El humorista Tip, en su libro ‘Santos Varones’, habla del llamado ‘Timo del homenaje’. Lo cuenta así. Resulta que tú vas por la calle y se te acercan quince o veinte personas, personas humanas, claro, y te dicen: «Hombre, mire usted, queremos darle un homenaje porque usted se lo merece». Tú aceptas porque uno es vanidoso. Total, que llegas al restaurante, allí hay casi cincuenta personas congregadas, unos comiendo, otros empiezan a comer, otros empiezan a beber, todos a decir discursos, a decir tonterías, allí se dice de todo. En un momento dado te entran ganas de miccionar y cuando vuelves, ves que no hay nadie, se han ido por el tubo de escape. Y como son cincuenta personas a veinte euros cada una… O sea, te recomienda Tip, «no vaya usted a un homenaje que le hayan organizado porque te cuesta un dineral y encima tienes que aguantar los discursos».
El timo de las presentaciones es parecido. A mi me lo dieron hace poco. Imaginen la escena. Unas personas, humanas, claro, me invitan a presentar mi libro en Bollullos de la Contraviesa, por decir un nombre. Me advierten de que no me pueden pagar nada, ni siquiera la gasolina del traslado, porque el Ayuntamiento está en bancarrota. Lo entiendo. Digo que sí porque con los años que tengo, todavía no he aprendido a decir que no. Y porque uno siempre tiene ganas de que le regalen el oído. El jodido ego. Desplazarme me cuesta el dinero de la gasolina además del tiempo que pierdo y de una bronca con la parienta, que no entiende el porqué en vacaciones no sé desconectarme de mis compromisos y de mi trabajo.
–¿A Bollullos de la Contraviesa a presentar un libro? ¿Eres tonto o qué?– me dice todo mosqueada, porque siempre está la posibilidad de que yo tenga un lío en Bollullos de la Contraviesa. Las mujeres siempre piensan mal y algunas veces aciertan.
Pero bueno, aunque ella no lo entiende, lo hago por la buena marcha de la literatura. Y porque me gusta hablar de libros, aunque sean míos. Total, que me desplazo. Casi 240 kilómetros entre ir y volver. Presento el libro. Hay una audiencia aceptable, más de media plaza. Todo queda muy bien. Me dicen que eso hay que mojarlo y unos pocos nos vamos al bar de la esquina. Doce o catorce personas que comen, beben y me dicen que van a comprar el libro para leerlo. Que tiene buena pinta y que, por lo que he contado, debe de estar bien. Yo se lo agradezco. Todo son sonrisas y parabienes. Se hacen grupitos. Yo me quedo al final con un matrimonio joven que se interesa por mi trabajo. Él dice que le gustaría escribir y que ella iba a ser periodista pero que al final se quedó en boticaria. Veo que poco a poco la gente se despide y se va. Yo no me doy cuenta hasta que también se despide el joven matrimonio y me quedo solo y entonces viene el camarero con la cuenta: 102 euros del ala. Es el timo de las presentaciones. ¿Cuántos libros tengo yo que vender ahora para recuperar la inversión? ¡Y a ver cómo se lo explico yo ahora a la parienta! Esto de ser escritor me va a arruinar.

A todos o casi todos nos ha pasado algo parecido. Una vez, habiéndole hecho un favor a una persona, se empeñó en invitarme. Después del “ágape”, y viendo que no se “hechaba palante”, me dije….pidiéndole yo la cuenta al camarero, este hombre dirá….dámela a mi, y santas pascuas y alegrias. Me quedé en el intento, ya que el “pájaro” no dijo ni “mú”, y el “paganini” el que suscribe.
Cuando le conté la historia a mi “parienta”, le faltó el “canto un duro”, para darme con la sartén en la cabeza, y lo hubiese aceptado olimpicamente por……”tontopollas”.
Jajajaja como está el patio! Tengo 26 años, estudie maagisterio hace ya unos cuántos y no eramos así como describe usted a sus alumnos. La sociedad está cambiando mucho y se ven diferencias abismales de un curso a otro (yo actualmente doy clases extraescolares a niños desde los 3 años hasta los 12 y allí también se nota).Sin embargo estos últimos meses en los que voy a la universidad de mi ciudad para estudiar oposiciones y demás, me vengo dando cuenta que muchos de esos alumnos son mucho más dinámicos y emprendedores que los de antes (y me incluyo en el montón de antes). Hacen blogs contando sus experiencias, se involucran mucho más en los trabajos, se ven estudiando y no murmurando, no sé… Es la sensación que llevo teniendo desde hace meses. He visto cosas “buenas” que ni en mi promoción ni antes había visto… Así que supongo que es como todo. Todas sus épocas tienen mucha variedad de tipos de personas y se ve que a usted le tocó el saco roto jajaja…Espero que mejore la situación. Un saludo!
El humorista Tip, en su libro ‘Santos Varones’, habla del llamado ‘Timo del homenaje’. Lo cuenta así. Resulta que tú vas por la calle y se te acercan quince o veinte personas, personas humanas, claro, y te dicen: «Hombre, mire usted, queremos darle un homenaje porque usted se lo merece». Tú aceptas porque uno es vanidoso. Total, que llegas al restaurante, allí hay casi cincuenta personas congregadas, unos comiendo, otros empiezan a comer, otros empiezan a beber, todos a decir discursos, a decir tonterías, allí se dice de todo. En un momento dado te entran ganas de miccionar y cuando vuelves, ves que no hay nadie, se han ido por el tubo de escape. Y como son cincuenta personas a veinte euros cada una. O sea, te recomienda Tip, «no vaya usted a un homenaje que le hayan organizado porque te cuesta un dineral y encima tienes que aguantar los discursos».
Muy bueno, Andrés. Me he reído con ganas, porque yo lo he vivido in situ, y es tal y como lo cuentas
. . . joder tio ! ! ! no te puedo dejar solo.
Llevo tresientos millones de años buscando la leche esa del barro, y ni pollas !