Han empapelado Almuñécar y La Herradura con carteles con la noticia de un chico que se llama Jorge ‘El Cristalero’ que busca a su novia, Emi ‘La Chopi’, que ha sido secuestrada por un grupo de amigas. ‘El Cristalero’ dice que ofrece una recompensa por la pista que puede llevar a dar con su novia: renueva gratis todos los cristales de la casa del informante. Los carteles van acompañados de la foto de la chica comiéndose una cigala, al menos eso parece.
Evidentemente se trata de una manera de llamar la atención sobre dos jóvenes que van a contraer matrimonio. La chica estaría en una de esas despedidas de soltera que duran varios días y el novio la reclama con ese mensaje.
De un tiempo a esta parte se celebra de manera diferente las despedidas de la soltería. Antes, cuando los novios se casaban vírgenes, sólo las celebraban los hombres. El novio casi siempre terminaba en una casa de putas llevado por sus amigos o por su propio padre, para que aprendiera cuando estuviera con la esposa en la noche de bodas. Pero ahora la cosa se ha salido de madre y, por supuesto, ya no es patrimonio de los hombres. Granada se ha convertido en una de las ciudades más elegidas por chicos y chicas de toda España para celebrar las despedidas de la soltería. Eso decía el otro día una información de este periódico. Para comprobarlo, no tiene usted, querido lector, nada más que darse una vuelta por el centro de Granada un viernes o un sábado. Lo mismo puede usted ver por la calle Navas a una chica semidesnuda montada en un burro con toda una cohorte de amigas con penes de goma en la cabeza, que a unos chicos en Plaza Nueva vestidos de cavernícolas o zombis montados en una limusina y borrachos hasta las trancas. Es lo que se lleva. Me cuentan que una de las bromas preferidas por los participantes en la despedida de soltero es emborrachar hasta los límites del coma etílico al novio y montarlo en el tren que va a Madrid. Allí amanece el hombre sin saber exactamente lo que ha pasado. El objetivo es divertirse hasta perder el sentido, si hace falta. Se trata, según la tradición, de la última noche en la que el novio y la novia tendrán la libertad de hacer lo que quieran antes de estar atados a la columna del matrimonio. Las chicas contratan a un boy para tocarle el paquete y los chicos contratan a una stripper para que se desnude delante de ellos. Emociones baratas que sólo servirán para simular una alegría que no es normal en la temida cotidianeidad. Y alcohol, mucho alcohol, porque, entre otras cosas, lo que hay que enmascarar es la triste realidad de los tiempos que nos ocupan.
Dijo Lawrence Durrel que buscamos llenar el vacío de nuestra individualidad y por un
breve momento disfrutamos de la ilusión de estar completos. Pero es sólo una ilusión:
el amor une y después divide. Por eso tal vez al final de uno de los carteles del ‘cristalero’ de Almuñécar que daba una recompensa por la novia secuestrada, alguien había puesto con rotulador: “No seas tonto y no des ni un euro de rescate. Ahora estás a tiempo. Firmado: un casado”.
Comentarios recientes