Monthly Archive for September, 2009

El día después

Suena a fútbol, pero no. Hablamos de goles. La pastilla del día después ya es un producto de uso cotidiano. O puede serlo. Si amanece usted con el soniquete del ‘jo, qué noche la de aquel día’ de los Beatles y no tiene manera de quitárselo de la cabeza, ya tiene solución. Sólo tiene que ir a la farmacia y decirle al tipo de la bata blanca: “Doctor, ¡la píldora!”

Ahora bien, si es usted una señora precavida y cuidadosa y, antes de retozar con su compañero sentimental se le ocurre ir a por un anticonceptivo, ay amiga, necesita usted receta.

El mundo de la farmacia me da miedo. No me refiero a los locales esos con una cruz verde que luce y venden aspirinas. No. Hablo de LAS FARMACÉUTICAS. Esos poderosísimos emporios a los que les cedemos el destino de toda la humanidad. Sé que soy un terrible teórico de la conspiración, pero es que me da la sensación de que crean la vacuna antes de que exista la enfermedad. Y eso no es previsión, es perversión. Todo es cuestión de dinero.

Lo de la píldora del día después también me suena a tongo. Un señor bien vestido y con un maletín entra en la Moncloa, ofrece una pasta y la pastillica en cuestión sale a la venta.

No me fío, no me fío nada.

El término que estábamos esperando: ‘Grana-lag’

Tenemos que inventar un término que lo defina bien. A ver. El ‘lag‘ en Internet es un retraso en el tiempo de respuesta en determinadas acciones. Por ejemplo, estar chateando con tu colega guatemalteco y que tus frases le aparezcan en su pantalla 30 segundos más tarde. O jugar a matar robots-nazis en la videoconsola y que el tiempo entre que tu haces click y que tu escopeta dispare es igual a un estornudo -con el Jesús y todo-. Luego está esa tortura del mundo moderno llamada Jet Lag. Pánico le tengo: Cuando volví de Nueva York estuve un mes durmiéndome a las seis de la mañana. En fin, el caso es que aquí podemos hablar del ‘Grana-lag’.

El Grana-lag es el retraso constante y recurrente de las actividades socio-políticas-económicas-culturales de la capital de la malafollá. Efectivamente, no es que no abandonemos las tareas pendientes. Es que tenemos la facilidad de retrasarlas. Grana-lag. Lo que no está claro es el baremo: pueden ser días, meses, años, la eternidad…

El último caso conocido de Grana-lag es el de la pifia urbanística que nos cuenta Chirino y Morán. El Ayuntamiento ha tenido que pagar otro millón de euros por una disparatada expropiación a unos vecinos de La Chana. Y, ojo, la pifia no es por no haber querido buscarle solución. O por haberse olvidado del problema. O, simplemente, por querer esconderlo y camuflarlo con otras gripes. No. Desde el primer instante en que se supo de la trifulca se pusieron manos a la obra. ¿Qué ha pasado entonces? Sí señores, el Grana-lag. No es culpa de ningún edil, de ningún Consistorio ni de ningún sevillano (que ya sé lo que están pensando). Es ese retraso que tanto daño nos está haciendo.

El Grana-lag no sólo afecta a la política. También a la educación. Por ejemplo, los que aprobaron la selectividad en septiembre empezarán las clases un mes más tarde que el resto de compañeros. ¿Injusto? Nada de eso, no, ni hablar. Es el Grana-lag. Si luego suspenden y se quejan de que los alumnos de la UGR no rinden, ya saben, cosas del retardo. Lo bueno es que los alumnos, cuando pasen los exámenes de julio, podrán recriminarle al profesor en la tutoría:
-¿No presentado? ¿Cómo que no presentado, profe?
-Pues que usted no vino a mi examen. Así que no presentado.
-No, maestro. Que no se ha enterado. Es que yo entré un mes tarde, así que todavía no me examino.
-¡Ah!, perdone joven, mil disculpas.
-No se preocupe insigne catedrático, cosas del Grana-lag.

