Muchos granadinos recordarán esta efeméride, de la que se cumplen 40 años, pues el colegio de los padres Salesianos formaba parte de la granadina estampa del Triunfo y mucha tinta se vertió en su día sobre el cambio de domicilio de aquel vetusto y tradicional edificio de la Avenida Divina Pastora.

Habrá quien, echando mano de la nostalgia, recuerde la vieja Plaza de Toros, el antiguo convento de los Capuchinos que antecedió al actual donde hoy se guardan con fervor los restos de Fray Leopoldo; el manicomio y orfanato en el Hospital Real… En la misma explanada daban la vuelta, “previo cambio de agujas, los tranvías de los pueblos y proseguían los que cubrían el trayecto por el interior de la ciudad hasta San Antón, por San Juan de Dios a la plaza de la Trinidad y Alhóndiga” (del artículo ‘El monumento de la Virgen en el Triunfo’ Juan Bustos, Ideal 8 de junio de 1986).

El 7 de septiembre de 1977 un derribo “por implosión” redujo a escombros la que había sido casa de los Padres Salesianos desde los años cuarenta.

En el año 1941, la Orden Salesiana anunció su propósito de establecer sus escuelas taller en Granada. Para este fin contaban con un terreno cedido por la familia López-Barajas en el populoso barrio del Triunfo: “Con el establecimiento de los talleres escuelas salesianos podría no resultar estéril en muchos casos el esfuerzo que se realiza con los niños que asisten a las escuelas granadinas en especial a las del sistema manjoniano, pues los alumnos que salieran de aquellas, con diez o doce años, en los talleres de los padres Salesianos haría el aprendizaje de un oficio, para llegar a una formación profesional de los futuros obreros”, explica un artículo de ideal publicado el 18 de abril de 1941.

La educación de la época era más que insuficiente, no había un sistema que garantizara la escolaridad y los recursos que se asignaban eran mínimos. La Orden Salesiana acogió a niños sin recursos. En el año 47, se habilitó un pabellón escolar donde daban clases por la mañana y por la tarde no solo a los más pequeños, sino también a jóvenes obreros. Las Escuelas contaban con talles de mecánica, electromecánica, cerrajería artística, carpintería, talla, escultura, encuadernación… el germen de la futura formación profesional. Dirigidos por José María Campoy, se instaló un ‘Hogar de Aprendices’ donde los jóvenes egresados seguirían completando su formación, un punto de encuentro con biblioteca, banda de música, teatro, cine y deporte y se puso en marcha el Oratorio Festivo, y el colegio se abría a la ciudad los domingos y festivos.

Operarios trabajan retirando el barro acumulado en los Jardines del Triunfo tras las lluvias que anegaron Granada y varios pueblos de la Vega. Al fondo, el colegio de los Salesianos y el convento de Capuchinos. 18 de febrero de 1963. Foto Torres Molina/Archivo de Ideal

En la Avenida de Capuchinos permanecen hasta que, en el año 71 venden ‘la Huerta’ y se trasladan al Zaidín, un barrio obrero que entonces, comenzaba a crecer y donde, en un primer momento, no fueron bien recibidos. Con el tiempo fueron ganando a los vecinos, ya que «buena parte de la responsabilidad en el desarrollo del barrio la tienen los salesianos», como dijo un arzobispo de la ciudad. El barrio les concedió su Gorrión de Plata con motivo del 150 aniversario de la fundación de la congregación salesiana y su labor reconocida por el Ayuntamiento de Granada que les dio la medalla de oro en 1996.
Una curiosidad. El conocido azulejo que representa a San Juan Bosco ante un fondo de paisaje granadino rodeado de niños se inauguró el 16 de mayo de 1948.

2 Comentarios en El derribo del antiguo colegio de los Salesianos

  1. Hice prácticas de Magisterio, que estudiaba en la cercana Escuela de Magisterio Padre Mangoneando.
    Recuerdo algo que me llamo la atención: los alumnos, muy pobres, pagaban lo que podían.

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