Pequeño viaje al mundo de los niños de los años setenta

En 1972, este diario publicó una serie de reportajes con el objetivo de conocer un poco más a los niños granadinos de aquellos años. Para realizarlos, se encuestó a un centenar de chicos, de entre seis y ocho años, de los colegios Andrés Manjón y Maristas, y de niñas del Colegio Santo Domingo, Regina Mundi y la Consolación. De su lectura podemos sacar algunas conclusiones sobre si ha cambiado, o no tanto, la infancia en estos cuarenta años.
A los chicos se les preguntó por la televisión. Les gustaba, y mucho, aunque solo había dos canales, la programación comenzaba a las 11,15 con la carta de ajuste y el espacio dedicado a los pequeños apenas se extendía más de hora y media cada tarde («no hay casa sin tele –comenta Santi Lozano, el redactor de IDEAL– y esto puede ser un inconveniente. Todo depende de lo que le dejen ver en sus hogares», qué ingenuo…). La serie ‘Meteoro’, era la favorita junto a ‘Perdidos en el espacio’ o ‘El Planeta azul’ de Félix Rodríguez de la Fuente. El Telediario y ‘La Casa del Reloj’, un latazo, decían. El primero porque «no dan más que noticias para mayores y tíos de esos de oficinas» y el segundo, porque era un programa «aburrido». Tampoco gustaba mucho ‘Buenas Tardes’, un espacio de entrevistas y reportajes presentado por Raúl Matas y que seguía a los programas infantiles de la primera cadena hasta el Telediario de las nueve.

Alumnos de los Maristas forman fila para entrar a clase en una imagen de 1972. Torres Molina/Archivo de IDEAL
Alumnos de los Maristas forman fila para entrar a clase en una imagen de 1972. Torres Molina/Archivo de IDEAL

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El ‘Día de la Raza’ en Granada, por Associated Press

La agencia de noticias norteamericana Associated Press ha publicado un curioso vídeo  que tiene como protagonista la Ciudad de Granada. Lleva por título de “Celebración del descubrimiento de América. Bandera republicana ondea en Granada delante de la estatua de Colón en honor a su viaje de 1492”. En las imágenes, el pendón ondea desde la balconada del ayuntamiento. El portador grita “¡Viva España, viva la República, viva Granada!”. A continuación el cortejo desfila por la plaza del Carmen (atención al cartel del edificio Bernina, en el que se lee ‘La Cordobesa’). Parece que giran a la derecha, camino de la Capilla Real. La imagen se corta. El siguiente plano muestra el cortejo junto al monumento de Isabel la Católica en su antiguo emplazamiento del Paseo del Salón. Pajes portan en escudo de la ciudad. Maceros acompañan al estandarte que de nuevo se ondea ante el regio monumento”.

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La gran Avenida del Azúcar

Parece que siempre ha estado ahí, pero la calle más emblemática de la capital apenas cuenta con 120 años de vida. Su historia comenzó el 25 de agosto de 1895, cuando Moreno Mazón, arzobispo de Granada, dio los simbólicos golpes con una piqueta de plata en una casilla de la entonces Placeta del Pozo de Santiago (situada más o menos donde hoy está la calle Marqués de Falces) con los que comenzó la obra para su construcción.

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Pero esta aventura comenzó un poco antes. En 1852, un joven farmacéutico onubense llamado Juan López Rubio, adivinando que el azúcar escasearía con la pérdida de las colonias de ultramar, invirtió en el cultivo de la remolacha y montó la primera fábrica de azúcar de la provincia, el Ingenio de San Juan. Le seguirían hasta diez industrias más que enriquecieron a la flamante burguesía granadina. En 1890, en calidad de presidente de la Cámara de Comercio, pidió al ayuntamiento «la apertura de una calle de setecientos metros de longitud, por veinte de latitud, que partiendo de la de Méndez Núñez frente a la de Sierpe y cortando el Zacatín, Mesa Redonda y calle Cárcel, siga al lado del Mercado de San Agustín, cruce la de Lecheros y pasando entre Santiago y Santa Paula, corte el laberinto de manzanas que sigue hasta la Tinajilla, formando una sola alineación recta desde el arranque hasta el Triunfo, sin interesar ningún edificio de importancia, público ni particular».

