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El 25 de mayo de 1949, a las cinco y media de la tarde, Felipe Reyes Muñoz vigilaba desde su humilde casa del Camino Viejo de Cenes a sus dos hijos, que se afanaban en coger frutos de un níspero, cuando notó que la tierra junto al canal de la Acequia Gorda se desprendía ligeramente. El caudal de agua superaba el metro de altura y asustado puso a sus pequeños a salvo justo a tiempo, ya que el margen derecho de la acequia se rompió y el agua salió como un torrente arrastrando todo lo que encontraba a su paso. El ruido que produjo el desbordamiento alertó a todo el vecindario, que no tuvo tiempo de poner a salvo sus pertenencias. Desde donde se produjo la rotura, a unos diez metros de la fábrica de alpargatas, el agua anegó los chalés 9 y 11 de la Carretera de la Sierra y varias casas particulares, así como los talleres y oficinas del tranvía, cuyos pasajeros fueron trasladados en camiones ante la imposibilidad de la circulación de los vehículos. La inundación arrasó por completo los sembrados en un radio de cerca de 100 metros cuadrados. Fue espectacular el paso del agua por la ribera del Genil hasta la estatua de Colón, donde se formó una balsa de basuras, enseres, piedras y lodos arrastrados por la riada. El servicio de guardia de bomberos, formado por el jefe y un capataz, trabajó si parar para extraer el agua de las viviendas y atender a todo cuanto pudiera amenazar peligro. No hubo que lamentar desgracias personales, pero dada la grave situación que la rotura de la acequia suponía para los intereses de la Vega, la alcaldía ordenó el corte de la circulación rodada y de caballerías por el Camino Viejo de Cenes para facilitar su reparación.

Muchos años después... En los días de calor era habitual ver a los chicos refrescándose en la acequia, una práctica muy peligrosa por la suciedad que arrastraba el agua. Esta imagen es de julio de 1984. Charo Valenzuela/Archivo de IDEAL
Muchos años después… En los días de calor era habitual ver a los chicos refrescándose en la acequia, una práctica muy peligrosa por la suciedad que arrastraba el agua. Esta imagen es de julio de 1984. Charo Valenzuela/Archivo de IDEAL

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