{"id":599,"date":"2016-01-26T20:12:59","date_gmt":"2016-01-26T20:12:59","guid":{"rendered":"http:\/\/granadablogs.com\/entrelineas\/?p=599"},"modified":"2016-01-26T20:12:59","modified_gmt":"2016-01-26T20:12:59","slug":"cerebro-masculino-cerebro-femenino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/granadablogs.com\/entrelineas\/2016\/01\/26\/cerebro-masculino-cerebro-femenino\/","title":{"rendered":"\u00bfCerebro masculino, cerebro femenino?"},"content":{"rendered":"<p>Hace unos meses, una sorprendente noticia se expandi\u00f3 por redes sociales y medios de comunicaci\u00f3n al difundir el estudio que abord\u00f3 la conducta sexual en j\u00f3venes varones y heterosexuales a trav\u00e9s de un cuestionario dise\u00f1ado para detectar determinados comportamientos que pudieran significar alg\u00fan tipo de violencia.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"http:\/\/segoviaudaz.es\/wp-content\/uploads\/2014\/11\/violencia_de_genero-680x365.jpg\" alt=\"\" width=\"291\" height=\"156\" \/><\/p>\n<p>Uno de los datos m\u00e1s sorprendentes que obtuvo la doctora <strong>S.R. Edwards<\/strong> (University of North Dakota) fue que el 31.7% de los encuestados admiti\u00f3 estar dispuesto a obligar a una mujer a mantener relaciones sexuales contra su voluntad, siempre que ello no \u201c<em>les trajera consecuencias<\/em>\u201d. Lo m\u00e1s alarmante de este resultado fue que esta acci\u00f3n no la considerasen una violaci\u00f3n y que el 13.6% manifestara no importarle.<\/p>\n<p>Se determinaron tres grupos de conductas en funci\u00f3n de la hostilidad hacia las mujeres, la hipermasculinidad y la actitud insensible ante las consecuencias. Las intenciones de forzar a alguien a menudo no son equiparadas con el concepto de violaci\u00f3n, lo que puede indicar una baja hostilidad o un sexismo benevolente. Este hecho no cuadra con el \u201cestereotipo de violador\u201d, por lo que este tipo de acciones pueden quedar fuera del alcance de cualquier programa de prevenci\u00f3n de violencia de g\u00e9nero.<\/p>\n<p>Por desgracia, son muchas las personas que diariamente est\u00e1n sufriendo las consecuencias de este comportamiento aberrante y, es posible, que sea necesario realizar otro tipo de intervenciones antes de que lleguen a aparecer los primeros s\u00edntomas de actitudes violentas.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"http:\/\/www.asociacionbarro.org.es\/wp-content\/uploads\/2013\/11\/igualdad_violencia_g%C3%A9nero_barr%C3%B3.jpg\" alt=\"\" width=\"253\" height=\"237\" \/><\/p>\n<p>En este sentido, las actuaciones que se realizan desde administraciones y asociaciones est\u00e1n centradas, adem\u00e1s de dar cobertura judicial y de defensa a las personas agredidas, en aspectos como la informaci\u00f3n y la formaci\u00f3n en actitudes preventivas que permitan erradicar la violencia de g\u00e9nero. Pero una cuesti\u00f3n que no se aborda es la realidad de las diferencias e igualdades entre hombres y mujeres en cuanto a los sistemas que regulan sus conductas y que, si no son conocidas por todo el mundo, son dif\u00edciles de manejar para crear una cultura social que de verdad genere el respeto mutuo entre sexos (con independencia de la orientaci\u00f3n sexual de cada uno, que puede ser clasificada hasta en siete tipolog\u00edas seg\u00fan el modelo de <strong>A. Kinsey<\/strong>).<\/p>\n<p>La literatura tradicional sobre las psicolog\u00edas del hombre y de la mujer ha incidido en los estereotipos de hombres en\u00e9rgicos y agresivos, y mujeres sensibles y emocionales. Incluso hasta hace relativamente poco tiempo, se han aludido razones anat\u00f3micas y neurofisiol\u00f3gicas para apoyar estas tesis y defender la superioridad intelectual y cognitiva de ellos respecto de ellas, bas\u00e1ndose en variables tan irrelevantes como el tama\u00f1o del cerebro. Por suerte, esta lastra divulgativa con marcada y triste influencia educativa, se ha ido superando y nuevas teor\u00edas, apoyadas en estudios neuroanat\u00f3micos recientes, han relegado las decimon\u00f3nicas visiones de las diferencias entre g\u00e9neros a algo anecd\u00f3tico. Pero alg\u00fan poso importante debe quedar anclado en el acervo colectivo cuando aparecen resultados como los obtenidos por la Dra. Edwards.