitectura, le dicen que “buscan a alguien que tenga al menos dos años de experiencia en el sector”.
¿Conclusión?
- 1.- Hay que tragar con gilipollas como el de Málaga para que un estudio te explote durante dos años para luego poder optar a hacer una entrevista digna. Ojo, que no tienen por qué darte el curro, siempre habrá un sobrino, un nieto, un primo…
- 2.- O no sabes nada o lo sabes todo. No hay términos medios. La única opción razonable para alguien de 23 años es mentir: “No terminé la ESO, deme el trabajo para poder ganar unos cuartos”.
- 3.- Que no te dejen soñar es un asco.
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