{"id":1852,"date":"2026-02-18T09:14:20","date_gmt":"2026-02-18T09:14:20","guid":{"rendered":"https:\/\/granadablogs.com\/entrelineas\/?p=1852"},"modified":"2026-02-18T09:28:23","modified_gmt":"2026-02-18T09:28:23","slug":"la-memoria-como-trinchera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/granadablogs.com\/entrelineas\/2026\/02\/18\/la-memoria-como-trinchera\/","title":{"rendered":"La memoria como trinchera"},"content":{"rendered":"\n<p>Todos pertenecemos o conocemos a alguna familia en la que, durante la Guerra Civil, la parte paterna era o qued\u00f3 en el bando republicano, y la parte materna era o qued\u00f3 en el sublevado (o viceversa). Hubo muchos casos de cainismo (terribles) y tambi\u00e9n se quebraron estirpes por su filiaci\u00f3n sin tener en cuenta ideolog\u00edas, o la ausencia de ellas. Aun as\u00ed, una vez finalizada la contienda y, sobre todo, tras la Transici\u00f3n, en general surgi\u00f3 la necesidad de aferrarse al perd\u00f3n, al silencio y al olvido como f\u00f3rmula para recuperar el sentido de la vida y crear un futuro sin fisuras ni anclajes a un pasado nefando.<\/p>\n\n\n\n<p>La reciente pol\u00e9mica entre Arturo P\u00e9rez-Reverte y David Ucl\u00e9s a prop\u00f3sito de los actos previstos en torno a \u201c<em>1936, la guerra que todos perdimos\u201d<\/em>, adem\u00e1s de como posible discrepancia sobre el enfoque de la memoria o la oportunidad de confrontar diferentes visiones, se ha manifestado como el s\u00edntoma de una dolencia m\u00e1s profunda, la imposibilidad creciente de disentir sin convertir al discrepante en enemigo.<\/p>\n\n\n\n<p>Que dos escritores, uno consolidado y otro a\u00fan novel, se enzarcen p\u00fablicamente no sorprende ya que la literatura siempre ha sido territorio de egos, de visiones enfrentadas y de interpretaciones encontradas. Lo inquietante no es el desacuerdo; lo alarmante es el clima en el que ese desacuerdo inflama la creciente polarizaci\u00f3n social y pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante d\u00e9cadas, Espa\u00f1a logr\u00f3 convivir con su pasado sin que cada conversaci\u00f3n p\u00fablica derivara en una reedici\u00f3n simb\u00f3lica de la Guerra Civil, dejando lo sucedido para los libros de historia. Se trataba de asumir una suerte de pacto t\u00e1cito para facilitar la convivencia. La Transici\u00f3n, con todas sus imperfecciones, instaur\u00f3 una cultura pol\u00edtica basada en el acuerdo pr\u00e1ctico y en la renuncia a la revancha. Las heridas no estaban cerradas, pero se impuso la voluntad de no hurgar en ellas como arma arrojadiza.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta la presidencia de Zapatero, el debate hist\u00f3rico permaneci\u00f3, en t\u00e9rminos generales, en el \u00e1mbito acad\u00e9mico y cultural. Con la aprobaci\u00f3n de la Ley de Memoria Hist\u00f3rica en 2007, ese debate adquiri\u00f3 una dimensi\u00f3n pol\u00edtica expl\u00edcita. La norma pretend\u00eda reconocer a las v\u00edctimas del franquismo y dignificar su memoria, un objetivo que en s\u00ed mismo no deber\u00eda ser pol\u00e9mico en una democracia consolidada. Sin embargo, el modo en que se articul\u00f3 el discurso p\u00fablico alrededor de la ley abri\u00f3 una grieta que no ha dejado de aumentar.<\/p>\n\n\n\n<p>Se reactiv\u00f3 una l\u00f3gica binaria que parec\u00eda superada, tild\u00e1ndose de nuevo a buenos y malos, vencedores y vencidos, dem\u00f3cratas impolutos frente a herederos culpables. Se construy\u00f3 la idea de que la democracia espa\u00f1ola era una estructura defectuosa desde su origen, contaminada por concesiones inconfesables. Y desde el otro lado se respondi\u00f3 con la negaci\u00f3n igualmente simplista de que todo intento de revisar el pasado era presentado como una maniobra sectaria destinada a reescribir la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>La falsedad de muchos de esos argumentos no radica tanto en los hechos, que pueden y deben ser investigados, como en la intenci\u00f3n que los anima. M\u00e1s que comprender el pasado, se ha querido instrumentalizar. La memoria dej\u00f3 de ser un ejercicio de reparaci\u00f3n para convertirse en un campo de batalla simb\u00f3lico. Se instal\u00f3 la sospecha permanente de que quien habla de memoria busca dividir; quien critica la ley es c\u00f3mplice de la injusticia. Y as\u00ed, poco a poco, se reinstal\u00f3 la ignominia de dos bandos irreconciliables.