La Ordenanza municipal: Who watch the Watchmen?

Lo de la ordenanza municipal es como lo del vaso medio lleno o medio vacío, depende de los ojos del que mira. Mientras que unos ven las bondades de regular la higiene de la ciudad, la prostitución, el uso de la calle y su seguridad, otros analizan las maldades de prohibir usar el monopatín o jugar al balón, la mendicidad, regar macetas y, sobretodo, el arte en la vía pública.

Hace poco mantuve una conversación con un periodista muy puesto en el tema. Yo, indignado, le dije que no podía creer que ahora fueran a multarme si mi perro orinaba en una esquina. Él, sabiamente, me dijo: “¿Cuántas veces te han multado por cruzar en rojo? La norma está para tener algo a lo que acogerse cuando haga falta. Y si no, ¿cuánta gente ves a diario que va con su bici -o moto- por la acera?  Pues eso está prohibido”.

Medio Lleno
La ordenanza nació con titulares que sonaban a cámaras de seguridad instaladas por toda la ciudad, a ‘watchmen’ de otra época oteando desde las gárgolas de la Catedral cada uno de nuestros incívicos movimientos. El ojo del gran hermano que te sigue cuando sacas al perro, cuando vas en monopatín o, incluso, cuando te conviertes en estatua en mitad de Puerta Real. Nada más lejos de la realidad.

Ayer mismo, aquella estatua viviente de Rumanía que apareció en todos los informativos de España mientras que varios agentes le informaba sobre la ordenanza, volvía a alzarse en el mismo sitio de siempre. A su lado, un coche de policía pasa. Y no pasa nada. Sin embargo, gracias a esta ordenanza  la policía tiene capacidad para frenar la prostitución y otras actividades que malogran la ciudad. Es el primer paso para cortar meadas fuera de tiesto y calles caóticas.

Medio Vacío
Detrás de todas las bondades y buenas intenciones del documento, deja a la policía la capacidad de decidir qué es y qué no es delito. ¿Cuándo es la mendicidad un problema de “insistencia” y cuándo una necesidad? ¿Ellos decidirán? La calle ahora tiene dueños y no puedo cantar, bailar o pintar si me apetece. Necesito permiso. Brunoat, fotobloguero de Granada, piensa: “’La autoridad municipal también evitará cualquier actitud o práctica que conculque el derecho a la intimidad, a la convivencia ciudadana pacífica, a la libre elección y al uso colectivo de los espacios y bienes públicos’. ¿Significa estoque un policía me puede decir que no puedo hacer fotos en la calle sino son de un monumento? ¿De verdad que todos los policías van a saber considerar qué puede ser una expresión artística de valor cultural, y no una violación del derecho de nadie?”

¿Y si resulta que, detrás de la palabras bien escritas, hay un ‘vigilante’ que decide por nosotros?

Conclusión
La ordenanza es un lienzo de manchas vivas sobre la que cada granadino vemos lo que nos conviene. A fin de cuentas, eso fue siempre Granada: una máscara de Roscharch en la que nunca hay dos visiones parecidas.

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