Si es que no entendemos a los jóvenes de hoy día. Tan pasionales, tan impetuosos ellos. Está claro que no todos son tan justicieros como el grupito del que vamos a hablar a continuación, pero sí son una enorme masa fácilmente visibles en eventos como La Feria de Granada.
Les pongo en situación. Diez de la noche, llegamos al recinto ferial de Almanjáyar. El irritante calor nos empuja, directos, al palito de ron de la Casa de Motril. Un griterío nos saca de nuestro sonambulismo etílico para embaucarnos, sin remedio, en una batalla campal entre un ejército de Yolis, Yonis, Chonis, Joshuas, Jeremys, Chrístians y Federicos -que digo que alguno se llamará Federico-. Ríete de Mordor, tú.
Como ustedes comprenderán, el origen de la pelea se sale de mi entendimiento. Creo que fue un tema de celos y amoríos prohibidos, a juzgar por el empecinamiento hormonal que se respiraba en el ambiente. A saber. El caso es que, enfrente de la caseta de Motril, había dos niñas cogidas del pelo de la otra como si se les fuera la vida en ello. Los agarrones eran tan bestiales que ni Chuck Norris con dos PowerBalance podría haberlas separado.
A su lado, uno de los fenómenos le había arrancado el piercing de la ceja a otro zagal. Oye, igualito que un toro sangrando en el albero de la plaza. Los amigos de ambos, en vez del ‘olé’, les arengaban con sentidos “¡hijoputa, hijoputa!”

Dos damiselas a lo Street Fighter
Mientras que el corrillo se hacía más y más grande alrededor de la pelea de gallos y gallinas, los niños pequeños que pasaban por allí rompían a llorar por los terroríficos gritos de la chupi panda. Por fin, los colegas de los ’streetfighters’ decidieron intervenir en la trifulca y sujetar a los púgiles. El burro que separó ceja y piercing como el que le quita la etiqueta a una camiseta nueva, dio unos pasos atrás, cogió un carrito con un bebé (¡un bebé, por el amor de Dios!) y salió escopetado calle arriba. La criatura -gracias, Aído- estuvo a punto de volar. Literalmente.
Cual perrillo faldero, una de las dos chicas enzarzadas en la épica de la cabellera, corre despavorida detrás del, suponemos, padre escurridizo.
Entran en escena ocho voluntarios de Protección Civil y seis Policías Locales que intentan, sin mucho éxito, calmar la situación. Los jóvenes están visiblemente nerviosos y se mueven con fuertes aspavientos. Algunos intentan correr detrás de la pareja mientras que los agentes les frenan con todo su cuerpo.
Una niña de las implicadas, alza la voz y sentencia el evento:
“¡Como la pille! ¡Ésa tiene mi edad, tiene 13 años! ¡A esa puedo matarla!… ¡¡¡Katie -léase queiti- te mato!!! ¡¡¡Te maaaatooo!!!”
Compresivos con el duro trabajo del Juez Calatayud, retomamos el norte. El palito de ron. No sin antes hacer una foto de los restos de la refriega, antes de que todos pusieran pies en polvorosa. Sí, eso es pelo. Y había mucho más.

El pelo y el pendiente de Katie
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