Lorca y el niño meón

En el mundo hay ciudades, grandes o no, que han sido capaces de convertirse en iconos por detalles. Bruselas es una de ellas. No me equivoco mucho al creer que su tirón turístico, más que el Atomium y la preciosa Grand Place, lo simboliza el manneken pis (dice la Wikipedia que en dialecto bruselense: menneke pis, ‘niño que mea’),

que es una pequeña estatua de bronce de unos cincuenta centímetros situada en la esquina de una vivienda del centro histórico de la ciudad. Representa a un niño pequeño desnudo orinando dentro del cuenco de la fuente. Y es para ver la multitud armada con cámaras que se congrega alrededor de la figurilla para inmortalizar su paso por la ciudad. Yo mismo, sin ir más lejos. Y tan felices. Ésta es una excelente lección de cómo rentabilizar al máximo los detalles y de cómo algo, por minúsculo y casi absurdo que pueda llegar a ser, dicho con todo respeto, consigue formar parte del todo y aunar un proyecto turístico atractivo que lleva a millones de personas cada año a la ciudad belga.
    En Granada no somos tan amantes de los detalles. Si a alguien se le ocurre dibujar la ‘calle del amor’ con el ‘te quiero’ en cien idiomas diferentes llega el concejal de turno y la friega de noche con agua a presión, vayamos que les de a los enamorados de todo el mundo por visitarla. Los granadinos somos más de bronca y mitin, que es la mejor forma de estar siempre en el camino que no lleva a ninguna parte. Incluso siendo dueños de símbolos universales no aprendemos a sacar provecho de ello y lo que todavía es peor, podemos asistir con desparpajo a su destrucción. ¿Qué habrían hecho los franceses, los ingleses, los americanos o los alemanes si tuviesen el patrimonio de Lorca? ¿Y qué hacemos nosotros además de llevar tres años para rematar una obra acabada como el Centro García Lorca de la Romanilla? Pues hacemos cosas tan extrañas e imperdonables como dejar que parte de la vivienda que inspiró una obra magistral del poeta granadino, La Casa de Bernarda Alba, se desplome porque no se invirtieron unos pocos euros en limpiar y arreglar el tejado.
Y por cierto, en mi opinión, la grandiosidad (por tamaño) de Bruselas está a años luz de la grandiosidad (por mejestuosa) de Granada, aunque no tengamos un muñeco meón.

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