<\/p>\n\n\n\n<p>La controversia suscitada por Ucl\u00e9s bebe de ese clima. Lo que podr\u00eda ser un debate intelectual sobre lo que represent\u00f3 1936, se ha convertido en un episodio m\u00e1s de la guerra pol\u00edtica. Las redes sociales amplifican cada declaraci\u00f3n, la descontextualizan y la someten al juicio sumario de miles de usuarios que no buscan matices, sino confirmaci\u00f3n de sus prejuicios. El algoritmo premia la indignaci\u00f3n, no la reflexi\u00f3n. Y la indignaci\u00f3n es el pegamento perfecto para consolidar la polarizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En este contexto, resulta especialmente llamativa la respuesta de la juventud. La <a href=\"https:\/\/granadablogs.com\/entrelineas\/2016\/01\/05\/cerebro-de-derechas-cerebro-de-izquierdas\/\">neurociencia<\/a> explica que, salvo matices, durante la juventud se produce una tendencia natural hacia posiciones progresistas, movida por un impulso idealista y por la necesidad de cuestionar el orden establecido. Sin embargo, en los \u00faltimos a\u00f1os observamos que una parte significativa de los j\u00f3venes se siente atra\u00edda por movimientos conservadores reaccionarios y por figuras que, m\u00e1s que por la solidez de sus ideas, destacan por su instinto afinado para la provocaci\u00f3n y la viralizaci\u00f3n de mensajes en redes sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata de descalificar a toda una generaci\u00f3n ni de negar la pluralidad de sensibilidades que conviven en ella. Pero s\u00ed conviene preguntarnos por qu\u00e9 determinados discursos simplistas, cargados de \u00e9pica identitaria y de desprecio hacia el adversario, encuentran eco en quienes deber\u00edan cuestionarse los dogmatismos. Tal vez la respuesta est\u00e9 en que la juventud que ha crecido entre crisis econ\u00f3micas, precariedad laboral y discursos morales grandilocuentes puede sentirse tentada por propuestas que prometen certezas r\u00e1pidas y enemigos claros.<\/p>\n\n\n\n<p>Las redes sociales han democratizado la libertad de expresi\u00f3n, pero tambi\u00e9n han erosionado los filtros que antes modulaban el debate p\u00fablico. En ese escenario, la pol\u00edtica se convierte en espect\u00e1culo; la complejidad, en debilidad; el matiz, en traici\u00f3n. Y el pasado se transforma en arsenal ret\u00f3rico. La Guerra Civil deja de ser un objeto de estudio hist\u00f3rico para convertirse en una met\u00e1fora permanente del presente. Cada pol\u00e9mica cultural se interpreta como una nueva batalla; cada discrepancia, como una felon\u00eda. Y as\u00ed se perpet\u00faa la idea de que vivimos en un conflicto latente que solo espera la chispa adecuada para reactivarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a esa din\u00e1mica, convendr\u00eda recuperar una noci\u00f3n m\u00e1s exigente de ciudadan\u00eda. La convivencia razonable no implica unanimidad ni silencio sobre las injusticias del pasado (de ambos bandos). Implica, m\u00e1s bien, la capacidad de sostener desacuerdos sin convertirlos en trincheras. Implica reconocer que la historia es compleja, que las responsabilidades fueron m\u00faltiples y que ninguna generaci\u00f3n actual puede reclamar para s\u00ed la pureza moral absoluta.<\/p>\n\n\n\n<p>En este punto, reclamo los versos finales de Lorca en \u201cF\u00e1bula y rueda de los tres amigos\u201d: \u201c<em>Pero se supo que la sexta luna huy\u00f3 torrente arriba, \/ y que el mar record\u00f3 \u00a1de pronto!<\/em>,<em> \/<\/em> <em>los nombres de todos sus ahogados<\/em>\u201d, para recordarnos que, ante la tragedia colectiva, las divisiones pierden sentido. El mar no pregunta de qu\u00e9 bando vienen los cuerpos que acoge; no clasifica, no jerarquiza, no reclama batalla alguna.<\/p>\n\n\n\n<p>Recordar esa imagen no significa diluir las responsabilidades hist\u00f3ricas ni renunciar a la justicia. Significa, m\u00e1s bien, aspirar a una memoria que no sea instrumento de enfrentamiento simb\u00f3lico, sino espacio de duelo compartido.<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 Manuel Navarro Llena<\/p>\n\n\n\n<p>@jmnllena<\/p>\n\n\n\n<p>Publicado en IDEAL (Grupo Vocento) <a href=\"https:\/\/www.ideal.es\/opinion\/jose-manuel-navarro-llena-memoria-trinchera-20260218190916-nt.html\">18-feb-2026<\/a><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-file\"><a id=\"wp-block-file--media-178e79c3-4979-4784-83a2-28568eb5b45d\" href=\"https:\/\/granadablogs.com\/entrelineas\/files\/2026\/02\/La-memoria-como-trinchera.jpg\">La memoria como trinchera<\/a><a href=\"https:\/\/granadablogs.com\/entrelineas\/files\/2026\/02\/La-memoria-como-trinchera.jpg\" class=\"wp-block-file__button wp-element-button\" download aria-describedby=\"wp-block-file--media-178e79c3-4979-4784-83a2-28568eb5b45d\">Descarga<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todos pertenecemos o conocemos a alguna familia en la que, durante la Guerra Civil, la parte paterna era o qued\u00f3 en el bando republicano, y la parte materna era o qued\u00f3 en el sublevado (o viceversa). 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