{"id":1664,"date":"2024-12-27T10:05:50","date_gmt":"2024-12-27T10:05:50","guid":{"rendered":"https:\/\/granadablogs.com\/entrelineas\/?p=1664"},"modified":"2024-12-28T10:22:25","modified_gmt":"2024-12-28T10:22:25","slug":"el-valor-de-la-palabra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/granadablogs.com\/entrelineas\/2024\/12\/27\/el-valor-de-la-palabra\/","title":{"rendered":"El Valor de la Palabra"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right\">\u201c<em>Si la libertad significa algo,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>ser\u00e1 sobre todo el derecho a decir a la gente<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>aquello que no quiere o\u00edr<\/em>\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">(G. Orwell)<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Escribir con frecuencia en este y en otros medios de comunicaci\u00f3n no me otorga el privilegio de \u201cser\u201d periodista. S\u00ed, acaso, el honor de poder amplificar mis palabras desde tribunas que son apreciadas por sus lectores desde hace d\u00e9cadas. Creo que, para ser periodista, adem\u00e1s de profesar cada d\u00eda entre la redacci\u00f3n del peri\u00f3dico y el murmullo de las calles, es obligado hacer un pacto p\u00fablico con las palabras y su v\u00ednculo con la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta responsabilidad s\u00ed que me siento periodista. De los aut\u00e9nticos. Los que, de acuerdo con el director de este peri\u00f3dico, <a href=\"https:\/\/www.ideal.es\/granada\/quico-chirino-periodistas-20241208000127-nt.html#vca=fixed-btn&amp;vso=elideal&amp;vmc=unknow&amp;vli=granada\">Quico Chirino<\/a>, a trav\u00e9s del \u201c<em>compromiso y la palabra se hacen diferentes en una sociedad que tiende a igualarnos y la borrar la diferencia<\/em>\u201d. En estos tiempos donde la prisa aplasta la cautela y el ruido se disfraza de certeza, la palabra emerge como un vestigio de lo que un d\u00eda nos hizo humanos. Es una convenci\u00f3n silenciosa entre quien la otorga y quien la recibe; un puente invisible que une corazones, mentes y voluntades. Pero \u00bfqu\u00e9 ocurre cuando olvidamos su peso, cuando su valor se diluye entre la vor\u00e1gine de lo cotidiano y la urgencia de la \u201c<a href=\"https:\/\/granadablogs.com\/entrelineas\/2018\/10\/01\/la-era-de-los-hybristai\/\">hybris<\/a>\u201d, de la desmesura?<\/p>\n\n\n\n<p>R. Kapuscinski dec\u00eda que \u201c<em>La verdadera tarea del periodismo es dar voz a los que no la tienen, a los excluidos y marginados<\/em>\u201d. Esta voz debe estar comprometida con los principios que defienden la libertad, la igualdad, la justicia y la democracia. Y la verdad. Debe asumir la responsabilidad de transformar la realidad que se distancia de los valores que arman el contrato social que nos hemos dado para crecer como sociedad y como personas. Esa transformaci\u00f3n, sin embargo, no ser\u00eda posible sin la palabra como escudo y, tambi\u00e9n, como arma. Es ella quien da forma al compromiso cuando el silencio amenaza con devorar el sentido de lo justo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c<em>La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al rev\u00e9s<\/em>\u201d (A. Machado). En un mundo saturado de falsedades y posverdades, la palabra honesta se erige como el \u00faltimo basti\u00f3n frente al caos. En ella, el periodista encuentra su refugio y su misi\u00f3n. Las redacciones, otrora templos del humo, de flexos cabizbajos y teclas desgastadas, son hoy salas silenciosas donde el clic de un rat\u00f3n reemplaza el repiqueteo de los tel\u00e9fonos. Pero la esencia persiste. Porque la palabra, aunque ahora se empe\u00f1e en ser digital, conserva el poder de iluminar las sombras, de gritar donde otros callan, de se\u00f1alar donde otros miran hacia otro lado. La palabra y su alter ego, el compromiso, no se mercadean.