A ver cuántos casos de Grana-lag somos capaces de reunir, ¿me echan una mano? Un, dos, tres, responda otra vez…

Citas dominicales, 27/09/09

-Sin duda, sois el peor pirata del que he oído hablar

-¡Ahá! Pero habéis oído hablar de mí

Jack Sparrow, Piratas del Caribe

Reflexión saturnina, 26 de septiembre

“Juego porque sé que puedo perder. Aunque siempre gano”

26/09/09

El Club de la Lucha

Pónganse en la piel de un Tyler Durden de la vida. Un excéntrico, desordenado e impresionable granadino deseando revolucionar el planeta con un exceso de hormonas. Vaya, un adolescente. Sin poner en duda el hecho de que ustedes siempre fueron unos honrados y ejemplares ciudadanos, no me digan que no tuvieron, aunque fuera por un segundo, su momento James Dean. No me digan que no desearon mandar al carajo al orden, a las normas establecidas y los dos dedos de frente. No me digan que no se sintieron atraídos por la picaresca y la diversión incontrolable: correr por la calle, esconderse en la sombra, ser perseguidos pero no atrapados, la adrenalina del que manipula, del que sisa, del que engaña

Tyler Durden, en el Club de la Lucha, representaba la más clásica de las rebeldías: no me digas lo que no puedo hacer, porque ahora es lo que quiero hacer. No voy a defender a los chavales que robaron la bandera de Gran Vía. Tienen una importante lección que aprender: Si juegas, puedes perder. Pero darle bombo al asunto y ponerse en plan “vamos a terminar con el vandalismo juvenil”, crear nuevos proyectos, publicarlos, y perseguir a los enemigos públicos… Tiene un efecto boomerang peligroso.

Ustedes, como yo, no llegamos a robar ninguna bandera. O sí. El caso es que la mejor manera de alimentar la batalla es tener un enemigo definido. Y, con un rival en la palestra, el vandalismo pasa a ser una competición en la que hay que superar la hazaña de los anteriores. Un efecto llamada que puede terminar a puñetazos, en el bajo de un dúplex a las afueras de Granada donde las otras personalidades ganan presencia.

Olvidar pillerías crea anécdotas. Subrayarlas crea fanáticos.

Daños colaterales de la construcción: Los arquitectos

Es una tragedia, sin duda: 12.000 obreros al paro. Menuda frutada. No es que su problema no me preocupe, pero quiero analizar otro asunto que está pasando desapercibido: los arquitectos. O, más bien, los que acaban de titular su vocación.

Terminar tus estudios no puede ser motivo de tristeza. Hoy por hoy, lo es. Construir un sueño es una carrera de fondo. Y si tu sueño es construir, los cimientos nacen hundidos. Después de 6-8 años en la Universidad, gastando un dineral en proyectos y planos, pasando noches en vela trazando lineas sobre mapas de una ciudad e imaginando, piedra sobre piedra, la torre más alta del mundo, merecen algo mejor.

La situación es detestable. Les cuento dos ejemplos: Curro es un arquitecto recién licenciado. Ha mandado currículums (con copia de su proyecto final, fruto del trabajo de innumerables meses sin dormir) por tierra, mar y aire. Algunos se han dignado a contestar con un “le tendremos en cuenta para futuros proyectos” o “la situación ahora es complicada, pero estamos entusiasmados con su proyecto de fin de carrera”, etc. Nada. Hasta que, cierta mañana de verano, recibe una llamada de un estudio de Málaga: “Venga mañana a las ocho de la mañana. Le esperamos con los brazos abiertos”.

Amaneció y Curro marchó a la tierra del boquerón. Hizo una entrevista triunfal y, un par de horas después, le llamaron: “Le esperamos por aquí mañana”. Viva, viva, viva: trabajo. Pues el amigo Curro estuvo 14 días trabajando una media de 14 hora diarias. En el día 15 le pagaron por el proyecto que había finalizado: 70 euros (más o menos). Aquel estudio aprovechó la ilusión de un apasionado recién titulado con la excusa de “será una buena formación para ti”. No escribo el nombre de este magnánimo cabronazo porque no lo recuerdo. Pero ese tipo preocupado por el aprendizaje de Curro no le ha vuelto a llamar… Claro, es lo que tiene no hacer ni un puñetero contrato.