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Sería como los grandes bulevares de París, la gran Avenida del Azúcar. Se pensó que estaría terminada en 1892, IV Centenario del descubrimiento de América, de ahí lo de Gran Vía de Colón, pero la obra tardaría más de 35 años en acabarse.
El primer edificio que comenzó a construirse fue la iglesia del Sagrado Corazón de los Jesuitas (en 1897). Tres años después, el promotor de la calle, Juan López Rubio, levantaría el primer bloque de viviendas de la calle, en el número 26, que hoy no existe. En 1921 se construyó el Coliseo Olimpia, en 1925 la casa de la Perra Gorda y en el 32 comenzaron las obras del Banco de España.

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A nadie parecía importarle entonces las 244 casas de los barrios de Mezquita y Santiago, que habían dado forma a la ciudad medieval, y que se derribaron para edificar la ciudad moderna. Sucumbieron para siempre el Palacio de Cetti Meriem, la casa de Diego de Siloé (frente al edificio del Banco de España), el Palacio de la Inquisición, el Convento del Ángel Custodio, el Colegio Catedralicio, la Casa de los Seises, el Colegio de San Fernando… Por cierto, se ignoró la propuesta de la Real Academia de San Fernando de dejar una plaza en la parte trasera de la Catedral para que se pudiera contemplar desde la flamente vía. Para pasear por la calle más emblemática de la ciudad, se pagó un precio muy alto.

De los baños de Don Siméon a la piscina Neptuno

En los años treinta, no era extraño ver a los a un grupo de chicos remojándose en alguna fuente de la capital granadina, cuando no en el mismo cauce del río Genil.

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La falta de ‘baños públicos’, como se llamaban entonces, se hacía notar cuando el calor apretaba y «sentimos las angustias de la asfixia en estas coquetonas grilleras con nombres de pisos», se queja un redactor de IDEAL en un artículo publicado el 17 de julio de 1936. En la información, se detallan los intentos que se había realizado hasta la fecha para la construcción de piscinas públicas.

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Y Gades y Hoyos bailaron ‘El amor brujo’ con el Sacromonte

En los años ochenta un doloroso quejido bajaba por la Cuesta del Chapiz. La zambra agonizaba y con ella el Sacromonte. La señal de socorro la lanzó Curro Albaicín, que imaginó y creó el espectáculo ‘Recordando el Camino’ para rescatar la zambra más tradicional del olvido. Se estrenó en el Isabel la Católica y giró por otros teatros del país ante un público entregado que conoció bailes inéditos interpretados por bailaores veteranos del barrio. Por primera vez salió de la cueva sacromontana la cachucha, la mosca, las manchegas, la alboreá, el fandango del Albaicín, el tango falseta, la zambra mora… sonidos poco conocidos fuera del barrio pero que inspiraron a Falla o Ángel Barrios. La gente, acostumbrada al baile individual, por soleá, por seguiriyas o por alegrías, se quedaba de piedra ante un baile de doce mujeres . Aquellas mujeres (la menor de setenta años, menos La Coneja y La Mona, que tenían cuarenta y cinco), encarnaban el espíritu del Sacromonte.

Carlos Saura y Antonio Gades en la zambra de María 'la canastera'. 7 de agosto de 1985
Carlos Saura y Antonio Gades en la zambra de María ‘la canastera’. 7 de agosto de 1985

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Un boxeador llamado Primitivo Benavente

Esta es una historia contada en dos noticias breves publicadas en IDEAL en 1935. Una de ellas es la crónica de una velada de boxeo celebrada el 18 de agosto en un local de la calle Santiago. Velarde, Brú, Arboleda, Callejas, Kid Veneno y Parejo eran los boxeadores que aquella noche se verían las caras en el ring.

