La Escuela Profesional de Comercio de Granada, III (extracto del libro conmemorativo del 75º Aniversario)
¿Un éxito contracorriente?
Al margen a todas las miserias personales, financieras y organizativas que acabamos de describir es preciso reconocer que la EPCG obtuvo un éxito inmediato entre los estudiantes granadinos. La necesidad de esa rama de estudios debía ser ampliamente sentida en la localidad. En los dos primeros cursos de actividad académica se matricularon 276 estudiantes, cuyos expedientes se conservan en el Archivo Histórico de la EPCG. Pese a las difíciles circunstancias que se vivieron durante aquellos años el éxito del nuevo centro fue significativo e inmediato, así que hay que concluir que la iniciativa estaba más que justificada pese al evidente déficit de recursos con que se toparon. O, al menos, eso pudo parecer. Por ello, aparte de la demanda en bruto, es preciso conocer algunos matices del estudiantado inicial que nos manifiesten cómo, porqué y en qué condiciones acudían los estudiantes a las aulas. Veamos una rápida descripción de esos expedientes para intentar conocer los detalles de dicho interés inicial.
En Octubre de 1934 la EPCG abrió sus puertas a 157 estudiantes, de ellos 139 varones y 33 mujeres (un 21%). El curso siguiente, 1935-36, la demanda disminuyó significativamente, aunque en medida en modo alguno alarmante, pues se abrieron otros 115 nuevos expedientes, entre los cuales 28 mujeres representaban incluso un ligero incremento relativo (un 24%). El problema es que, de entre todos ellos, 146 (un 53%) abandonaron los estudios en solo uno o dos cursos sin haber obtenido el título.
La mencionada demanda respondía sin duda a las necesidades locales y por tanto eran una fuerte mayoría (82%) los que habían nacido en la ciudad o en la provincia, si bien esa proporción fue mayor en el primer año y disminuyó ligeramente en el curso siguiente (65%). Entre los nacidos fuera de la provincia los más numerosos eran los naturales de Jaén y Almería, provincias vecinas donde aún no existían Escuelas de Comercio. Pero también los hubo procedentes de Málaga y hasta de Madrid –donde funcionaban dos de las Escuelas más antiguas de España– , y también de varias plazas extranjeras hasta un total de 21 provincias y tres países extranjeros.
La distribución por edades de los primeros estudiantes resulta muy significativa. Un primer grupo estaba formado por los nacidos en 1921 y 1922 (37 matriculados) que, con los nacidos en los dos años inmediatamente anteriores, llegan a ciento seis. Sus edades al realizar la matrícula, entre los once y los dieciséis años, indican claramente que se matriculaban en el grado preparatorio –algunos con asignaturas convalidadas de otros centros de bachillerato– y ninguno de ellos revalidó ni el Peritaje ni el Profesorado –al menos en la Escuela de Granada– pese a que fueron muchos los que estuvieron matriculados en el Centro de forma más o menos irregular durante ocho años o más. No parece, pues, que el grado preparatorio haya sido un buen instrumento para la captación de futuros estudiantes de los grados profesionales y probablemente sesgó el diseño de la carrera en una orientación inadecuada. Un segundo grupo incluye a los nacidos entre 1911 y 1918, con edades entre 17 y 24 años en 1934. Son ellos los inscritos en estudios periciales y profesionales y constituyeron, o deberían haber constituido, más bien, el núcleo central de la nueva Escuela y de la profesión subsiguiente en Granada. Su número en los dos cursos asciende a 129, pero la mayoría de ellos –nada menos que 76– interrumpieron sus estudios en el curso de 1936. Ninguno revalidó el Peritaje y sólo ocho, trasladados en su mayoría desde la Escuela de Málaga, el Profesorado. Es muy ilustrativo de cómo fueron las cosas entre estos primeros titulados de la EPCG el que cinco de ellos completaran sus estudios muy rápidamente, ya antes de la guerra, mientras que los tres restantes hubieron de esperar hasta 1951 para terminar sus carreras académicas. Los años Cuarenta, que contemplaron la consolidación y la refundación de la Escuela, fueron en la práctica perdidos para la producción de titulados. Sin duda la quiebra bélica dejó su marca entre los estudiantes de Comercio como veremos enseguida. Todos los que revalidaron el Profesorado eran granadinos, salvo una vallisoletana que tenía domicilio en Málaga. Finalmente, los alumnos nacidos antes de 1911 –con veintitrés años o más y sin duda con una actividad profesional ya iniciada en 1934– ascendían a treinta y uno y el de mayor edad entre ellos contaba con nada menos que cuarenta y tres años en 1935.
La procedencia académica de la primera oleada de estudiantes ilustra el éxito inicial del Centro, pero añade matices que invitan a la prudencia interpretativa a la hora de hacer valoraciones genéricas. Varios de los nuevos estudiantes, aunque nacidos en Granada, estaban previamente cursando estudios de Comercio en otras escuelas de España, particularmente en las de Málaga, Murcia y Madrid, desde donde trasladaron expediente. Sin duda aprovecharon la ocasión para retornar a casa, si es que realmente cursaban sus estudios fuera de ella, para reducir así molestias y gastos. Los alumnos libres fueron muy numerosos en todas las escuelas de España. Los alumnos procedentes de la que hasta poco tiempo antes había sido la Escuela de Altos Estudios Mercantiles de Málaga, por ejemplo, tenían, con una sola excepción, edades superiores a los dieciocho años y cuatro de ellos obtuvieron pronto el título de Profesor Mercantil, algunos en pocos meses. Los más de ellos estuvieron pocos años matriculados en el centro y un tercio obtuvo el título de Profesor en apenas dos años, aunque ninguno el de Perito. Uno, en particular, procedente de Almería, había cumplido ya los cuarenta años y completó sus estudios de Profesorado en una sola convocatoria. Sus fechas de nacimiento invitan a pensar en estudiantes libres, bastante maduros, que simultaneaban los estudios de Comercio con una actividad laboral paralela. Los mayores contingentes de inscritos procedían de otros centros locales de enseñanza media, en particular de los institutos Padre Suárez y Ganivet –fundado este último un año antes y disuelto pocos meses después– así como otros muchos de la provincia y provincias vecinas.
