¿Quién alegra a los tristes?

HACE casi dos siglos que al Paseo de los Tristes lo llaman así y nadie sabe bien por qué. Hay una versión que dice que es porque por allí pasaban los entierros y los cortejos fúnebres camino del cementerio, vía Cuesta de los Chinos. Otros atribuyen el nombre a un médico del siglo XVIII que editaba ‘Las lágrimas de Granada’, en el cual lamentaba los desmanes y atropellos realizados en la ciudad por las autoridades competentes. Cada viernes y acompañado por un coro de plañideras, leía a gritos las denuncias contenidas en la publicación mientras las mujeres respondían con gemidos doloridos. Velázquez de Echevarria, en sus Paseos por Granada, dice que en las asambleas que se celebraban al lado del río Darro, «se entonaban a coro el más lastimoso miserere, o la más sentida lamentación imaginable».

Sea como fuere ha aparecido una cuarta versión: los llantos, lamentaciones y gimoteos de aquellos vecinos de la zona y del Bajo Albaicín que no quieren que aquella zona se peatonalice, tal y como ha ordenado el Ayuntamiento. Ayer, la llamada Plataforma SOS Albaicín dio una rueda de prensa para anunciar que luchará hasta donde haga falta para que el Ayuntamiento de marcha atrás con su iniciativa. En fin, otro tema para llenar páginas en los periódicos.

Y es que Granada es como el ‘rasca y gana’ de la Once, que raspas cualquier asunto y te sale una polémica. La que se ha originado en los Tristes tiene el bando de los usuarios ocasionales del paseo que lo utilizan para congratularse con las vistas que este ofrece sin tener que ir esquivando coches y los vecinos cabreados que consideran que así se rompe definitivamente el cordón umbilical que le une con la ciudad.

El Paseo de los Tristes, según cuenta mi amigo Paco Izquierdo en una de sus magistrales columnas, ha sido a lo largo de los siglos real patio de los divertimentos, desde la celebración de las ‘pascuas chicas’ de los nazaríes, en tiempos de Yusuf I, a las pasaderas del Darro durante las fiestas de San Pedro. Cuando yo vine a Granada, hace más de 30 años, el Paseo de los Tristes era el paso obligado de los que buscaban el jolgorio el Día de la Cruz, camino del Sacromonte. También era lugar de movidas de fin de semana, antes de que se inventara el botellón. Este lugar es uno de lo más pateado por turistas y granadinos dados al paseo porque en él se respira nuestro pasado y la paz que inspiran los viejos monumentos. En cualquier ciudad europea antigua que se precie, con una zona como esta, estaría cerrada a cal y canto para el tráfico rodado. Por eso yo estoy a favor de que se peatonalice y que el paseo se deshaga del ruido y del peligro de los motores. Claro que yo no vivo allí ni tengo setenta años para calibrar el perjuicio que me puede suponer no poder llegar hasta mi casa en coche. No sé.

1 comentarios en “¿Quién alegra a los tristes?”


  • Me decanto por la iniciativa del Ayuntamiento de hacer el vial de los Tristes peatonal, ya que era de locura. No con esto quiero inmiscuirme en la pólemica que ello a organizado, pero…..el bién general está por encima del particular, por lo que por ciudadano,y aparte de ser mayor, me pongo en la piel de ellos, y los entiendo, pero deben de ser estos, los que con cordura y sensatez, busquen soluciones con los “jerifaltes”. Se que es tarea ardua y laboriosa, pero hay ciertas cosas que hemos de comprender, y a la vez por “narices” acatar.

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