El Gobierno maltrata a la Costa

 

En la Costa granadina están que trinan con el Gobierno de Madrid porque ha decidido ignorar el clamor que le llegaba desde el gobierno municipal de Motril, de su propio partido, de los empresarios y de los agentes sociales y han dejado al puerto motrileño fuera del reparto de subvenciones para incentivar las líneas marítimas desde los puertos de Almería y Málaga con Melilla. Y ¿eso qué significa? Sencillo: que la naviera Armas que ahora cubre el trayecto Motril-Melilla se desplace a los puertos vecinos para acceder a esas subvenciones que le garanticen una rentabilidad mayor con menos riesgos.

Deben ser muy poderosas las razones de la Administración general para despreciar el futuro de una dársena como la granadina, que intenta abrirse paso al futuro después de años de ostracismo, y apoyar otras que ya cuentan con suficientes atractivos para rentabilizar sus operaciones. Debe tener razones muy poderosas pero los motrileños no alcanzan a entenderlas, y con ellos tampoco yo, qué puedan justificar este atropello al legítimo desarrollo de una infraestructura modesta que jamás le importó un carajo al Gobierno central. ¿Habrá sido la osadía del puerto de Motril de abrirse paso en el tráfico de viajeros con el norte de Marruecos en menos tiempo y con mejores servicios, hasta sorprender y superar con su demanda a Málaga y Almería en la Operación Paso del estrecho en solo dos años, lo que habrá irritado a los dirigentes del Gobierno? ¿Habrá sido quizás su descaro para convertirse en un punto del mapa mediterráneo al que puedan llegar cruceros y dejar a un paso de las chirimoyas y la Alhambra a los turistas que atracaban antes en Málaga y les vendían el monumento árabe como propio de la Costa del Sol?

En la Costa Tropical granadina se están partiendo el alma para buscarse un ‘huequito’ en un sector en el que han pasado de los 2.542 cruceristas en 2004 a los más de 30.000 que lo harán este año, pero datos más que simbólicos al fin y al cabo en un mundo que lidera Málaga de forma apabullante. Para favorecer la pretendida competitividad entre Málaga y Motril a la que se refiere el Gobierno para justificar sus ayudas a la línea con Melilla, no he visto que el Gobierno de Madrid haya decidido subvencionar a los motrileños para que mejoren sus equipamientos como puerto de cruceros. Sería lo justo con esa vara de medir.

No es esta una provincia, ni es la costa una comarca, que se puedan permitir el lujo de perder más trenes en su desarrollo. Las enormes posibilidades que les abre el mar para el transporte de viajeros por su cercanía con el norte de África, y su oportunidad hacia un nuevo modelo turístico como el de los cruceros por tener la suerte de ser ‘dueños’ de una joya como la Alhambra y parte de una provincia inmensa como ésta, deben ayudar a defender su lugar en una tierra de lobos en la que nadie conoce a nadie.

La Costa granadina, la única de Andalucía aislada del tren que tampoco tendrá su oportunidad con el futuro corredor mediterráneo ferroviario que sí enlazará, como no, con Málaga y Algeciras, no merece un trato como el que le da el Gobierno central y hace bien la alcaldesa motrileña en ponerse al frente de sus vecinos para denunciar una amenaza real que puede dejar a Motril sin una puerta abierta al futuro.

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