Categoría: Local

De los baños de Don Siméon a la piscina Neptuno

En los años treinta, no era extraño ver a los a un grupo de chicos remojándose en alguna fuente de la capital granadina, cuando no en el mismo cauce del río Genil.

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La falta de ‘baños públicos’, como se llamaban entonces, se hacía notar cuando el calor apretaba y «sentimos las angustias de la asfixia en estas coquetonas grilleras con nombres de pisos», se queja un redactor de IDEAL en un artículo publicado el 17 de julio de 1936. En la información, se detallan los intentos que se había realizado hasta la fecha para la construcción de piscinas públicas.

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Encuentros en el Llano de la Perdiz

En 1987, el programa de Radio Popular ‘Alerta OVNI’ hizo un llamamiento a todos los aficionados a la ufología. La noche del 7 de julio de aquel año parecía ser una noche mágica y había una probabilidad alta de que los extraterrestres de manifestaran. Unas mil personas, según cuenta IDEAL en su edición del 17 de julio de 1987, se dirigieron al Llano de la Perdiz para presenciar este fenómeno. El programa, en el que colaboraron J.J. Benítez o Amelia Afán de Ribera, entre otros, contaba también con ‘corresponsales’ en lugares como el pico del Veleta, La Herradura, Santa Fe o Jaén, atentos a cualquier fenómeno extraño que apareciera en el cielo. Y parece que ocurrió. Continúa la información de IDAL que al programa llamaron testigos que veían objetos en el cielo, que se movían en dirección norte-sur y hacían bajadas verticales a una velocidad inusual. Todos coincidían en su testimonio.

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Paul y Annie, desde París al Veleta en bicicleta

Era (y aún lo es) una bonita tradición la de subir al Veleta el primer domingo de agosto para celebrar la romería de la Virgen de las Nieves. En el año 1984, un grupo de ciclistas se unió a la peregrinación y un año después lo harían varios corredores de fondo. De esta manera comenzó a celebrarse una de las carreras más duras de este país. La Subida al Pico del Veleta está reservada para los deportistas más preparados, pero, en 1985, año en el que se celebraba la segunda edición de la prueba cicloturista, solamente tres o cuatro de los participantes consiguió coronar los 3.390 metros antes que un matrimonio francés de mediana edad que se apuntó a la carrera de manera espontánea.
Paul y Annie Excoffier, de cincuenta y cuarenta y nueve años y residentes en Grenoble, eran buenos aficionados al deporte de la bicicleta. Llegaron a Granada desde París, ciudad donde comenzó su viaje el 20 de julio, y querían llegar hasta Gibraltar pedaleando. Más de dos mil kilómetros con etapas en ciudades como Orleans, Angulema, Burdeos, Toulouse, Andorra, Lérida, Zaragoza, Madrid, Toledo, Ciudad Real, Jaén, Granada, Málaga y Gibraltar. Cargaron unos cincuenta kilos de equipaje sobre sus vehículos y comenzaron la aventura. En el manillar lucían un cartel con sus intenciones: ‘Ruta de las ciudades del sur. De París a Gibraltar. 2.600 kilómetros’. Cada día recorrían unos 150 y pedían, en cada puesto de la Guardia Civil que encontraban, que sellasen sus libros de viaje como una especie de pasaporte jacobeo. Llevaban una tienda ligera y algo de alimento que les permitía dormir en cualquier sitio y seguir camino. Cuando llegaron a Granada llevaban dieciséis días pedaleando. Aún así, decidieron subir a Sierra Nevada con el grupo de ciclistas convocados por el Biciclub Requena y casi llegan los primeros.

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No fueron los únicos espontáneos. Un perro vagabundo que andaba buscando comida en las afueras de la capital se unió a los cuatro fondistas que hicieron, por primera vez, el ascenso corriendo. No se apartó de los atletas hasta la misma cumbre.
Aquel día, mientras los termómetros en la capital rebasaban los 41 grados, los privilegiados que acompañaron a la Virgen Blanca en su romería disfrutaron de los neveros del Veleta. Entre ciclistas, atletas, turistas y montañeros cuenta la crónica que publicó IDEAL que subieron a la Sierra unas tres mil personas. Tras la misa, la gente bajó a buscar la sombra de los pinos cerca de la Fuente de Don Manuel, los Peñones de San Francisco o en los pocos restaurantes que había abiertos entonces en Pradollano y la carretera.

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Adiós al sereno

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Hacía tiempo que Manuel Sola, alcalde de Granada, estaba empeñado en reorganizar la policía municipal, con más efectivos y material más moderno, para estar en consonancia con las nuevas necesidades que demandaba la ciudad. Pero había un problema: que el presupuesto era muy ajustado y apenas si llegaba para aumentar el número de agentes a los 300 que se consideraban necesarios para la inspección de las ordenanzas. Así que la vigilancia nocturna, es decir, los serenos, eran responsabilidad del vecindario.

