Y Gades y Hoyos bailaron ‘El amor brujo’ con el Sacromonte

En los años ochenta un doloroso quejido bajaba por la Cuesta del Chapiz. La zambra agonizaba y con ella el Sacromonte. La señal de socorro la lanzó Curro Albaicín, que imaginó y creó el espectáculo ‘Recordando el Camino’ para rescatar la zambra más tradicional del olvido. Se estrenó en el Isabel la Católica y giró por otros teatros del país ante un público entregado que conoció bailes inéditos interpretados por bailaores veteranos del barrio. Por primera vez salió de la cueva sacromontana la cachucha, la mosca, las manchegas, la alboreá, el fandango del Albaicín, el tango falseta, la zambra mora… sonidos poco conocidos fuera del barrio pero que inspiraron a Falla o Ángel Barrios. La gente, acostumbrada al baile individual, por soleá, por seguiriyas o por alegrías, se quedaba de piedra ante un baile de doce mujeres . Aquellas mujeres (la menor de setenta años, menos La Coneja y La Mona, que tenían cuarenta y cinco), encarnaban el espíritu del Sacromonte.

Carlos Saura y Antonio Gades en la zambra de María 'la canastera'. 7 de agosto de 1985
Carlos Saura y Antonio Gades en la zambra de María ‘la canastera’. 7 de agosto de 1985

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Un boxeador llamado Primitivo Benavente

Esta es una historia contada en dos noticias breves publicadas en IDEAL en 1935. Una de ellas es la crónica de una velada de boxeo celebrada el 18 de agosto en un local de la calle Santiago. Velarde, Brú, Arboleda, Callejas, Kid Veneno y Parejo eran los boxeadores que aquella noche se verían las caras en el ring.

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Uno de los boxeadores contratados, Geringote, no acudió a la cita  pero, por suerte, un joven púgil podía sustituirlo en el combate contra Laure. Se llamaba Primitivo Benavente y “providencialmente” (al redactor del artículo le parece demasiada casualidad, no se pierdan la crónica de arriba) había llegado a la ciudad aquella mañana. Sin embargo en el cuarto round del  combate, se suspendió la pelea. Primitivo sufre una caída que le deja fuera de las cuerdas del ring. Tan sólo sufrió lesiones leves pero no pudo seguir peleando.

Al día siguiente, IDEAL cuenta que este boxeador era en realidad un soldado desertor del grupo de tanques de Melilla. Lo reconoció un cabo de la guardia civil que se encontraba entre el público. Lo detuvieron al día siguiente en una casa de San José Baja. Su nombre real era José Gutiérrez Gómez y había usurpado el nombre del boxeador para poder participar en aquel combate.

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Aquí desaparece su pista. Es difícil saber qué fue de José Gutiérrez Gómez, e incluso Google no dice mucho sobre Primitivo. El buscador devuelve una referencia suya en el libro de Fernando Vadillo ‘Los Irreductibles’ sobre los boxeadores que combatieron en la División Azul. ¿Qué fue de Primitivo? ¿Y del local de la calle Santiago? Kid Veneno y Velarde eran granadinos… Busco pistas ¿algún aficionado al boxeo en la sala?

 

Encuentros en el Llano de la Perdiz

En 1987, el programa de Radio Popular ‘Alerta OVNI’ hizo un llamamiento a todos los aficionados a la ufología. La noche del 7 de julio de aquel año parecía ser una noche mágica y había una probabilidad alta de que los extraterrestres de manifestaran. Unas mil personas, según cuenta IDEAL en su edición del 17 de julio de 1987, se dirigieron al Llano de la Perdiz para presenciar este fenómeno. El programa, en el que colaboraron J.J. Benítez o Amelia Afán de Ribera, entre otros, contaba también con ‘corresponsales’ en lugares como el pico del Veleta, La Herradura, Santa Fe o Jaén, atentos a cualquier fenómeno extraño que apareciera en el cielo. Y parece que ocurrió. Continúa la información de IDAL que al programa llamaron testigos que veían objetos en el cielo, que se movían en dirección norte-sur y hacían bajadas verticales a una velocidad inusual. Todos coincidían en su testimonio.

