HACE casi dos siglos que al Paseo de los Tristes lo llaman así y nadie sabe bien por qué. Hay una versión que dice que es porque por allí pasaban los entierros y los cortejos fúnebres camino del cementerio, vía Cuesta de los Chinos. Otros atribuyen el nombre a un médico del siglo XVIII que editaba ‘Las lágrimas de Granada’, en el cual lamentaba los desmanes y atropellos realizados en la ciudad por las autoridades competentes. Cada viernes y acompañado por un coro de plañideras, leía a gritos las denuncias contenidas en la publicación mientras las mujeres respondían con gemidos doloridos. Velázquez de Echevarria, en sus Paseos por Granada, dice que en las asambleas que se celebraban al lado del río Darro, «se entonaban a coro el más lastimoso miserere, o la más sentida lamentación imaginable». Seguir leyendo ‘¿Quién alegra a los tristes?’
Monthly Archive for marzo, 2012
Voy a proponérselo a los señores de la Real Academia de la Lengua a ver qué les parece. Resulta que desde hace unos años, desde que entró esa manía de utilizar el llamado lenguaje igualitario en los discursos, hay una lucha entre los que creen que en el lenguaje correcto deben ser nombrados los dos géneros y los que piensan que eso es una gilipollez porque el género masculino engloba al conjunto. La polémica no era tal hace unos años, pero ahora en cualquier ocasión salta la liebre. El otro día, en la manifestación en contra de la reforma laboral, un sindicalista terminó su discurso con: «¡Y ahora, compañeros y compañeras, a tomar cerveza y a vivir, que son dos días!» Con un par. Fernández Toxo en un discurso anterior se dirigió a la multitud con ‘parados y paradas’ y ‘ciudadanos y ciudadanas’. Cualquier izquierdista que se precie piensa que lo correcto es nombrar a los dos géneros, mientras que los defensores del lenguaje más oficial piensan que ya está bien de polladas y que hay que terminar con esa cursilería que supone decir en un discurso eso de compañeros y compañeras, andaluces y andaluzas, miembros y miembras, funcionarios y funcionarias… Hay quién es más cursi todavía y pone en los comunicado oficial el símbolo de arroba (@) para quitarse el problema.
La polémica, como digo, la quiero zanjar proponiendo a la Real Academia de la Lengua que a partir de ahora adopte una fórmula neutra que haga terminar de una vez por toda con esta guerra semántica. Propongo que sea la ‘e’ la palabra elegida para que la ‘a’ y la ‘o’ dejen de una vez sus diferencias y no se comporten con tanto orgullo y prepotencia ante las demás vocales. La ‘i’ sonaría algo ridícula (‘Queridis compañeris’) y la ‘u’ demasiado solemne (Queridus compañerus). Por eso creo que la ‘e’ es la ideal (’Querides compañeres’). Con ella se nombraría a los dos géneros, además sería un aldabonazo al lenguaje de nuestra querida Costa Tropical, en donde aún hay muchas personas que tienen la costumbre de convertir la ‘a’ final en ‘e’. «¿Cuántas clase de aves hay?», le pregunta un profesor a un alumno motrileño. «Pues dos, señor maestro, las habes verdes y las habes seques». O cuando le preguntó la Guardia Civil a un gitano por su ocupación y éste le dijo que vendía teles en los mercaíllos. «¿Vende usted televisores?», se extrañó el benemérito. «¿No, señor guardia, no son teles de ver, son teles de vestir», dijo tocándose con el índice y el pulgar el cuello de la camisa.
El único inconveniente sería que en muchos casos pareceríamos que somos franceses, que, como ustedes saben, tienen a la ‘e’ como vocal preferida. Así, si decimos ‘tortille’ en vez de tortilla, nos podrán confundir con los gabachos, pero enseguida la aclararemos que la nuestra tiene más huevos. Hueves a partir de ahora.
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