Lo he dicho en alguna ocasión. En cuanto a polémicas, Granada es como los boletos de la Once: rascas y te sale una. Lo que pasa es que hay algunas que tienen gracia. Por ejemplo, la que surgió hace unas semanas con las escaleras que prestaban las floristerías del cementerio para que sus clientes pudieran poner flores a sus muertos en los nichos más altos. Emucesa, la empresa que gestiona el camposanto granadino, decidió denunciar a tres floristas por considerar que estas incumplían el contrato de cesión de sus locales, ya que no estaba escrito en sitio alguno que pudieran prestar las escaleras. Y mientras tanto allí me tenías a todos los visitantes de la necrópolis desorientados cantando lo de Serrat:
Quién me presta una escalera
para subir al cementerio
y ponerle las flores,
a mi pobre tío Eleuterio”.
Hasta que un juez dijo que las floristas tenía derecho a prestar las escaleras.
Ahora hay otra polémica, aunque ésta mucho más dulce. Verán. Resulta que un investigador motrileño llamado Gabriel Medina ha publicado un librito en el que desmonta la idea de que el pionono fuera inventado por Ceferino Isla, cuyos descendientes regentan un próspero negocio de venta de estos dulces. Dice Gabriel Medina que el pionono ya existía antes de que Ceferino Isla montara su pastelería en Santa Fe y cree que surgió en Cádiz. En fin, que aporta en su libro anuncios de pastelerías y trozos de obras literarias con los que demuestra que este rico dulce (Tico Medina, que padece diabetes, dice que el día que quiera suicidarse no se tirará a las frías aguas de un río como Ganivet, sino que lo hará con una caja de piononos) se expedía en toda España antes de que llegará a Santa Fe. Incluso ha encontrado referencias al pionono en La Regenta, de Leopoldo Alas Clarín, y dice que el pionono ya existía, al menos, desde 1858, antes de que naciera Ceferino Isla.
El caso es que muchas pastelerías también hacen los célebres piononos y los herederos de Ceferino Isla han puesto en manos de los tribunales el asunto ya que ellos tienen registrada la marca ‘pionono’ como suya. No desmienten la investigación de Gabriel Medina, pero consideran que fue Ceferino Isla quién registró el producto y el que lo popularizó e hizo célebre, hasta tal punto que hoy día casi todo el mundo relaciona el nombre de Isla con pionono. Algunos pasteleros alegan que este dulce lo puede elaborar cualquiera, como la torta de aceite o la pastela moruna, que nadie debe tener la patente de corso porque su fórmula no es un secreto, como la Coca Cola. Incluso se han abierto piononerías (palabra aún no aceptada en el diccionario) en Granada. Otra cosa es que los de Isla sean los más conocidos. En fin que un juez decidirá quién lleva razón. El veredicto está al caer. Yo, por si acaso, estoy acaparando piononos. Una de las consecuencias de todas las guerras es la escasez de productos. Vayamos a pollas.
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