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Paul y Annie, desde París al Veleta en bicicleta

Era (y aún lo es) una bonita tradición la de subir al Veleta el primer domingo de agosto para celebrar la romería de la Virgen de las Nieves. En el año 1984, un grupo de ciclistas se unió a la peregrinación y un año después lo harían varios corredores de fondo. De esta manera comenzó a celebrarse una de las carreras más duras de este país. La Subida al Pico del Veleta está reservada para los deportistas más preparados, pero, en 1985, año en el que se celebraba la segunda edición de la prueba cicloturista, solamente tres o cuatro de los participantes consiguió coronar los 3.390 metros antes que un matrimonio francés de mediana edad que se apuntó a la carrera de manera espontánea.
Paul y Annie Excoffier, de cincuenta y cuarenta y nueve años y residentes en Grenoble, eran buenos aficionados al deporte de la bicicleta. Llegaron a Granada desde París, ciudad donde comenzó su viaje el 20 de julio, y querían llegar hasta Gibraltar pedaleando. Más de dos mil kilómetros con etapas en ciudades como Orleans, Angulema, Burdeos, Toulouse, Andorra, Lérida, Zaragoza, Madrid, Toledo, Ciudad Real, Jaén, Granada, Málaga y Gibraltar. Cargaron unos cincuenta kilos de equipaje sobre sus vehículos y comenzaron la aventura. En el manillar lucían un cartel con sus intenciones: ‘Ruta de las ciudades del sur. De París a Gibraltar. 2.600 kilómetros’. Cada día recorrían unos 150 y pedían, en cada puesto de la Guardia Civil que encontraban, que sellasen sus libros de viaje como una especie de pasaporte jacobeo. Llevaban una tienda ligera y algo de alimento que les permitía dormir en cualquier sitio y seguir camino. Cuando llegaron a Granada llevaban dieciséis días pedaleando. Aún así, decidieron subir a Sierra Nevada con el grupo de ciclistas convocados por el Biciclub Requena y casi llegan los primeros.

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No fueron los únicos espontáneos. Un perro vagabundo que andaba buscando comida en las afueras de la capital se unió a los cuatro fondistas que hicieron, por primera vez, el ascenso corriendo. No se apartó de los atletas hasta la misma cumbre.
Aquel día, mientras los termómetros en la capital rebasaban los 41 grados, los privilegiados que acompañaron a la Virgen Blanca en su romería disfrutaron de los neveros del Veleta. Entre ciclistas, atletas, turistas y montañeros cuenta la crónica que publicó IDEAL que subieron a la Sierra unas tres mil personas. Tras la misa, la gente bajó a buscar la sombra de los pinos cerca de la Fuente de Don Manuel, los Peñones de San Francisco o en los pocos restaurantes que había abiertos entonces en Pradollano y la carretera.

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Adiós al sereno

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Hacía tiempo que Manuel Sola, alcalde de Granada, estaba empeñado en reorganizar la policía municipal, con más efectivos y material más moderno, para estar en consonancia con las nuevas necesidades que demandaba la ciudad. Pero había un problema: que el presupuesto era muy ajustado y apenas si llegaba para aumentar el número de agentes a los 300 que se consideraban necesarios para la inspección de las ordenanzas. Así que la vigilancia nocturna, es decir, los serenos, eran responsabilidad del vecindario.

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“Dios Mío, ¿qué hemos hecho?”

El 6 de agosto de 1945, las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos lanzaron el primer ataque nuclear de la historia contra la ciudad japonesa de Hiroshima

Dios mío, ¿qué hemos hecho?», escribió precipitadamente en una página de su diario el copiloto del Enola Gay, Robert Lewis, cuando la primera bomba atómica comenzó a desfigurar la ciudad costera de Hiroshima. Eran las nueve y cuarto de la mañana del día 6 de agosto de 1945. La explosión acabó de manera inmediata con la vida de ochenta mil personas pero, a finales de aquel año, los muertos se elevaban a unos ciento cincuenta mil. El 8 de agosto, IDEAL publicó la información en su portada con el titular «Los yanquis utilizan con éxito la bomba atómica por primera vez en la historia». «La energía atómica puede destruir el mundo», añadía el subtítulo.
Muchos años después, Estados Unidos justificaba que las masacres atómicas de Hiroshima y Nagasaki habían servido para acortar la guerra y que, en consecuencia, habían salvado muchas vidas. Era mentira. Cuando Truman tomó esta cruel decisión, Japón estaba al borde de la derrota, una rendición que se hizo oficial el 15 de agosto. Sin embargo, en la información del día de la masacre, la prensa internacional hablaba de «su aprovechamiento para la paz».

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En su edición del 9 de agosto, IDEAL ampliaba la noticia: «Toda señal de vida extinguida en Hiroshima», se lee en la portada.
Aquel día, este periódico informaba además sobre el extraño suceso del «bólido caído en Diezma». «Se le vio cruzar el espacio en dirección norte dejando tras sí estela de brillante dorado, que aumentó al aproximarse al suelo. Al caer produjo una fuerte llamarada de humo y desapareció». Quizás para tranquilizar a la opinión pública, conmocionada por los terribles acontecimientos históricos, se aseguraba que el fenómeno no tenía nada de extraño, ya que se esperaba para el diez de agosto las «terceidas», las lágrimas de San Lorenzo, lluvia de estrellas que ya era popular observar. Unos días más tarde, el suceso volvió a repetirse y una partícula que cayó del cielo quemó el brazo de una mujer que se encontraba en el patio de su casa del Cerrillo de Maracena. Se descartó que la chispa pudiera proceder de su cocina o que se tratara de una chispa eléctrica.

