NaufraJEo es una palabra que todavía no existía. Ya sí. Es lo bonito del vocabulario español, que es como un Macmenú: rico, completo, saludable y al gusto del consumidor. Vaya, que para eso estamos los seres humanos, ¿no? Para crear lo que no se ha creado y hacerlo cierto. El problema es que hay veces que las grandes genialidades del ser humano pasan desapercibidas y nadie les presta la atención que merecen.
Para eso nace este blog. NaufraJEo es el lugar donde todas las noticias que merecen la pena van a naufragar. Un barco que me enorgullezco de tripular y que espero llevar al mejor de todos los puertos: a ninguno.
Esto de rescatar palabras no lo he inventado yo. Lo llevan haciendo los fenómenos de la Real Academia de la Lengua Española durante siglos. Fijar, limpiar y dar esplendor, ya saben. Ellos son los únicos culpables de que escribamos con estilo, sin las memeces del ‘eseemeese’ ni las frivolidades del “estoy ‘single’ y me voy de ‘party’ a la ‘beach’ a ver si aguanto en el ‘after’”. Ellos son los herederos de Cervantes, Alarcón y Chanquete. ¡Pardiéh!
La piedra sobre la que cimientan su sabiduría es el DRAE , que es como unas páginas amarillas pero sin teléfonos. Gracias al diccionario podemos componer frases como esta: “ayer comí almóndigas después de abarrer y eso me dio la fuerza para matar con una toballa al mostro del cimenterio que come celebros” (vía http://twitter.com/Juantoplus).
Esas palabras están incluidas en la nueva versión del fijo, pulcro y esplendoroso documento… Pero mi inclusión favorita en el mundo entero es ‘cocreta’. ¡Sí! ‘¡Cocreta, cocreta, cocreta!’ ¿Saben lo mal que lo pasé de pequeño?
-José Enrique, a la pizarra. A ver, diga una frase en futuro con el verbo ‘ir’…
-Voy a casa de la abuela a comer cocretas
-¡Niño, se dice croquetas!
-Eso he dicho, cocretas
-¡Niño, croquetas!
-Pues eso, cocretas…
-A ver, cro-que-tas
-Co-cre-tas
-¡¿Se ríe usted de mí?!
Todavía resuenan las risas de mi clase en mi cabeza. Ahora sólo necesito una máquina del tiempo para volver a la pizarra y decirle: “Sí, co-cre-ta, ¡¿qué pasa?! Y luego me comeré unas almóndigas con pan y no pienso abarrer las miajillas del suelo, ¡mostro, que es usted un mostro!”
Pobres profesores cuando se enteren de que sus alumnos, en realidad, son unos linces adelantados a su tiempo. La discusión ya dependerá de la fuerza del adulto (que, por cierto, y hablando de adultos, queremos un monumento para la super abuela ya).
En fin, a partir de mañana, empezamos el rescate.

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