Por otro lado está Fátima. La chica ha terminado Arquitectura Técnica y busca trabajo sin suerte. Ella, como tantos otros del gremio en su misma situación, decide estudiar un máster para aprovechar el tiempo, sin olvidar el curro. ¿Qué le ocurre? Si busca trabajo, digamos, en Woman Secret, le dicen que “buscamos a chicas de menos de 21 años sin preparación alguna ni estudios”. Ajá. Si busca trabajo, digamos, en un estudio de arquitectura, le dicen que “buscan a alguien que tenga al menos dos años de experiencia en el sector”.

¿Conclusión?

  • 1.- Hay que tragar con gilipollas como el de Málaga para que un estudio te explote durante dos años para luego poder optar a hacer una entrevista digna. Ojo, que no tienen por qué darte el curro, siempre habrá un sobrino, un nieto, un primo…
  • 2.- O no sabes nada o lo sabes todo. No hay términos medios. La única opción razonable para alguien de 23 años es mentir: “No terminé la ESO, deme el trabajo para poder ganar unos cuartos”.
  • 3.- Que no te dejen soñar es un asco.

La agonía de Granada y sus empresas

Guarden un profundo y serio luto por las 2.200 empresas que han fallecido. Pero sufran, aún más, por las miles que ahora agonizan.

La linea de meta no siempre es una metáfora positiva. Ver el final de tu carrera dibujado en el calendario es tan angustioso como saber el día de tu muerte. Así no se puede vivir. El artículo de M. V. Cobo desprende un sufrimiento palpitante entre los empresarios de Granada. Y ya está bien de ver a los emprendedores como los malos de la película.

Imaginen a dos ejércitos guerreando en un campo de batalla. Coloque a las tropas de asalto, la artillería, la caballería, el armamento pesado, el naval y el aéreo. Ellos son el músculo; el cerebro es un estratega que, sin ver, tiene que manipular todo lo que le rodea a él y a los suyos y, lo más importante, tiene que prever qué pasará, cuándo pasará, dónde pasará y cómo pasará.

Supongamos que uno de esos ejércitos sólo cuenta con la infanteria. Nada más. El mismo ejército que está llamado a ser los que defiendan la seguridad del pueblo. Al otro lado del tablero, una armada invencible con todos los juguetes que da la tecnología.

“No tenemos Circunvalación; el AVE a Málaga, Sevilla y Córdoba, nuestras principales competidoras, está a pleno rendimiento; necesitamos invertir un aeropuerto de más categoría; el Milenio no es más que un nombre escrito en el papel… Y encima, presiones fiscales, impuestos, ayudas económicas que no llegan”.

Habla Javier Jiménez, presidente de la Cámara de Comercio. Uno de esos estrategas que no tiene con qué pelear.

Sin embargo, esto de la crisis deja otra reflexión sobre nosotros, los consumidores. Nos hemos convertido en hipocondríacos económicos y sabios de la nada. Ante el miedo a que “pase algo”, no sabemos muy bien qué, cerramos la cartera y no gastamos nada. Ojo, no les hablo de los que pasan penurias. Obviamente. Hablo de usted y de mí, de personas que, gracias a Dios, tienen sueldo y estabilidad y más que ser motor de cambio estamos siendo huchas cerradas que engordan como cerdos de juguete.

La agonía es la pero de las muertes. Es peor que la propia muerte. Reflexionemos sobre el tema.

Guerra Fría: Granada contra Sevilla

¿Se puede saber qué pasa con Sevilla?

En todas las noticias que hablan sobre Claret y su pañuelo al viento predomina un tipo de comentario tal que así: “Sevilla se lo lleva todo” o “Sevilla nos quitaría la Alhambra si pudiera” o, el último, “mejor (fusionarse) con murcianos o castellanos antes que con sevillanos”.

Según nos informa el compañero Chirino, Antonio Claret esbozó una posible fusión -que le hubiera mantenido en la dirección de CajaGranada- en la que todas las partes mantendrían su autonomía. Un pacto que apuntaba hacia Murcia y Castilla. Vaya, fuera de Andalucía.

