La penicilina llega a Granada

El 10 de enero de 1947, Granada estrenaba un depósito para la dispensación urgente de penicilina que facilitaba el medicamento a los enfermos en un plazo de tres o cuatro horas. Hasta entonces se tenía que pedir a Madrid y el trámite podía demorarse durante semanas. Había otras maneras de conseguirla más rápido pero de un modo “extraoficial”, lo que obligaba a pagarlo muy caro, a unas 200 o 300 pesetas. Con la inauguración del depósito de penicilina cualquier granadino, para obtener el tratamiento, debía acudir a la Inspección Provincial de Sanidad con su historia clínica y la receta del médico en la que estaba descrita la cantidad precisa para su cura. Una vez conseguida la autorización, el paciente podía pedir la medicina en cualquier farmacia que, a su vez, la adquiría en el depósito del Colegio de Farmacéuticos. Cada unidad costaba 17 pesetas. En su apertura, el servicio disponía cien ampollas de penicilina marca “Speke”. Las dosis llegaban a Granada desde Madrid en una especie de termos con hielo que, para mantener su eficacia, debían de conservarse a seis grados. En mayo de ese año, Charles Thom, a quien Fleming envió su primera placa e identificó el hongo de la penicilina, hizo una parada en su apretada agenda de conferencias por toda España para visitar la Alhambra.

Se inaugura la primera industria del Polo de Desarrollo

En febrero de 1969, la provincia recibió con ilusión el decreto que otorgaba a Granada la creación de un Polo de Desarrollo y que ayudaría a estimular el raquítico sector industrial granadino. El proyecto consistía en la construcción de un polígono y la concesión de importantes ayudas (como la reducción de impuestos) a las empresas que quisieran instalarse en él. Pues bien, hace cuarenta años, en concreto el 14 de enero de 1972, se inauguró en Maracena la primera empresa protegida por este plan empresarial. Se trataba de una fábrica de cañas de pescar y artículos deportivos fundada conjuntamente por una empresa de capital francés y el desparecido Banco de Granada. La maquinaria propagandística del franquismo se puso en marcha y la factoría se inauguró por todo lo alto, con la presencia de las más importantes autoridades  provinciales y del Movimiento e incluso el Caudillo recibió a los directivos de la fábrica en el Palacio de El Pardo. Strateurop S. A., que así se llamaba la empresa, fue la primera de unas pocas. Pero el Polo de Desarrollo fracasó. El profesor Gil Bracero apuntaba en un artículo publicado en este periódico que tan solo se crearon 665 de los 3.288 puestos de trabajo previstos y que, en 1974, solo se habían creado nueve empresas acogidas al Polo de Desarrollo.

El rey don Juan Carlos y la Tortilla del Sacromonte

Probó el típico plato en el restaurante Los Manueles

En enero de 1982, Don Juan Carlos y Doña Sofía, acompañados por las infantas Elena y Cristina (el príncipe se quedó en Madrid estudiando para recuperar unas asignaturas), pasaron unos días en Sierra Nevada. El último día de sus vacaciones el mal tiempo obligó a cerrar la estación y la familia bajó a Granada para comer en Los Manueles. Aparcaron el todoterreno que conducía Don Juan Carlos en la Plaza del Carmen y, como unos turistas más, caminaron hasta el restaurante que les había preparado una salita privada para un almuerzo tranquilo. Eligieron unos aperitivos de jamón, consomé con huevo, habas, ensaladas y tortilla del Sacromonte. Ángel de la Plata, propietario del bar, advirtió al Rey: «Majestad: le voy a servir una tortilla del Sacromonte como dicen que se tiene que hacer y otra como la hacemos aquí». La tradicional incluía entre sus ingredientes sesos y criadillas. Había incluso quien le añadía el tuétano del hueso y riñones. Al Rey no le gustó mucho esta especialidad, pero la anécdota fue muy comentada en Granada y la tortilla del Sacromonte se puso de moda durante unos días. Gómez Montero dedicó su sección ‘Andar por Casa’ a los mejores bares de Granada donde degustar la auténtica tortilla del Sacromonte: El Cunini, Los Mariscos, Los Leones… Recopiló opiniones y recetas. Siempre ha sido un plato fuerte, pero al eliminarse algunos ingredientes para hacerla más ligera se convirtió en lo que en muchos sitios se conoce como la ‘tortilla paisana’. Gómez Montero recordaba en su columna que el cocinero que mejor las hacía era ‘El Titos’, que las guisaba en la Abadía del Sacromonte para el Cabildo y el Ayuntamiento durante la festividad de San Cecilio, y que daba clases en la Escuela de Hostelería sobre cocina tradicional granadina. También recordó al mejor ‘catador’, el periodista Narciso de la Fuente.
Los Reyes se marcharon de la ciudad tras tomar el café con agentes de la Policía municipal en el Ayuntamiento.

