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El sueño de Granada’92

Granada también quería el 92. Y lo quería en forma de Olimpiada Blanca, de manera que, hace ahora treinta años, desempolvó la vieja aspiración olímpica que Fraga Iribarne y Samaranch pretendieran para 1976 (y que no prosperó por razones económicas al acceder a la cartera de Turismo Alfredo Sánchez Bella), e hizo llegar a Jesús Hermida, secretario de Estado para el Deporte, la firme voluntad de la ciudad de asumir la responsabilidad de organizar unos juegos olímpicos de invierno. Antonio Jara, como alcalde de Granada; Jorge Manrique, representante de la estación Solynieve; Manuel Peregrina, de la Federación Andaluza de Esquí; y los representantes de la Diputación José Sánchez Faba y Antonio Pipo Jaldo encabezaron el nuevo proyecto para el que se requerían varios miles millones de pesetas, ya que Sierra Nevada todavía estaba por hacer. Entre muchas cosas había que ampliar la carretera de la Sierra y «construir una nueva vía para establecer independientemente la subida y la bajada», edificar aparcamientos, una villa olímpica y, por supuesto, las instalaciones deportivas: pistas para hockey, de bobsleigh y ¡un palacio de hielo! Además había que ampliar y modernizar la estación de tren y “el ferrocarril a Sierra Nevada”. El 28 de noviembre de 1983, el alcalde presentaba la candidatura granadina ante el COE y, un mes más tarde, Granada se despertaba del sueño olímpico al inclinarse el Comité por la celebración de Barcelona”92. La ilusión que siguió viva permitió poner en marcha el Campeonato Mundial del 95 y volver a intentarlo con Granada 2010.

Olímpica decepción

Tal día como hoy, hace 10 años, los granadinos nos despertábamos del sueño olímpico cuando, contra todo pronóstico, el COE eligió Jaca como candidata española para la organización de los Juegos de Invierno de 2010. Pocos meses después, el COI retiró la candidatura de la ciudad oscense y eligió a Vancouver para organizar los XXI Juegos de Invierno.

[*] El alcalde de Granada, José Moratalla, muestra su decepción tras conocer la nominación de Jaca/ Archivo IDEAL

Se inaugura la primera industria del Polo de Desarrollo

En febrero de 1969, la provincia recibió con ilusión el decreto que otorgaba a Granada la creación de un Polo de Desarrollo y que ayudaría a estimular el raquítico sector industrial granadino. El proyecto consistía en la construcción de un polígono y la concesión de importantes ayudas (como la reducción de impuestos) a las empresas que quisieran instalarse en él. Pues bien, hace cuarenta años, en concreto el 14 de enero de 1972, se inauguró en Maracena la primera empresa protegida por este plan empresarial. Se trataba de una fábrica de cañas de pescar y artículos deportivos fundada conjuntamente por una empresa de capital francés y el desparecido Banco de Granada. La maquinaria propagandística del franquismo se puso en marcha y la factoría se inauguró por todo lo alto, con la presencia de las más importantes autoridades  provinciales y del Movimiento e incluso el Caudillo recibió a los directivos de la fábrica en el Palacio de El Pardo. Strateurop S. A., que así se llamaba la empresa, fue la primera de unas pocas. Pero el Polo de Desarrollo fracasó. El profesor Gil Bracero apuntaba en un artículo publicado en este periódico que tan solo se crearon 665 de los 3.288 puestos de trabajo previstos y que, en 1974, solo se habían creado nueve empresas acogidas al Polo de Desarrollo.

La nevada del siglo

La mañana del 18 de diciembre de 1946 Granada amaneció cubierta por un manto de nieve. El fuerte temporal que azotaba la provincia desde hacía varios días permitió incluso esquiar en Puerta Real. El periódico la anunciaba como la “nevada más intensa y persistente de todo el siglo”, así lo constataba el Observatorio de Cartuja de la Compañía de Jesús, que también apuntaba que el año con mayor número de nevadas había sido, hasta entonces, 1917.

La nieve incomunicó a la Alpujarra. La Carretera de Madrid estaba cortada a la altura de la Venta de la Nava, hasta más allá de Campotéjar y el último vehículo que cruzó Loja desde Málaga fue la Alsina, antes de que se interrumpiera el tráfico. No era extraño ver nevadas en la capital pero solían producirse en los meses de enero a marzo, en diciembre era más raro. La vida en la ciudad quedó prácticamente interrumpida. El reparto de pan, agua y leche, fue complicado, ya que los burros que tiraban de los carros cargados con la mercancía se resbalaban con facilidad. Por la tarde se alcanzaron hasta treinta centímetros de nieve. Durante todo el día las temperaturas se mantuvieron bajo cero y se alcanzó una máxima de 2,6 grados.

Esquiadores en Puerta Real

Los jóvenes no le temieron a las condiciones meteorológicas y, durante la mañana, la Cuesta de Gómerez fue pista de esquí para los más atrevidos. Se llegó a esquiar en la Acera del Casino, en la Carrera del Genil, en el Paseo del Salón, en la Avenida de Cervantes y en Plaza Nueva. Eso sí, hubo varios accidentados que tuvieron que ser atendidos en la Casa de Socorro.

Otras nevadas “del siglo”

El 21 de enero de 1957, volvió a repetirse el titular. Pero esta vez al frío y la nieve se sumó una tormenta eléctrica que dejó sin luz y sin servicio telegráfico a la ciudad. El diario cuenta la anécdota de un señor que tenía que tomar el tren exprés para Madrid. Como no pudo encontrar un taxi en toda la capital que le llevara a la estación, llamó por teléfono a ésta con la esperanza de encontrar alguno dispuesto a recogerle. Insistió tanto, que le dijeron que el único transporte disponible era el autobús que cubría la línea con Puerta Real y, como no le quedaba otra opción, pidió que se lo enviasen. Llegó a tiempo, pero tuvo que pagar cuarenta billetes de ida y otros tantos de vuelta.

El mes de diciembre más frío se registró en 1980, cuando los termómetros no marcaron más que cinco grados ºC de media.