Lejos de querer hacernos fuertes en el sur de España, existe una división invisible pero líder en las conversaciones -rajadas- de bares granadinos contra la capital andaluza. Hay dos posibles explicaciones:

  • Uno: Los granadinos, dignos de nuestra malafollá, no queremos cuentas con Sevilla. Somos egoistas, envidiosos y mal pensados. Nos corroe no tener lo que ellos tienen y ansiamos más poder.
  • Dos: Realmente Sevilla se aprovecha de Granada, nos sangra, no apuesta por nada que no sea su Semana Santa, su feria y su copla y, más allá de sus fronteras, sólo hay arena donde caen lágrimas arruinadas. Y, encima, quieren hacerse con el derecho de explotación de todo lo bueno que pueda haber en la Comunidad.

Estoy convencido, además, de que esta guerra fría está muy lejos de políticas de izquierdas y de derechas. He visto al más psoeista de Granada lanzando rayos por la boca contra el gobierno sevillano; al igual que al más pepeista. Incluso en las elecciones, socialistas convencidos me han confesado: “En las nacionales voto a Zapatero, pero aquí necesitamos un cambio ya”… Bueno, los del PP, ya se sabe qué opinan. No es noticia.

¿Realmente nos conviene esta división? ¿No deberíamos abogar por una Andalucía fuerte que se alza tras siglos de guerra para pedir paz y esperanza?

Granadinos, andaluces, opinen.

Fumadores, a la calle

Que sí. Que cada uno es libre de hacer lo que quiera. Bendita libertad y bla, bla, bla. Me parece estupendo que usted fume. Cada uno tenemos nuestros vicios personales. Yo, por ejemplo, soy adicto al helado de natachoc de los italianos. Me cuesta horrores pasar por Gran Vía y no comprar una tarrina de medio litro y pimplarmela en cero coma. Total: yo como helado, tú fumas. ¿Diferencia? Yo, a ti, no te molesto. Que yo me tome mi helaico en una cafetería no va a hacer que tú tosas, carraspees, abaniques el aire con la mano, que tu ropa apeste a humo y que tus pulmones, sin querer, se llenen de mierda.

Que conste que todo este dilema de fumar o no fumar en restaurantes, bares y demás capeas me parece absurdo. Tenemos cienes y cienes de ejemplos a nuestro alrededor de cómo se deben hacer las cosas. Yo viví un año en Londres, por ejemplo. Allí la gente fuma. Y mucho. Pero a nadie se le pasa por la cabeza que en un local cerrado (los metros cuadrados no importan) sea educado encender un pitillo.

¿Qué hacen? Se salen a la calle y fuman. Y no les pasa nada, oigan. Ahí siguen tan felices ellos con sus beers y sus chips.

¿Tan grave sería que aquí fuera igual? Mis colegas fumadores me dicen que “es una cosa muy tradicional, muy nuestra, una seña de identidad”. Puede que tengan razón, pero, en serio, si sabes que algo molesta y hace daño al que tienes al lado, ¿no merecería la pena cambiar esas señas?

Otro ejemplo. Mi hermano, en su boda, se negó a dos cosas: “no regalo puros y no está permitido fumar en la celebración”. Efectivamente, al entrar al salón, los fumadores se echaron las manos a la cabeza: “¡¿Pero esto qué es?!”, “¡Qué barbaridad!” Horas después, los humeantes salían y entraban sin más misterio de la sala. Se daban su paseo y punto. Y dentro, mientras, respirábamos hondo mientras disfrutábamos de un rico postre. Vale, el dulce no era helado de natachoc, pero estaba rico y a la mayoría le encantó.

Citas dominicales, 20/09/09

“-Son cinco -dijo Athos a media voz-, y nosotros no somos más que tres; seremos otra vez batidos, y será preciso morir aquí, porque yo aseguro que no vuelvo a presentarme vencido delante del capitán.

Athos, Porthos y Aramis formaron al instante un solo grupo, en tanto que Jussac alineaba a sus soldados”.

Alejandro Dumas (Los Tres mosqueteros)