La Noche de Reyes

Primero hay que elegir el regalo.

[*] Anuncios de Almacenes “El 95” publicados por IDEAL en el año 66

Los escaparates se llenaban de juguetes

El Centro Artístico se encargaba de organizar la cabalgata

[*] Anuncio aparecido en IDEAL en 1948

Y, por fin, llegaba la noche mágica

[*] Cabalgata de Reyes Magos en Granada. La primera foto corresponde a  finales de los años 40, pero desconozco la fecha concreta; la segunda se publicó el 6 de enero de 1947 y se puede ver el paso del cortejo por la calle Reyes Católicos.

 

Llega Vavá

Los reyes magos le trajeron al Granada CF un nuevo entrenador. El 5 de enero de 1977, el brasileño Vavá llegaba al club optimista: “el ascenso es difícil, pero lo intentaremos”, comentó el técnico. El compañero de Pelé en la selección de su país permaneció en el club rojiblanco hasta el 7 de marzo de 1978. Sustituyó a Héctor Núñez y fue sustituido el 24 de mayo de 1978 por Errazquin. El Granada CF competía en Segunda División y el equipo titular con el que se encontró el nuevo técnico estaba formado por Izcoa, Gerardo, Edison, Grande, Falito, Angulo, Benítez, Antonio, Lorenzo, Parits y Quiles. Tenía 43 años, vino acompañado por su hijo de 18, firmó por un millón de ficha y 50.000 pesetas de sueldo mensual.

 

 

 

El ayer y hoy de una tradición

Como es costumbre cada 2 de enero las chicas casaderas tocan la campana de la Torre de la Vela para encontrar marido. Así lo ha contado hoy IDEAL.es.

Popularmente la conocemos como la campana de la Vela aunque el nombre con el que fue bautizada en el siglo XVI es el ‘Jesús, María, José y Santa María de las Mercedes’. Pesa unos 1.200 kilos, ha sido fundida en ocho ocasiones, la primera en 1569 y la última en 1773 y era, por excelencia, la campana de ‘rebato’ de Granada, o sea, la que que alertaba de la inminencia de cualquier peligro. Durante la guerra civil adquirió un especial protagonismo pues fue la única a la que se le permitió dar las señales de alarma en caso de un bombardeo aéreo. La campana de la Vela es, también, la más ‘laica’ y la que más fielmente sigue dando sus toques como antaño. Sonaba todas las noches a Ánimas y para los riegos de la Vega; el Día de la Toma de Granada, a la salida y entrada de la Virgen de Santa María de la Alhambra, en la procesión de la Virgen del Rosario en memoria de la victoria en la batalla de Lepanto y el 12 de octubre, en conmemoración del Descubrimiento de América. (Más información en el artículo Granada dispone de un primer catálogo de campanas. Victoria Fernández. IDEAL 7 de diciembre de 2003)

Esta ha sido una tradición que IDEAL siempre ha contado a sus lectores. La foto de arriba corresponde a los años sesenta. Y, a continuación, la página del periódico del 2 de enero de 1964.

 