Mencionemos un último detalle. Las coincidencias de apellidos y domicilios sugieren la existencia de significativas afinidades familiares entre alumnos. Fueron muy numerosos –más de un tercio de los matriculados durante los dos primeros cursos– aquellos de quienes cabe suponer que se hicieran seguir por otros hermanos suyos en el camino de las aulas de la EPCG. La proporción es ligeramente mayor (37%) entre los alumnos del preparatorio y ligeramente inferior (32%) entre los de Peritaje y Profesorado pero no parece una diferencia significativa.
Hemos mencionado más arriba que esta generación se debió ver muy directamente afectada por la guerra civil. ¿Qué puede ofrecernos la estadística de estudiantes de la EPCG al respecto? Los alumnos varones nacidos entre 1910 y 1920, que estuvieron en edad militar a lo largo del conflicto, ascendían a 138. Cabe suponer que en su mayoría fueran llamados a filas, pero los datos disponibles no apoyan esta idea o exigen matices adicionales: un 45% de los varones de esas cohortes cortaron sus estudios durante los tres años de la guerra, lo que podría parecer mucho si no lo comparáramos con los abandonos anteriores al conflicto y, aún más, con la proporción de mujeres que abandonaron. El abandono femenino de las mismas cohortes asciende al 63%. Cabría haber esperado unas proporciones de abandono por sexos literalmente invertidas; el que no sea así parece un tanto paradójico aunque nada podemos concluir al respecto. En cualquier caso el dato invita a pensar en que la matrícula en la Escuela de Comercio pudo servir a numerosos varones granadinos para evitar los efectos negativos de la guerra, cualesquiera que aquellos fueran; movilización para unos o, para otros muchos, otras variadas y desconocidas razones más o menos habituales para abandonar los estudios sin concluirlos.
Pese a la mala situación de la Escuela en esos años, que hemos descrito en el epígrafe anterior, durante los críticos años entre 1936 y 1940 se matricularon en la Escuela 527 estudiantes de nueva inscripción. También en esos años fue la demanda estudiantil la que impuso seguir adelante tras un breve desplome que resultó, a la postre, poco significativo. Como se aprecia en el gráfico que recoge la evolución temporal de las nuevas matrículas, en 1936 llegó a su mínimo la inscripción de nuevos alumnos, punto de inflexión de una tendencia recesiva que pudo haber hecho temer lo peor, pero que se invirtió vigorosamente en los años siguientes. De este modo se aprecia que la matriculación durante los años de guerra fue, en promedio, similar a la de los dos cursos fundacionales, aunque con una tendencia manifiestamente positiva; y a la consolidación creciente durante la etapa bélica siguió una notable expansión del alumnado de nueva inscripción, que se inició en 1941 superando los logros anteriores de la etapa bélica y que alcanzó su ápice en 1944, tras la consolidación oficial del Centro y la normalización de sus actividades.
No se aprecian grandes diferencias estadísticas entre los alumnos de la etapa fundacional y los inscritos durante la etapa de excepción bélica. De entre los nuevos alumnos inscritos en el Centro entre 1936 y 1950, fueron varones 381 y 146 mujeres (28%). De los alumnos matriculados en esos años eran naturales de Granada capital y otros 112 del resto de la provincia, un 74% en su conjunto.
Pero de nuevo la intensidad de la demanda divergió notablemente de la calidad de la misma. Los resultados fueron igualmente deficientes que en la etapa anterior; 297 no obtuvieron título ninguno y la inmensa mayoría de ellos (69%) abandonaron los estudios apenas empezados, antes de 1940. Sólo 218 revalidaron el Peritaje. Destaquemos que fueron sólo diez quienes entre ellos revalidaron el Profesorado (sólo cinco obtuvieron ambos títulos) lo que sin duda estuvo relacionado con el hecho de que la consolidación postbélica del Centro, que trataremos enseguida, supuso la pérdida –transitoria– de su categoría académica a simplemente Pericial.
La impresión general que producen las estadísticas del alumnado de la primera oleada de estudiantes en la EPCG es la imagen de un centro docente que operó casi exclusivamente para uso local. Es claro que los nuevos estudios proporcionaron una cierta pero reducida diversificación de la oferta educativa local en la medida en que la Escuela atrajo a numerosos estudiantes de otros centros de enseñanza media y hasta superior. Algunos indicadores sugieren desde el principio una estrategia de masificación que se podría decir que ha continuado hasta nuestros días; dispuestos a maximizar los ingresos por matrícula y derechos de examen, abrieron las puertas a un buen número de estudiantes del bachillerato elemental y a numerosos estudiantes libres. El resultado no puede calificarse como bueno a pesar de la fuerte demanda: la tasa de abandono de los estudios fue elevadísima también desde el principio y la producción de titulados resultó escasísima con independencia de la crisis bélica.










