Echemos la culpa a alguien de lo que le ha pasado a este granadino que hace unos días necesitó de los bomberos para sacar el pene del tubo en el que lo había metido. La culpa la tiene el De Guindos ese que nos anuncia los rescates económicos y que, debido a su gestión, cada vez se parece más al título de una popular canción: ‘Échale guindos al paro’. Verán, el granadino en cuestión, lo más probable es que estuviera parado, desempleado, de los que debido a su situación laboral se pierden en la pesada bruma de la ociosidad. El día en el que le pasó el percance seguro que había visto el partido de la Eurocopa y el de Nadal y había estado toda la tarde sentado en el sofá. Y como siempre se ha dicho que la inactividad es la tierra fértil en donde germinan todos los malos pensamientos, pues allí me tienes al hombre imaginando una vulva allí donde sólo había un objeto metálico, algo que sólo Freud sabría explicar. ¡Joder cómo están las cabezas! Bueno, pues el caso es que el pene se le hinchó de tal manera que el cirujano necesitó de los expertos en cortar hierros para salvar el órgano sexual del paciente. Pasó en Urgencias del hospital granadino Ruiz de Alda y los cirujanos que atendieron al atribulado dijeron que habían visto cosas muy raras, pero nunca una penetración de estas características. «¡Y la polla el tío!», dicen que exclamó uno de los bomberos cuando tuvo que acudir a cortar el tubo en el que se había atorado el pene. Gracias a Dios no pasó nada y el hombre podrá seguir utilizando su aparato, aunque creo que nunca más para meterlo en un tubo. Desde entonces se dice que en Granada follamos por un tubo.
Bueno, el caso es que noticias como esta son las que nos hacen hablar de otra cosa que no sea el estado de la economía española (con un rescate que ni el Cristo del mismo nombre que hiciera José de Mora para los Trinitarios) o el estado de la selección española, que esta noche precisamente se la juega con Irlanda. Un periódico de Lorca el otro día daba la noticia de la falsa alarma que provocó la denuncia de una mujer, un poco dura de oído, que dijo a la policía que había escuchado a una joven vecina gritar y pedir socorro. La policía llamó al piso de donde procedían los gritos y el joven que abrió la puerta le tuvo que explicar a los uniformados que la joven que gritaba era su novia y que no estaba diciendo «¡socorro! ¡socorro!», sino «¡me corro!, ¡me corro!».
Yo creo que el Gobierno aquí tiene un filón para desviar la atención de los españoles, que hartos de oír términos que nunca antes habían escuchado, como prima de riesgo o hipoteca ‘subprime’, buscan en los periódicos sucedidos que al menos les haga esbozar una sonrisa o les transmitan una emoción. Estamos a un paso de la ruina moral y necesitamos ahora más que nunca situaciones que nos hagan pensar que no todo se reduce a las malas noticias económicas que nos dan el Rajoy y el De Guindos. Noticias que no nos hagan gritar ¡socorro, socorro!, sino lo otro.

Echemos la culpa a alguien de lo que le ha pasado a este granadino que hace unos días necesitó de los bomberos para sacar el pene del tubo en el que lo había metido. La culpa la tiene el De Guindos ese que nos anuncia los rescates económicos y que, debido a su gestión, cada vez se parece más al título de una popular canción: ‘Échale guindos al paro’. Verán, el granadino en cuestión, lo más probable es que estuviera parado, desempleado, de los que debido a su situación laboral se pierden en la pesada bruma de la ociosidad. El día en el que le pasó el percance seguro que había visto el partido de la Eurocopa y el de Nadal y había estado toda la tarde sentado en el sofá. Y como siempre se ha dicho que la inactividad es la tierra fértil en donde germinan todos los malos pensamientos, pues allí me tienes al hombre imaginando una vulva allí donde sólo había un objeto metálico, algo que sólo Freud sabría explicar. ¡Joder cómo están las cabezas! Bueno, pues el caso es que el pene se le hinchó de tal manera que el cirujano necesitó de los expertos en cortar hierros para salvar el órgano sexual del paciente. Pasó en Urgencias del hospital granadino Ruiz de Alda y los cirujanos que atendieron al atribulado dijeron que habían visto cosas muy raras, pero nunca una penetración de estas características. «¡Y la polla el tío!», dicen que exclamó uno de los bomberos cuando tuvo que acudir a cortar el tubo en el que se había atorado el pene. Gracias a Dios no pasó nada y el hombre podrá seguir utilizando su aparato, aunque creo que nunca más para meterlo en un tubo. Desde entonces se dice que en Granada follamos por un tubo.
Hola Andres:
Que gracioso eres y que cosas se te ocurren.
Buenisimos todos tus articulos,eres el periodista del humor.
tu idea de que nos riamos y olvidemos a los politicos ha surtido efecto.
un fuerte abrazo
El suceso, amigo Andrés, está levantando gran cantidad de comentarios, como a la vez, risas y sonrisas, para que se nos vaya el “cabreo” diario, por la comparecencia de los políticos para darnos los “buenos dias”.
No creo que pase mucho tiempo para que aparezca el “chiste”, aunque creo que ya está hecho con el encabezamiento del articulo.
Dices que solo Freud, seria capaz de despejar dudas sobre el comportamiento de esta persona, pero la verdad es que ésta, tal y como describes la “presumible” iniciación al “acto”, seria solo él, el que despejara dudas de lo que “vió” en el tubo, para que tan apetecible se le antojara.
Cierto es que las tendria que pasar “canutas”, nunca mejor dicho, desde su casa al centro sanitario, y después de la intervención de los bomberos.
De todas maneras la operación fué un éxito, y creo que no le quedarán ganas de volverla a meter en un tubo, so pena tenga un diámetro de al menos un metro, espacio más que suficiente para estos “menesteres”.