Madrugar en la playa para ver sacar ‘el copo’

A primera hora del día, cuando el frescor de la mañana ensancha los pulmones, un grupo de curiosos rodea a los pescadores en cualquier playa del litoral. Los marengos se afanan en la sacada del ‘copo’, y arrastran hasta la orilla las redes con la captura del pescado más pequeño que ronda la orilla al amanecer. Es temprano y todavía no hay sombrillas en la arena, pero ‘el copo’ es casi una atracción turística. Varios pescadores se dirigen mar adentro en una pequeña barca de remos. copo

 

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Andrés Segovia ‘descubre’ el Patio de los Leones

La noche del 24 de junio de 1955 Andrés Segovia comenzó su actuación en el Salón de Reyes de la Alhambra, pero hacía tanto calor que, en la segunda parte, el maestro decidió continuar en el Patio de los Leones. Las crónicas cuenta que, además del calor, el reducido espacio del Salón impedía a los espectadores ver bien las manos del maestro, así que ordenó que llevaran su silla y su taburete al templete y el público lo siguió hasta el patio, aunque parte del auditorio se conformó con un hueco en el bordillo.

Un acalorado concertista le comenta al promotor del Festival, Antonio Gallego Burín, que se sale al patio a terminar su actuación
Un acalorado concertista le comenta al promotor del Festival, Antonio Gallego Burín, que se sale al patio a terminar su actuación

Así, de esta manera improvisada, el Festival descubrió uno de sus escenarios más emblemáticos, un lugar que estos días habría cumplido 60  años de conciertos. Las notas sublimes del ‘Bourree’, la exquisitez del ‘Preludio’  o el sabor medieval de la famosa ‘Gavota’ de Bach, fueron las primeras que se escucharon en este marco privilegiado. Nunca más volvió a utilizarse el Salón de los Reyes, estrenado para estos menesteres por el ‘Cuarteto Vegh’ en 1953, y fue sustituido por el Patio, lugar imprescidible de los recitales alhambreños hasta hasta el año 1974. Por entonces el Patronato de la Alhambra llevaba varios años intentando devolver al recinto su antigua fisonomía y plantar un jardín. Ya no había espacio para el público y el Festival dejó de programar conciertos junto a la Fuente de los Leones.

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Concierto a cargo de la Agrupación Nacional de Música de Cámara.

El último tuvo lugar un año antes, el 2 de julio de 1973 con el Cuarteto Festival de Granada como protagonistas. Esta y otras anécdotas las cuentan José Luis Kastiyo y Rafael del Pino el libro de la historia del Festival Internacional de Música y Danza de Granada.

Para el calor, melón y agua de la Fuente de la Bicha

Vendedores de melones y aguadores volvían a las calles de la ciudad cuando llegaba el calor. Personajes de la Granada de ayer, tipos que permanecen en el recuerdo de los más mayores

Este artículo publicado en la sección Puerta Real de IDEAL en julio de 1965 recuerda uno de los populares puestos de melones de la plaza de los Lobos, pero también los había en San Isidro, la Mariana, el Campillo, la Trinidad el Albaicín o el Realejo. Eran unos puestos miserables y harapientos, cuyos vendedores dormían sobre sacos.

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Recuerdo que Juan Bustos escribió en alguna ocasión que había quien compraba un melón en alguno de estos puestos callejeros y le inyectaba un poco de aguardiente dulce. Se dejaba enfriar y se lo comían en un banco del Salón, de la Mariana, la Trinidad o el Camino de Ronda. Saborear sin prisas aquellas ‘tajás’ dulcísimas que sabían a gloria era un auténtico placer.

En la calle Mesones, un puestecito ofrecía agua fresca de la Fuente de la Bicha. Mariana Lemús llevaba desde 1951 vendiendo el codiciado líquido tan preciado por los granadinos. Junto a las damajuanas, una coplilla animaba las ventas
«¿Quiere tener buena salud
y ser un roble en la tierra?;
beba agua de la Bicha
y el corazón de una piedra»

 

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Carlos Gardel, el dios del tango

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Murió hace 80 años y se convirtió en un mito. Carlos Gardel perdió la vida en un accidente de avión en Medellín hoy hace 80 años. Hay quien dice que era francés, otros que uruguayo y no falta quien asegura que en realidad era argentino y que se hizo pasar por emigrante para ocultar su origen humilde. Granada no tiene argumentos para ser cuna de Carlos Gardel, pero recupero del archivo de IDEAL una noticia publicada el 20 de agosto de 1969 en la que, como en el caso de otras grandes leyendas de la música, se asegura que el Zorzal no murió en aquel fatídico accidente, sino que continuaba vivo, aunque desfigurado, en una hacienda de Medellín.

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