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Uno de los boxeadores contratados, Geringote, no acudió a la cita  pero, por suerte, un joven púgil podía sustituirlo en el combate contra Laure. Se llamaba Primitivo Benavente y “providencialmente” (al redactor del artículo le parece demasiada casualidad, no se pierdan la crónica de arriba) había llegado a la ciudad aquella mañana. Sin embargo en el cuarto round del  combate, se suspendió la pelea. Primitivo sufre una caída que le deja fuera de las cuerdas del ring. Tan sólo sufrió lesiones leves pero no pudo seguir peleando.

Al día siguiente, IDEAL cuenta que este boxeador era en realidad un soldado desertor del grupo de tanques de Melilla. Lo reconoció un cabo de la guardia civil que se encontraba entre el público. Lo detuvieron al día siguiente en una casa de San José Baja. Su nombre real era José Gutiérrez Gómez y había usurpado el nombre del boxeador para poder participar en aquel combate.

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Aquí desaparece su pista. Es difícil saber qué fue de José Gutiérrez Gómez, e incluso Google no dice mucho sobre Primitivo. El buscador devuelve una referencia suya en el libro de Fernando Vadillo ‘Los Irreductibles’ sobre los boxeadores que combatieron en la División Azul. ¿Qué fue de Primitivo? ¿Y del local de la calle Santiago? Kid Veneno y Velarde eran granadinos… Busco pistas ¿algún aficionado al boxeo en la sala?

 

Encuentros en el Llano de la Perdiz

En 1987, el programa de Radio Popular ‘Alerta OVNI’ hizo un llamamiento a todos los aficionados a la ufología. La noche del 7 de julio de aquel año parecía ser una noche mágica y había una probabilidad alta de que los extraterrestres de manifestaran. Unas mil personas, según cuenta IDEAL en su edición del 17 de julio de 1987, se dirigieron al Llano de la Perdiz para presenciar este fenómeno. El programa, en el que colaboraron J.J. Benítez o Amelia Afán de Ribera, entre otros, contaba también con ‘corresponsales’ en lugares como el pico del Veleta, La Herradura, Santa Fe o Jaén, atentos a cualquier fenómeno extraño que apareciera en el cielo. Y parece que ocurrió. Continúa la información de IDAL que al programa llamaron testigos que veían objetos en el cielo, que se movían en dirección norte-sur y hacían bajadas verticales a una velocidad inusual. Todos coincidían en su testimonio.

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Paul y Annie, desde París al Veleta en bicicleta

Era (y aún lo es) una bonita tradición la de subir al Veleta el primer domingo de agosto para celebrar la romería de la Virgen de las Nieves. En el año 1984, un grupo de ciclistas se unió a la peregrinación y un año después lo harían varios corredores de fondo. De esta manera comenzó a celebrarse una de las carreras más duras de este país. La Subida al Pico del Veleta está reservada para los deportistas más preparados, pero, en 1985, año en el que se celebraba la segunda edición de la prueba cicloturista, solamente tres o cuatro de los participantes consiguió coronar los 3.390 metros antes que un matrimonio francés de mediana edad que se apuntó a la carrera de manera espontánea.
Paul y Annie Excoffier, de cincuenta y cuarenta y nueve años y residentes en Grenoble, eran buenos aficionados al deporte de la bicicleta. Llegaron a Granada desde París, ciudad donde comenzó su viaje el 20 de julio, y querían llegar hasta Gibraltar pedaleando. Más de dos mil kilómetros con etapas en ciudades como Orleans, Angulema, Burdeos, Toulouse, Andorra, Lérida, Zaragoza, Madrid, Toledo, Ciudad Real, Jaén, Granada, Málaga y Gibraltar. Cargaron unos cincuenta kilos de equipaje sobre sus vehículos y comenzaron la aventura. En el manillar lucían un cartel con sus intenciones: ‘Ruta de las ciudades del sur. De París a Gibraltar. 2.600 kilómetros’. Cada día recorrían unos 150 y pedían, en cada puesto de la Guardia Civil que encontraban, que sellasen sus libros de viaje como una especie de pasaporte jacobeo. Llevaban una tienda ligera y algo de alimento que les permitía dormir en cualquier sitio y seguir camino. Cuando llegaron a Granada llevaban dieciséis días pedaleando. Aún así, decidieron subir a Sierra Nevada con el grupo de ciclistas convocados por el Biciclub Requena y casi llegan los primeros.

