Fijo, la sociedad es perfecta

La verdad que siempre había pensado que la sociedad era imperfecta; es más, muy imperfecta, imperfectísima, y tras 51 años de estudio y algún consejo de mi padre que me decía: «Oye, a ti lo de pensar algo normal no ¿verdad?» he llegado a una conclusión totalmente distinta: la sociedad es perfecta, pero de una perfección infinita, absoluta, tal que nunca imaginé.
Tú por ejemplo eres carpintero, vas de visita a una casa y te encuentras un comedor de madera bien labrada y un niño que se balancea en una de las sillas, que sale cada una por un pastón, e inconscientemente piensas: «A ver si la rompe y la arreglo yo y me gano unos eurillos». Y no es que tengas ganas de que la haga añicos y se fastidie todo el juego de mesa y sillas, que hasta ahí no llega tu maldad; pero si la destroza… pues ahí estás tú para repararla y que quede perfecta.
Pero supongamos que eres farmacéutico, pues cuando despachas unas aspirinas, pues eso, las vendes; pero también piensas: «Hombre, y este tío ¿por qué en vez de tener un catarrillo, que la caja de aspirina está a poco más de tres euros, no tendrá algo cardiovascular, que la dosis cuesta 200, total, con la edad que tiene…?». No es que quieras que sufra, y menos que se muera (que pierdes un cliente), pero un pequeñito problema coronario en vez de esa tosecilla tan tonta…
Pero, claro, es posible que no seas ni carpintero ni farmacéutico, sino que seas abogado, y cuando subes en ascensor hasta el 8º, que es donde vives, y lo haces con el del 4º y el 6º, pues hombre, los saludas como buen vecino y como amable que eres hasta les sonríes; pero en el fondo piensas: «¿Y por qué diablos no tendrán estos imbéciles una pequeña bronca y me encargo yo de la defensa de unos de ellos y entre el procurador, papeles, informes, atestados y pólizas me meto unos mil eurazos en el bolsillo?». Y añades a tu pensamiento: «Matarse no, pero un pequeño cristo… ».
Y fíjate si será perfecta la sociedad, pero perfecta, perfecta, que yo que soy periodista pienso: «¿Y por qué el carpintero, el farmacéutico y el abogado no se harán amigos, se van con sus familia de excursión y en una de esas visitas panorámicas del copón, al borde de un precipicio, se caen todos juntos, se estampan y sacó yo la exclusiva?». No digo matarse, pero una pequeña caída todo dios en picado… y yo escribiendo… De verdad, la sociedad, ahora lo sé, es perfecta, pero muy que muy perfecta, quizás algo interesada, pero perfectísima.

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