A comienzos de los años 70 el tráfico comenzaba a ser un serio problema en la ciudad. Desde finales de la década anterior se vivió una transición en la que el español dejó de ser peatón y se convirtió en conductor, la mayoría de Seat, que en aquella época fabricaba un millón de vehículos. Las ciudades y sus calles se quedaron pequeñas para tanto coche. Entonces, aquel caos de tráfico era el mejor signo de la ciudad moderna y el caminante se vio obligado a cederle sus calles y sus plazas a su majestad el automóvil. Aumentaban el número de viandantes atropellados y se sucedían los concursos de Educación Vial para los chavales, campañas de seguridad del peatón e incluso el periódico publicaba anuncios en los que se pedía al transeúnte el respeto por las nuevas señales de tráfico: “¡Peatón, respeta las señales de tráfico, que al no hacerlo puedes jugarte la vida. Cruza solo cuando se encienda la luz verde y hazlo siempre por el camino más corto, nunca en oblicuo”, recomendaba IDEAL.

Atasco en Puerta Real. 22 de septiembre de 1970. Torres Molina/Archivo de IDEAL
Atasco en Puerta Real. 22 de septiembre de 1970. Torres Molina/Archivo de IDEAL

En el año 70, en Granada circulaban 73.000 vehículos y había muy pocos sitios donde aparcar. En las plazas y placetas la circulación se complicaba con las dobles e incluso triples filas de estacionamientos. Zonas como Bib-rambla se ocupaban de coches desde primera hora de la mañana. No existía aún la zona azul, aunque ya se reivindicaba, tampoco un horario de carga y descarga y muchas vías estrechas eran de doble sentido. Era el caso de la calle Tablas en la que, además, se utilizaban sus aceras para dejar el coche. O Recogidas, convertida en garaje público gratuito. Y ¿recuerdan la calle Mesones abierta al tráfico? O el caso de la calle Moras, a espaldas del Teatro de Isabel la Católica, que se puso de moda entre la juventud. En muy poco tiempo se abrieron en la calle una boutique, varias cafeterías, una discoteca y una sala de fiestas e incluso una terraza muy concurrida a la hora del aperitivo. A pesar de ser una vía sin salida (desembocaba en la entonces llamada Comandante Valdés, que tenía escalones), los vehículos accedían por ella sin problema, con el consiguiente jaleo para coches y peatones. A pesar de todo se aseguraba desde la dirección provincial de Tráfico que no se tomarían medidas drásticas, como que en ciertas calles se limitase la circulación solo y exclusivamente a vehículos de transporte público, taxis y ambulancias. Así lo sostenía el jefe provincial de Tráfico, Eladio Fernández Nieto. El problema no había hecho nada más que empezar.

Coches aparcados en la plaza del Campillo Bajo. 21/09/1970 Torres Molina/Archivo de IDEAL
Coches aparcados en la plaza del Campillo Bajo. 21/09/1970 Torres Molina/Archivo de IDEAL

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