La ciudad quería recuperar dos de sus parques más queridos que llevaban algún tiempo abandonados. El Violón, cuando no lo ocupaban las casetas y atracciones del recinto ferial, se había convertido en un estacionamiento indiscriminado de autocares. Además la especulación urbanística había llenado de amorfos bloques de pisos la zona agobiándola y ensombreciéndola. En proyecto de urbanización del Violón se invertirían quince millones de pesetas en su primera fase que contemplaba la urbanización de una franja paralela al río Genil de 41 metros de ancho por 300 metros de largo. La futura alameda arrancaría cerca de la ermita de San Sebastián, entre cuatro hileras de árboles que flanquearían un paseo central de pavimento blanco, igual al del Salón, que había sido renovado hacía poco tiempo. También se aprovecharían las columnas del matadero viejo para la construcción de una especie de pérgola.
En una segunda fase, que entonces solo estaba en la mente de Manuel Fernández Márquez, concejal de Obras Públicas que presentó el proyecto en los primeros días de octubre del año 1982, el Violón se agrandaría al recuperar el Paseo de San Sebastián y los terrenos de la Real Sociedad de Tenis.
En cuanto al Paseo de la Bomba, el Ayuntamiento quería convertirlo en un gran parque infantil, de uso exclusivo para peatones y bicicletas. Como las vías del tranvía no se habían tapado, se propuso aprovecharlas para que un tranvía de gasoil (poner en marcha el tendido eléctrico para los troles era costosísimo, se justificó el concejal) recorriera el Salón y la Bomba. En el centro del Paseo se colocarían uno de los viejos vagones, que sería una biblioteca juvenil, y un antiguo coche de bomberos para que jugaran los más pequeños. Otros quince millones se invertirían en esta obra.

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