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"http:\/\/www.superchevere.com\/wp-content\/uploads\/2014\/02\/CerebroMyF.jpg\" alt=\"\" width=\"479\" height=\"226\" \/><\/p>\n<p>En el otro extremo, existen autoras (<strong>L. Brizendine<\/strong>) que apoy\u00e1ndose en algunas de las diferencias anat\u00f3micas como es el tama\u00f1o del hipocampo, de las \u00e1reas de Broca y de Vernicke, o el n\u00famero de neuronas espejo, insisten en crear \u201cbandos\u201d para significar, en este caso, la superioridad emocional de las mujeres y sus mejores capacidades para la empat\u00eda y el procesamiento y comprensi\u00f3n del lenguaje.<\/p>\n<p>Es cierto que las diferencias existentes entre ambos cerebros se reducen a un escaso 1% en determinados n\u00facleos (10 en total, con un nivel de contraste estad\u00edsticamente poco significativo) y en la composici\u00f3n relativa entre materia gris (cuerpos de las neuronas) y materia blanca (conexiones interneuronales), pero esto no implica que haya una correlaci\u00f3n directa con lo que podemos llamar superioridad o inferioridad de un sexo frente al otro.<\/p>\n<p>M\u00e1xime teniendo en cuenta dos razones fundamentales: la primera, condicionada desde la propia embriog\u00e9nesis, es la indiferenciaci\u00f3n del cerebro en los primeros estadios embrionarios hasta que hace aparici\u00f3n la testosterona y determina que el sexo sea masculino. La segunda, la enorme plasticidad neuronal que caracteriza al cerebro, de manera que factores externos pueden modificar estructuras haciendo que las t\u00edpicas zonas diferenciadas adopten conformaciones propias del sexo opuesto.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" src=\"http:\/\/36.media.tumblr.com\/548c1954743fee8d1ef63d0fc48430d8\/tumblr_inline_nyzha6Rpy61ttyqal_500.jpg\" alt=\"\" width=\"356\" height=\"178\" \/><\/p>\n<p>Es decir, podemos decir que tenemos un cerebro intersexual (<strong>D. Joel<\/strong>) que ir\u00e1 cambiando a lo largo de nuestra vida como resultado de la interacci\u00f3n con nuestro entorno (familiar, social, econ\u00f3mico, natural y cultural) y la vivencia de experiencias \u00fanicas y personales. Es un mosaico de tipolog\u00edas femeninas y masculinas moldeado por las complejas interacciones de las hormonas y el ambiente, que lo hacen extraordinariamente especial y que permite que algunas de esas caracter\u00edsticas sean m\u00e1s comunes en las mujeres y otras en los hombres, y que otras sean compartidas por igual.<\/p>\n<p>De todo esto deber\u00edamos aprender que cada individuo es particularmente \u00fanico e irrepetible en su infinita variedad de expresiones celulares, y an\u00e1logo a sus semejantes en la inmensa cantidad de particularidades evolutivas comunes. Pero nos lo deber\u00edan ense\u00f1ar desde que preferimos jugar con camiones en lugar de con mu\u00f1ecas, o viceversa (aqu\u00ed no apunto las preferencias de cada sexo), para entender los cambios que experimentamos durante el crecimiento y dejar a un lado sentimientos de superioridad o de sumisi\u00f3n y adoptar el sentido del respeto mutuo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Manuel Navarro Llena.<\/p>\n<p>@jmnllena<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace unos meses, una sorprendente noticia se expandi\u00f3 por redes sociales y medios de comunicaci\u00f3n al difundir el estudio que abord\u00f3 la conducta sexual en j\u00f3venes varones y heterosexuales a trav\u00e9s de un cuestionario dise\u00f1ado para detectar determinados comportamientos que pudieran significar alg\u00fan tipo de violencia. 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