¿Tú sabes que los delgados pudimos ser gordos?

Estoy convencido, pero totalmente convencido, que muchos de los que somos delgados pudimos ser gordos o, por lo menos anchitos, normalitos, vamos. En mi caso, por ejemplo, no hay quien me lo quite de la cabeza que si ahora mido 1,80 y solo peso 70 kilos la culpa estoy casi seguro que en principio fue mía, pero que después colaboró toda la familia…. fijo.

No sé tú, que también de tipo hilo vas servido, pero yo recuerdo que cuando era pequeño y se hacían aquellas excursiones familiares en coche, en el 600 o en el Simca, cuando ya no entraba ni de canto la tortilla de patata y había un hueco, yo decía todo ufano con mis pantalones cortos: «Ahí entro yo». Y, no me digas cómo, pero entraba. Y, claro, lo que en principio fue como una experiencia personal, una especie de reto, al final terminó siendo una costumbre familiar. «¿Y el niño, dónde va?» Y el niño (o sea yo), que era el último en entrar, pues decían: «Ahí bien cabe» ¿¡¡¡¡ Pero cómo que «ahí bien cabe», quién mejor que yo sabe si entro o no….!!!!?. No había forma.

Y hasta tal punto llegaron a saber lo que ocupaba, sin medirme ¡¡eh!!, sin medirme, que estoy convencido que cuando se hacía un viaje, primero se sentaban todos, luego las maletas y al final… pues yo, como si fuera una bolsa de plástico, la última pieza del tetrix o algo así. Y no creas que mi familia lo hacía por maldad, no; lo hacía por costumbre, como hinchar las ruedas, echar gasolina o parar para estirar las piernas (ellos) porque yo estiraba todo.

Y lo curioso es que yo no decía ni mu, y con una resignación más propia del Concilio de Trento o del Cuarento allá iba yo estrujado en una esquina sobre las piernas de alguien, medio estirado tocando el suelo, con el cogote pegado a la ventanilla mirando para arriba, de día, de noche…. vamos, aún no había ido el hombre a la Luna y te lo juro que yo medio arqueado en cualquier sitio del coche había visto el satélite ese más veces que cualquier tipo de la Nasa. Por eso cuando Kennedy dijo aquello de «en esta década llegaremos a la Luna»… por no preocupar a mi familia, de verdad, pero aquello me sonó a como que ya lo había vivido, pero callé, los vi a todos tan ilusionados con eso de salir de la estratosfera….

Y todo hay que decirlo, que porque mi padre no se dedicaba a los negocios, pero si quisiera pudo forrarse, que si pudo…. llega a hacer entonces un convenio marco con los Bomberos para situaciones de emergencia e iba yo a estar aquí dándole a la tecla del ordenador, sí hombre.

«Oiga, que un vecino se ha dejado las llaves en casa y hay un ventanuco medio abierto por el que a lo mejor…». «Ná, que pallá vamos con el niño». «Oiga, que aquí hay una tubería obturada que parece que….», «nada, que ya está el niño con un hierro aquí en la mano». «¿Y usted cree que el niño podrá…», «¿éste?, este es una fiera, que ya estamos llegando, no se preocupe, ya verá, ya verá como es el chaval, ya verá».

Y el chaval (o sea, yo también), no es por presumir, pero a los 12 años, a los 12, que lo tengo todo calculado, podría haber retirado a toda mi familia de trabajar y a varias generaciones consecutivas, y hasta si me apuras cotizar en el Ibex, porque mira que no era yo un tipo escurridizo… ¡¡¡buah!!! que si era.

Claro, y tú dirás, ¿y qué tienen que ver esas situaciones que son más propias de un contorsionista con estar delgado?; pues mucho porque yo estaba en época de crecimiento, de dar el estirón, y lo di, pero a lo alto y no a lo ancho porque ¿cómo lo iba a dar a lo ancho si siempre tenía el estómago y las vértebras aprisionadas como los pies de las geishas en medio de bolsas, cestas o maletas dentro de un utilitario?.

Y, claro, cuando se te aprisiona el estómago se te empequeñece, y al empequeñecérsete el estómago…. pues…. pero si hubo días, hombre, que comía una miga de pan y creía que era una laconada, qué más quieres que te diga. ¿70 kilos?. Pues 70 y gracias.

@manuelguisande

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