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Madrugar en la playa para ver sacar ‘el copo’

A primera hora del día, cuando el frescor de la mañana ensancha los pulmones, un grupo de curiosos rodea a los pescadores en cualquier playa del litoral. Los marengos se afanan en la sacada del ‘copo’, y arrastran hasta la orilla las redes con la captura del pescado más pequeño que ronda la orilla al amanecer. Es temprano y todavía no hay sombrillas en la arena, pero ‘el copo’ es casi una atracción turística. Varios pescadores se dirigen mar adentro en una pequeña barca de remos. copo

 

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Para el calor, melón y agua de la Fuente de la Bicha

Vendedores de melones y aguadores volvían a las calles de la ciudad cuando llegaba el calor. Personajes de la Granada de ayer, tipos que permanecen en el recuerdo de los más mayores

Este artículo publicado en la sección Puerta Real de IDEAL en julio de 1965 recuerda uno de los populares puestos de melones de la plaza de los Lobos, pero también los había en San Isidro, la Mariana, el Campillo, la Trinidad el Albaicín o el Realejo. Eran unos puestos miserables y harapientos, cuyos vendedores dormían sobre sacos.

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Recuerdo que Juan Bustos escribió en alguna ocasión que había quien compraba un melón en alguno de estos puestos callejeros y le inyectaba un poco de aguardiente dulce. Se dejaba enfriar y se lo comían en un banco del Salón, de la Mariana, la Trinidad o el Camino de Ronda. Saborear sin prisas aquellas ‘tajás’ dulcísimas que sabían a gloria era un auténtico placer.

En la calle Mesones, un puestecito ofrecía agua fresca de la Fuente de la Bicha. Mariana Lemús llevaba desde 1951 vendiendo el codiciado líquido tan preciado por los granadinos. Junto a las damajuanas, una coplilla animaba las ventas
«¿Quiere tener buena salud
y ser un roble en la tierra?;
beba agua de la Bicha
y el corazón de una piedra»

 

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La noche de San Juan

Era una noche de leyendas, misterios y ritos: el trébol, el huevo estrellado, el baño al filo de la media noche y las hogueras. En Granada el fulgor provenía de la Sierra o de las caserías de la Vega, donde los pastores y cortijeros celebraban con fuego la noche mágica. También se encendían hogueras en la Alhambra, majestuosas luminarias que alumbraban el cielo de la ciudad y, en el mismo momento en el que repicaban doce campanadas en la Torre de la Vela, los granadinos refrescaban su rostro con las aguas purificadas del Darro o del Genil.

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El sortilegio para convertir el agua en milagrosa obligaba a incluir en la pócima tréboles de cuatro hojas recogidos en las márgenes del río y recitar el conjuro:
«La mañana de San Juan
cuaja la almendra y la nuez.
Así cuajan los amores
cuando dos se quieren bien».
El paseo del Salón, decorado con adornos venecianos, era uno de los lugares preferidos para la celebrar la fiesta y para cumplir con el rito había que lavarse en las fuentes de la Bomba y la Ninfa. Al llegar a casa, una clara de huevo dormía en un vaso de agua junto a la ventana.
En los primeros años del siglo XX, el Liceo o el Centro Artístico organizaban animadas veladas en Los Mártires o en la popular Caseta del Genil.

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Pero las costumbres de la noche de San Juan, cargadas de tipismo y de ritos ancestrales fueron desapareciendo.

[*] En ‘Miscelánea de Granada‘ César Girón dedica un capítulo a la celebración en Granada de la noche de San Juan.

Los reyes de Jordania visitan Granada

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El 13 de junio de 1955 los reyes de Jordania, Hussein I y su esposa, acompañados por un séquito de catorce personas,  visitaron Granada. Les recibió el alcalde Manuel Sola, cicerone en su paseo por la Alhambra. El joven rey, que apenas había cumplido los veinte años, tan solo conoció la Alhambra y el Generalife. La reina Dina (la primera esposa del monarca que se casaría cuatro veces),  también quiso visitar la Capilla Real. (más…)

Comienza el derribo de La Manigua

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El 4 de junio de 1940, el alcalde de Granada, Antonio Gallego Burín, con impecable traje, rodeado de concejales y con el indispensable sacerdote, en este caso les acompañaba Gregorio Espín, iniciaba la demolición de la antigua Casa de Socorro en el Campillo, la primera en ser derribada para el saneamiento de la Manigua, el barrio rojo de la capital granadina, zona de juergas, tabernas, de gentes de vida alegre y desvergonzada, «de vicio y degeneración». Un lupanar que, como decía una nota de la alcaldía, había hecho que la ciudad «se deshiciera material y espiritualmente». Contaba Juan Bustos (“El nacimiento de la calle Ganivet” IDEAL, 18 de septiembre de 2004) ” (más…)

Flores para Gerardo Diego

La celebración del IV centenario de la muerte de San Juan de Dios sirvió de excusa para organizar en Granada unos Juegos Florales. Tuvieron lugar el 12 de junio de 1950 en el Palacio de Carlos V. Los Juegos consistían en la lectura y entrega de unos premios de poesía, pero con una pomposa puesta en escena. Se concedían tres galardones, un mantenedor leía el discurso principal y se elegía a una ‘reina de los Juegos’, que encarnaba el ideal femenino de la época. En aquel homenaje a San Juan de Dios, José María Pemán, actuó de mantenedor. La ‘flor natural’, el máximo galardón del concurso, se entregó a Gerardo Diego por el poema ‘Amor de caridad’ y Manuel Benítez Carrasco y el canónigo de Zamora, Romero López, conseguían sendos accésits. La elegida como ‘reina’ fue la hija del ministro de Educación José Ibáñez, que a su vez actuaba como presidente del concurso, y que posaba (la chica, no el ministro), rodeada por la ‘Corte de amor’, un séquito de compañeras ataviadas con pomposos vestidos de baile.

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