En Alemania han decidido, por orden celestial, que los domingos no se abren los comercios. Bajo ninguna circunstancia. Menudo error.
Cuanto más viajo por Europa -ya no contamos Alemania- más me doy cuenta de que la decisión de no trabajar en domingo por regla es absurdo. Londres, París, Estocolmo, Copenahgue, Bruselas… Todas tienen fines de semana menos activos, pero vivos.
El problema que veo es que para alguien que trabaja durante toda la semana y, al llegar el finde, quiere ir a comprar o a cuchichear precios en tiendas, lo tiene complicado. Es tanta la impotencia de levantarte un domingo y decir “hoy no puedo hacer casi nada” que da qué pensar.

¿Quieren cerrar todo los domingos? Bien, pues pongamos horarios lógicos para los tiempos que corren. Vital: horarios de oficina de 9.00 a 17.00 horas o de 7:00 a 15:00. El esquema de trabajo partido no es funcional y nos impide disfrutar de lo que se cuece en la calle.
Cada vez que saco este tema siempre hay alguien que apunta: “En Granada tiene sentido el horario partido porque es una ciudad pequeña y podemos volver a casa, hacer vida familiar, etc”. Prueben a ir y venir de un polígono, coger la autovía en hora punta o pillar un bus a un pueblo del área metropolitana. Luego hablamos.
Laura participó hace cinco años en el concurso de Viviendas de Protección Oficial que se realizó en El Serrallo. Pero no ganó. Por aquel entonces estaba soltera y ni su salario ni el de su novio era tan pudientes como para poder pagar una hipoteca sin ayudas. Fin del capítulo uno.
Hace una semana Laura recibe una llamada: “Enhorabuena, nos alegra informarle de que por una serie de casualidades, ha ganado usted una de las VPO de la promoción que tenemos en el Serrallo”. Ella se alegra. Es una gran noticia y, por supuesto, un enorme apoyo financiero para su recién estrenado matrimonio. Fin del capítulo dos.
“Lamentamos informarle de que su condición económico-financiera ha mejorado y usted no cumple las condiciones para poder comprar una Vivienda de Protección Oficial”. Efectivamente, Laura se casó y consiguió un trabajo fijo. El piso vuelve al ruedo del que, parece, le va a costar salir. Ella era el número 300 en la lista de espera. Y fin del capítulo tres.
Vamos, pues, con las conclusiones:
- La primera en boca de Laura: “Yo, que puedo pagar la vivienda, no me la dan. Y a otros, a los que los bancos les han dicho que no hay hipoteca para ellos, no pueden pagarla”
- Está claro que las VPO son un servicio para garantizar el derecho a la vivienda a los que no pueden afrontar la inversión. Es indiscutible. Pero, ¿no habría que asegurarse de que esas VPO pueden llegar a disfrutarse?
- En serio, el piso lleva cinco años dando vueltas por 300 vecinos de Granada. Trescientos: ¡¿No es una barbaridad absurda?!
- ¿Ser joven implica tener una balanza siempre desequilibrada? ¿Tan difícil es combinar trabajo y vivienda?
- Necesitamos una revolución.
¿Se han visto en alguna situación parecida? Les escuchamos.
Es terrorífico. Un amigo me acaba de contar esto:
“A mí me dijo el otro día un técnico de la Junta: Eres hombre, de mediana edad y con un buen cv, y por lo tanto aspiraciones. Olvídate de encontrar trabajo en Granada”.
Vivir a expensas de una casualidad, de una llamada de ese amigo que puede enchufarte o de que alguien muera en la oficina en que trabajas como becario y caiga la breva, es tremendo. Una sensación que sólo pueden entender los que la han vivido. Los que han sufrido madrugadas en vela y mañanas pasando páginas de la agenda, en blanco.
Te cuestionas. Pones en duda tu formación. Te vuelves a cuestionar. Te planteas hacer un curso, otra carrera u otro módulo. Dudas. Decides aprovechar la oportunidad para retomar el proyecto que siempre quisiste hacer. Pero no, no hay medios. Inestable. Sol a Sol, la vida se convierte en un goteo incesante de ticks tacks que te roban tu lugar en el mundo. Te desubicas. No vale soñar, no puedes creer, no hay que saber. Sólo esperar.
Todo el mundo tiene un consejo, una adevertencia y una propuesta que hacerte. Lo ven tan claro que resulta insultante. Ellos siempre saben que esto va a pasar, pero cuesta creerlo.
Pero un día, todo cambia. Ánimo, de todo se aprende. Hasta de la nada.