En los años treinta, no era extraño ver a los a un grupo de chicos remojándose en alguna fuente de la capital granadina, cuando no en el mismo cauce del río Genil.

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La falta de ‘baños públicos’, como se llamaban entonces, se hacía notar cuando el calor apretaba y «sentimos las angustias de la asfixia en estas coquetonas grilleras con nombres de pisos», se queja un redactor de IDEAL en un artículo publicado el 17 de julio de 1936. En la información, se detallan los intentos que se había realizado hasta la fecha para la construcción de piscinas públicas.

Aquel año había «higiénicas y modernas» pozas en el Triunfo, surtida por las aguas de Alfacar; en los huertos del Avellano, que llenaba sus depósitos con los derrames de la acequia del Generalife; en los aledaños del bosque septentrional de la Alhambra, con agua del Darro, o en los jardines del Genil, surtidas por las corrientes de este río o por el rico caudal de la acequia del Cadí. Los primeros proyectos serios para la construcción de piscinas se remontan a la primera década del siglo XX. El concejal Miguel Horques planteó al ayuntamiento la construcción de un pequeño embalse en el cauce del Genil antes de transcurrir por el puente Verde. Su boceto incluía la instalación de juegos náuticos y piscinas. En 1933, el ingeniero don Fernando Reyes ideó un baño en un carmen frente al paseo del Padre Manjón.La piscina, de dimensiones colosales, debía surtirse de las aguas del Darro. Se calculó que su coste sería de un millón y medio de pesetas. El 27 de julio de 1935, un mecánico llamado Enrique Pérez Cáceres, pidió autorización para construir unos ‘baños’ en el lado derecho del paseo de la Bomba, en una parcela junto a la calle Escoriaza. El proyecto pedía la cesión de agua de la acequia Real del Genil.
Una gran alberca en Ancha de Capuchinos y los populares baños de Don Simeón, o del Salón, distrajeron y refrescaron los veranos hasta que en 1946 abrió sus puertas la piscina del Estadio de la Juventud.

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En los años sesenta, el negocio estaba en expansión. En esa época se construyeron en Granada catorce piscinas. Una década después, comenzó a decaer. La piscina Miami, la Neptuno, la piscina Paraíso, la Nevada o la del Camping Sierra Nevada, eran las más populares. Tenían una afluencia de unas doscientas personas, que se doblaba en los fines de semana y festivos, y costaban entre 50 y 75 pesetas (estos datos son de 1975).

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A partir de los noventa se hicieron más populares en los municipios del cinturón, un verdadero oasis muy cerca de la capital.

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