<\/p>\n\n\n\n<p>Dec\u00eda P.F. Drucker que \u201c<em>el<\/em><em> liderazgo se basa en el desempe\u00f1o, no en la promesa<\/em>\u201d; para el periodista su desempe\u00f1o es la palabra cierta y no la promesa de lo deseable, de lo conveniente. La contaminaci\u00f3n de los discursos p\u00fablicos, impregnados de medias verdades y promesas incumplidas, erosiona la confianza depositada en ella. En este contexto, la sociedad civil parece haber adoptado un escepticismo resignado. No se espera que la palabra implique acci\u00f3n, ni que las promesas se traduzcan en hechos. Este deterioro no solo afecta a la pol\u00edtica, tambi\u00e9n a las relaciones humanas, donde la palabra pierde su protagonismo como v\u00ednculo de confianza y respeto.<\/p>\n\n\n\n<p>En la actualidad nos enfrentamos, en cualquier \u00e1mbito, a la proliferaci\u00f3n de silencios y de ausencias en sustituci\u00f3n del compromiso de \u201cdar la cara\u201d, de responder con transparencia a las cuestiones planteadas, de contestar al reclamo de posicionarse con coherencia ante cualquier cuesti\u00f3n personal o profesional. \u00bfQu\u00e9 significa dar la palabra? Es comprometerse. Decir \u201caqu\u00ed estoy, esto digo y esto soy\u201d. En la palabra empe\u00f1ada, como bien sab\u00edan los antiguos, reside la dignidad del ser humano.<\/p>\n\n\n\n<p>Dec\u00eda Kant que \u201c<em>a causa de una mentira, un hombre es capaz de aniquilar su propia dignidad<\/em>\u201d. Por ello, la palabra es tambi\u00e9n un acto de fe; un pacto que obliga, que exige fidelidad. En el acto de pronunciarla, el ser humano se expone, se afirma, pero tambi\u00e9n se arriesga. Algunas veces, con la vida. Sin embargo, este riesgo es cada vez menos aceptado. La influencia de comportamientos deshonestos de algunos l\u00edderes ha generado una cascada de desconfianza que impregna a todos los ciudadanos, debilitando el tejido social que se construye sobre el compromiso mutuo. Recordemos que la palabra no pertenece solo a quienes la pronuncian, tambi\u00e9n a quienes la escuchan. Es un acto de responsabilidad compartida. Como sociedad y como individuos, debemos estar dispuestos a honrar nuestras palabras con hechos, a ser coherentes con aquello que verbalizamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, cuando las voces digitales nos bombardean con informaci\u00f3n inabarcable, conviene recordar que el medio se ha convertido poderosamente en el mensaje (M. McLuhan), que el emisor se ha erigido en el valedor de las nuevas verdades, influyendo (si no manipulando) en c\u00f3mo se percibe el mensaje. La palaba que antes era el eco de nuestras luchas, la narradora de nuestras historias, la guardiana de nuestra memoria, ahora se convierte en un juego de intereses pol\u00edticos o medi\u00e1ticos. Ante ello, como periodistas, como lectores, como ciudadanos, tenemos el deber de otorgar a la palabra el poder de lo sagrado, un acto de honor tanto en lo p\u00fablico como en lo privado.<\/p>\n\n\n\n<p>Expresarse con responsabilidad es&nbsp; la consecuencia de observar sin prejuicios, escuchar con atenci\u00f3n, analizar y comparar con objetividad y defender la verdad. Cuando todo lo dem\u00e1s falla, cuando las instituciones se tambalean y las certezas se diluyen, las palabras son el refugio al que siempre podemos regresar, porque \u201c<em>no son inocentes ni impunes<\/em>\u201d (Saramago).<\/p>\n\n\n\n<p>Los silencios tampoco.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Jos\u00e9 Manuel Navarro Llena<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Experto en Marketing<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>@jmnllena<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cSi la libertad significa algo, ser\u00e1 sobre todo el derecho a decir a la gente aquello que no quiere o\u00edr\u201d (G. Orwell) Escribir con frecuencia en este y en otros medios de comunicaci\u00f3n no me otorga el privilegio de \u201cser\u201d periodista. 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