El pacto de Andalucía en un tweet

Pregunto al presidente José Antonio Griñán a través de twitter si podría resumir en 140 caracteres en qué consiste el pacto por Andalucía. Es evidente que ni el mundo se creó en siete días ni Andalucía se puede arreglar en un tweet; carácter arriba, carácter abajo.

De entrada, desconfío de todos los pactos, alianzas, simposios, encuentros y entuertos. Más aún si andan políticos de por medio -si hay periodistas, ni hablamos-.

Me responde Griñán que el pacto “parte de la sociedad” y que debe de ser ella quien haga las propuestas.

Está bien oír al personal. Sobre todo si se está dispuesto a escuchar lo que no se quiere oír.

Dice el presidente andaluz que el invento consiste en quedarse con lo mejor entre propuestas que puedan resultar “contradictorias”, de buscar la fórmula para sacar adelante proyectos que ya están en marcha.

Mientras no se demuestre lo contrario, la sociedad puede confiar en el pacto por Andalucía lo mismo que en cualquier programa electoral. Hay políticos que han firmado sus promesas ante notario y podemos dar fe de que al llegar al poder hicieron justo lo contrario.

Pero, a priori, la explicación de Griñán en un par de tweets resulta sensata.

Es evidente que existen proyectos que no tienen color político. Entre otras cosas, porque llevan décadas sin resolverse aunque hayan pasado gobiernos de todos los colores.

Estaría bien que todas las fuerzas políticas y sociales cerrasen un acuerdo sobre el futuro de Andalucía. Unos puntos básicos que se defiendan en cualquier parte y por encima de cualquier partido.

Y luego, si Griñán quiere escuchar a la sociedad, puede imaginar qué pedirá. Gobernantes que traigan pan y trabajo y se lleven la charanga y las panderetas; más industrias y menos subsidio. Que los andaluces no tengan que emigrar fuera y que Andalucía no se quede para los guiris; que los jóvenes encuentren un curro antes de llegar a viejos y que a los viejos les merezca la pena haber sido jóvenes.

Que la política no sea una trampa ni cobije a los tramposos. Y que cuando los políticos firmen un pacto empeñen su palabra.

Porque una palabra vale más que 140 caracteres.

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