El día del Guardia Urbano

Para los hombres del casco blanco». Así firmaba Zirto el artículo de “Siluetas y momentos” de la sección de opinión de IDEAL el 22 de diciembre de 1934. En él lanzó la idea de ofrecer un homenaje a los agentes de circulación, para los que pedía un obsequio de parte de «cada uno de los dueños de los automóviles que durante el año transcurrido han podido librarse de un serio accidente por intervención directa de los agentes de la circulación rodada». La idea la recogió la Compañía de Autobuses Urbanos, a la que secundó parte de la prensa de la ciudad y, el 1 de enero de 1935, por primera vez en Granada, los agentes recibieron el homenaje popular como «premio a sus meritísimos servicios al público». Desde muy temprano, el puesto de Puerta Real y el de Correos se fueron llenando de regalos, algún que otro pavo y botellas de vino, que el guardia cambiaba por abrazos de agradecimiento. «Su presencia conmovió a los curiosos que ya se habían estacionado en las aceras para presenciar el nuevo espectáculo en nuestra ciudad», decía IDEAL. Se recibieron los paquetes más peculiares, como una bandeja de dulces que llevaba como dedicatoria: «De un ciudadano que no ha sido atropellado». En otro momento, el conductor de una furgoneta le dejó al agente una ristra de cebollas. Al guardia del cruce de la plaza del Carmen y la calle del Príncipe, un dentista le entregó una tarjeta escrita por detrás con el texto «vale por la extracción de una muela». Los conductores de la Alsina y de la compañía de autobuses urbanos les regalaron cajas de licores y aves. Otro obsequio curioso fue el que recibió el guardia de la Carrera del Genil: como alguien le había regalado un gallo, que estaba atado de una pata junto al agente, al pasar un vecino, le entregó un papel en el que se leía: «Vale por diez céntimos de trigo para el pollo». Un sastre regaló un corte de traje y otro se ofreció a coserlo gratis. En pleno cruce de Gran Vía con Reyes Católicos, los camareros de un restaurante cercano colocaron una mesa y un mantel y sirvieron un almuerzo de entremeses, tortilla del Sacromonte, rape, gambas fritas y habas con jamón para los guardias destinados en ese puesto, que comieron ante la mirada de todo el que pasaba por allí. De esta manera cuenta IDEAL que transcurrió el primer día dedicado a los «hombres del casco blanco», una tradición que se celebró todos los primeros de año, se suspendió durante la Guerra Civil, se retomó en 1951 y se mantuvo hasta los 70.

El 30 de diciembre de 1971, el teniente de alcalde delegado de la policía, Rojas Pérez, pidió en un pleno municipal que dejara de celebrarse el homenaje «por el bien del tráfico», que había aumentado bastante desde que se iniciara la fiesta treinta años atrás. El concejal aseguraba haber preguntado a la plantilla y contar con el acuerdo de todos en suspender la celebración.

[* Celebración del día del guardia urbano en 1968]

Granada rinde homenaje a los pregoneros españoles

Hace 50 años…

Un forastero enjuto, de barba blanca y nariz aguileña, con capa de paño y sombrero negro, provisto de un chuzo y un candil, paseaba orgulloso por la ciudad camino del Ayuntamiento. Era Crescenciano Narillos, el ‘Tío Colorao’, pregonero abulense de ochenta y dos años y sereno de honor en los actos que ‘La Voz de Granada’, gracias al empeño de su subdirector Rafael Gómez Montero, y el Ayuntamiento, habían organizado para homenajear a los pregoneros de España. Sería el encargado de dar la hora en el escenario del Teatro Isabel la Católica de la manera tradicional; «Ave María Purísima… Las doce y sereno…», pero una indisposición en mitad del acto inaugural del congreso lo mandó unos días al Sanatorio 18 de Julio afectado por un resfriado. No obstante, la ceremonia continuó tal y como estaba prevista. A mediados de diciembre de 1961, unos treinta pregoneros llegaron a la ciudad desde todos los rincones de España. Desfilaron por Granada, desde el anteriormente mencionado ‘Tío Colorao’, a la anciana pregonera del Barranco, seguidos por un cámara del No-Do, que no perdió ni un detalle de la actuación de la Ronda del Cántaro de Piedralaves en el Mirador de San Nicolás, ni la visita al Generalife y la Alhambra, ni a la Virgen de las Angustias. Por la noche el escenario del Isabel la Católica, decorado por Antonio Moscoso y Manuel Maldonado, recibió los acordes de los rústicos instrumentos de las agrupaciones musicales y los cantares del cobro de contribuciones, de la obligación de la limpieza de calles, de los artículos de venta para la matanza, el anuncio de las próximas fiestas… «la vida real de España llevada al salón lujoso de un teatro». El momento más aplaudido de la noche fue cuando el pregonero de Móstoles recitó el bando que, en 1808, proclamó el estado de guerra contra el Ejército francés. Después actuaron María la Canastera, Charito Romero, Vicente el Granaíno y Pepe Albaicín. García Sanchiz fue nombrado pregonero mayor de España y Agustín Lara, honorario de Granada.