Un 68 con Rajoy

68

En la inauguración del último tramo de la A-7, el equipo de Mariano Rajoy colocó una etiqueta con un número 68 a los periodistas para diferenciarlos de las personas; pese a que sean dos especies que se distingan fácilmente a simple vista.

Si la numeración de los actos públicos del presidente va en orden correlativo, espero que los compañeros que acudan a la siguiente convocatoria, al menos, puedan elegir.

Desde que en Moncloa y en Génova concluyeron que había que acercar a Rajoy al pueblo llano, los periodistas han avanzado del plasma al corralito. Es de agradecer que se hayan saltado la fase de las concertinas.

FOTO: JAVIER MARTIN

Tener un sitio reservado para asistir a la función está bien cuando uno acude al teatro, pero no cuando su misión consiste en relatar la realidad.

Algunos políticos piensan que los periodistas están para escuchar cuando su tarea es observar. Siempre me he negado a cubrir actos desde la distancia o por una línea interna de televisión. La noticia no está en el político que habla desde el atril, sino en el diputado que bosteza en la tribuna. Más relevante que el discurso público es lo que se cuchichea en privado.

No existen ni convocatorias a medios ni ruedas de prensa sin preguntas. En realidad, se trata de comparecencias sin respuestas; que es bien distinto.

Un reportero tiene que pedir permiso para despedirse de un bar antes de la última copa pero no para hacer preguntas. Por supuesto que el dirigente de turno tiene derecho a permanecer callado; y el periodista a recoger en su crónica los interrogantes que quedaron abiertos.

Lo contrario será convertir esta profesión en un succión recíproca entre los dos bandos. Y en la próxima, en lugar de una pegatina con el 68 nos darán un número superior.

Y por lo que a mí respecta me haré sexador de pollos.

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