Iriney se despedía de la afición del Betis el pasado 12 de mayo, tras el último partido de Liga de su equipo. El Villamarín reconocía con una enorme ovación al que ha sido uno de los jugadores clave en su último ciclo, el hombre que ha aportado carácter y liderazgo a un equipo muchas veces sobrado de talento y falto de mala uva.
Eso es lo que trajo Iriney al Betis en sus tres años: brega, constancia e inteligencia para saber cuándo meter la pierna y llevarse una tarjeta obligada. A sus 31 años, el brasileño regaló grandes actuaciones en la pasada temporada, como la que protagonizó frente al Real Madrid, cuando mantuvo pegado a su equipo y se dejó la piel para detener los contragolpes rivales. A su lado, Beñat ha crecido y se ha convertido en uno de los jugadores de moda.
En definitiva, cuando Iriney decía adiós a la afición verdiblanca, lo hacía como su ídolo, sabedor de que no iba a continuar en Sevilla. El Betis no podía pagarle lo que pedía, y el jugador quedó libre hace apenas una semana. Málaga y Valencia, ciudades de Champions, sonaron como posibles destinos, pero ha acabado en Granada. ¿Por qué?
Más allá del atractivo del proyecto deportivo en Los Cármenes, sin duda han debido influir en la decisión de Iriney los tres años de contrato que ha firmado con el Granada. Para un hombre de 31 años, y que depende tanto de su capacidad física y no de su técnica -aunque la tenga-, asegurarse un salario jugoso hasta los 34 años es muy apetitoso. Que el club rojiblanco tenga, además, fama de buen pagador ayuda.
Para el Granada, hacerse con Iriney es dar un golpe encima de la mesa en el mercado ante otros clubes y mostrar su fuerte economía. Sobre el campo, el brasileño garantiza liderazgo y lucha, y provoca la salida inmediata de Moisés Hurtado, que se marchará tras haber completado un notable final de temporada. En cuanto a Fran Rico y Yebda, lo tendrán muy difícil para hacerse con el puesto de pivote si su nuevo compañero mantiene el nivel que ofrecía como bético.
Si lo ofrece, claro está. Porque tres años son muy largos, y habrá que ver si, a los 34 años, Iriney sigue respondiendo a las cantidades que ofrece su contrato. Si no es el caso, quizá el puño le acabe doliendo al que pegó el golpe sobre la mesa.

Cada día aparecen más jugadores que alargan su vida deportiva más allá de los treinta; pensemos sin ir más lejos en uno de los más destacados de la reciente Eurocopa, Andrea Pirlo. Esperemos que Iriney termine demostrando que el puñetazo a merecido la pena.