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No fueron los únicos espontáneos. Un perro vagabundo que andaba buscando comida en las afueras de la capital se unió a los cuatro fondistas que hicieron, por primera vez, el ascenso corriendo. No se apartó de los atletas hasta la misma cumbre.
Aquel día, mientras los termómetros en la capital rebasaban los 41 grados, los privilegiados que acompañaron a la Virgen Blanca en su romería disfrutaron de los neveros del Veleta. Entre ciclistas, atletas, turistas y montañeros cuenta la crónica que publicó IDEAL que subieron a la Sierra unas tres mil personas. Tras la misa, la gente bajó a buscar la sombra de los pinos cerca de la Fuente de Don Manuel, los Peñones de San Francisco o en los pocos restaurantes que había abiertos entonces en Pradollano y la carretera.

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Adiós al sereno

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Hacía tiempo que Manuel Sola, alcalde de Granada, estaba empeñado en reorganizar la policía municipal, con más efectivos y material más moderno, para estar en consonancia con las nuevas necesidades que demandaba la ciudad. Pero había un problema: que el presupuesto era muy ajustado y apenas si llegaba para aumentar el número de agentes a los 300 que se consideraban necesarios para la inspección de las ordenanzas. Así que la vigilancia nocturna, es decir, los serenos, eran responsabilidad del vecindario.

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“Dios Mío, ¿qué hemos hecho?”

El 6 de agosto de 1945, las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos lanzaron el primer ataque nuclear de la historia contra la ciudad japonesa de Hiroshima

Dios mío, ¿qué hemos hecho?», escribió precipitadamente en una página de su diario el copiloto del Enola Gay, Robert Lewis, cuando la primera bomba atómica comenzó a desfigurar la ciudad costera de Hiroshima. Eran las nueve y cuarto de la mañana del día 6 de agosto de 1945. La explosión acabó de manera inmediata con la vida de ochenta mil personas pero, a finales de aquel año, los muertos se elevaban a unos ciento cincuenta mil. El 8 de agosto, IDEAL publicó la información en su portada con el titular «Los yanquis utilizan con éxito la bomba atómica por primera vez en la historia». «La energía atómica puede destruir el mundo», añadía el subtítulo.
Muchos años después, Estados Unidos justificaba que las masacres atómicas de Hiroshima y Nagasaki habían servido para acortar la guerra y que, en consecuencia, habían salvado muchas vidas. Era mentira. Cuando Truman tomó esta cruel decisión, Japón estaba al borde de la derrota, una rendición que se hizo oficial el 15 de agosto. Sin embargo, en la información del día de la masacre, la prensa internacional hablaba de «su aprovechamiento para la paz».

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En su edición del 9 de agosto, IDEAL ampliaba la noticia: «Toda señal de vida extinguida en Hiroshima», se lee en la portada.
Aquel día, este periódico informaba además sobre el extraño suceso del «bólido caído en Diezma». «Se le vio cruzar el espacio en dirección norte dejando tras sí estela de brillante dorado, que aumentó al aproximarse al suelo. Al caer produjo una fuerte llamarada de humo y desapareció». Quizás para tranquilizar a la opinión pública, conmocionada por los terribles acontecimientos históricos, se aseguraba que el fenómeno no tenía nada de extraño, ya que se esperaba para el diez de agosto las «terceidas», las lágrimas de San Lorenzo, lluvia de estrellas que ya era popular observar. Unos días más tarde, el suceso volvió a repetirse y una partícula que cayó del cielo quemó el brazo de una mujer que se encontraba en el patio de su casa del Cerrillo de Maracena. Se descartó que la chispa pudiera proceder de su cocina o que se tratara de una chispa eléctrica.