Cuando yo era niño los equipos de fútbol se peleaban por mí a la hora de hacer los equipos.
–Ese os lo lleváis.
–No. Mejor que juegue con vosotros.
Nadie me quería en sus alineaciones. Preferían jugar con uno menos que tenerme en sus respectivas formaciones. Era humillante. Pertenecía pues a esa casta de prescindibles que siempre acababan en la portería, que es donde iban a parar los patosos, los cerragutos y los inútiles. Cuando jugaba de portero lo hacía sin gafas porque no podía exponerme a que alguien me las rompiera de un balonazo. Jugábamos en las eras de la trilla y un día en que yo actuaba bajo los palos imaginarios de una portería (los postes eran piedras), perdimos por ocho a cero. No paré ni una. Pero es que la derrota fue más humillante aún porque el equipo rival jugó sin portero. Fue entonces cuando decidí abandonar el sueño de querer ser futbolista. Durante muchos años el fútbol no sería mi deporte favorito. Es más, lo ignoraba y hubo un tiempo en que ni siquiera me interesó. Hasta que llegué a Madrid a estudiar Periodismo y Vicente Calderón, presidente del Atlético de Madrid, puso en práctica una norma por la cual los futuros periodistas podíamos asistir al estadio de fútbol gratis. Retomé entonces mi afición por el balompié.
Ahora no me pierdo ni un partido de la selección española. Me he tragado la mayoría de los encuentros de la Eurocopa y el otro día coincidí con la frase de Azcona («las mayores demostraciones de inteligencia las he visto en algunos lances de fútbol») cuando Pirlo logró, con un penalti a lo Panenka, que el balón entrara suavemente en la portería de los ingleses. «Ese penalti lo hubiera parado yo en mi infancia porque era de los porteros que hacía la estatua», pensé inmediatamente.
Mucha gente piensa que el fútbol es pernicioso para esta sociedad y que se le da más importancia que la que tiene. Los columnistas a los que no les gusta el fútbol dicen que nos están narcotizando con ese juego como se hacía en los tiempos del franquismo. La atención desmesurada que recibe es un insulto a la sensibilidad social y es una inmoralidad que unos jugadores ganen millones de euros por darle patadas a una pelota mientras en España hay cinco millones de parados. Yo también pienso de vez en cuando en eso, pero cuando juega España se me olvidan los males de este país y durante noventa minutos vibro o sufro con los goles que marcamos o que nos marcan. El fútbol hace más patriotas inofensivos que cinco guerras seguidas. El otro día vi el partido de España contra Francia con mi hijo, que está de cocinero en San Sebastián. Lo vimos solos en una habitación de la ciudad donostiarra y cuando marcó el primer gol Xavi Alonso, mi hijo le echó cojones y en un acto instintivo salió al balcón para gritar eso que allí nunca se grita: ¡Gooool de Españaaaaa! Después nos abrazamos muy emocionados por haberle ganado a los gabachos. El miércoles también me emocioné y sufrí lo más grande con la victoria en los penaltis de España. Esos momentos sólo los permite nuestra selección de fútbol.

Las emociones -esa es la esencia del fútbol- son comunes a muchas cosas y hechos muy dispares y hasta contradictorios. De ahí que se vincule el fenómeno balompédico al Bien y al Mal, como es costumbre. Porque el Bien y el Mal es el producto afortunado o malogrado de nuestras palpitantes e insitas emociones. No hay nada más que ver las celebraciones que han seguido, la euforia, la alegría compartida y la decapitación de una fuente en Sevilla, por ejemplo. Las emociones sacan lo bueno y lo malo (el producto de nuestros sentimientos cuajados en acciones) que hay en nosotros. España es también un sentimiento. Y ha provocado a lo largo de su Historia (y ahora también) en su aceptación o rechazo buenos y malos sucesos. Siendo el terreno tan resbaladizo, que puede tomar un camino u otro, estoy con su hijo: GOL DE ESPAÑA, Gol de ese sentimiento de unión que nos sitúa detrás de un deporte en su reivindicación y reafirmación de la identidad propia, que no es otra cosa que lo que se pone en juego en cualquier competición en la vida. Lo que usted relata de su experiencia de portero o de periodista y espectador de gorra es su identidad en relación al fútbol, mismamente. ¡Enhorabuena por otro artículo más que EnCardena la realidad con su visión personal!. ¡Me encanta cómo escribe!
Las emociones -eso es la esencia del fútbol- son comunes a muchas cosas y hechos muy dispares y hasta contradictorias. De ahí que se vincule el fenómeno balompédico al Bien y al Mal, como es costumbre. Porque el Bien y el Mal es el producto afortunado o malogrado de nuestras insítas emociones. No hay nada más que ver las celebraciones que han seguido y la decapitación de una fuente en Sevilla, por ejemplo. Las emociones sacan lo bueno y lo malo (el producto de nuestros sentimientos y acciones) que hay en nosotros. España es también un sentimiento. Y ha provocado a lo largo de su Historia en su aceptación o rechazo buenos y malos comportamientos. Siendo el terreno tan resbaladizo, que puede tomar un camino u otro, estoy con su hijo: GOL DE ESPAÑA,Gol de ese sentimiento de unión que nos sitúa detrás de un deporte en su reivindicación de la identidad, que no es otra cosa que cualquier competición en la vida. ¡Me encanta cómo escribe Vd!
Lo de patriotismo inofensivo…..como que nó. Si cuando su hijo, hechándole “guevos”, gritó lo de……GOL DE ESPAÑA!!!!!!, debajo del balcón hubiesen pasado alguno de los legalizados de AMAIUR, BILDU O SORTU, creo que se hubiese montado la “marimorena”, gracias como no, a la “sapiencia” de nuestros políticos, y las irresponsables palabras de Mikel Errekondo, diciendo que las detenciones de etarras son “pasos en dirección contraria a la resolución del conflicto”.
Ojala, y en mi deseo está que esto se acabe, pero dándole a estos personajes “manga ancha”, veremos en que acaba la “romeria”…..
Bueno, ocho goles tampoco son tantos. Se han llegado a marcar hasta trece en un partido de profesionales, ¿no?. Yo creo que lo que más le desanimó, fue eso de que en la otra portería no hubiese portero, !jajaja!.
Si le digo la verdad, yo prefiero tenerle como periodita. Piense en los malos ratos que se ha ahorrado con esos golpes que se dan en la nariz, en las costillas o sabe Dios donde. Mejor está escribiendo para nosotros. Porque,nos entretiene, nos relaja o nos enteramos de noticias a veces sorprendentes, sin riesgo de que nos de un infarto o nos mordamos las uñas como puede ocurrir en el fútbol.¿No es esto más gratificante para usted?.
Y hablando de moralidad, yo también creo, me enerva más bien, cuándo pienso en esas cifras de tantos ceros para unos, mientras otras cifras aumentan en las colas para optar a un plato de comida. No, esto no puede ser.
Como tampoco puede ser que el gobierno de Ucrania haya “limpiado” con motivo de la eurocopa, sus calles de perros callejeros. Estos han sido quemados, envenenados y metidos vivos en bolsas.Las imágenes están ahí, en las redes sociales.
Al tratarse “solo” de unos 80.0000 chuchos, parece ser que la prensa no le ha dado demasiada importancia. Ahora, lo importante es “la roja”, no hablemos de idioteces.
Saludos cordiales.