{"id":11494,"date":"2014-02-12T07:00:34","date_gmt":"2014-02-12T05:00:34","guid":{"rendered":"http:\/\/granadablogs.com\/gr-arquitectos\/?p=11494"},"modified":"2014-02-11T11:55:13","modified_gmt":"2014-02-11T09:55:13","slug":"la-abuela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/granadablogs.com\/gr-arquitectos\/2014\/02\/12\/la-abuela\/","title":{"rendered":"LA ABUELA"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: justify\">\u00abLa Sociedad Comprometida\u00bb<\/h4>\n<p>De vez en cuando en el blog acogemos reflexiones de muy diverso tipo de nuestros amigos y seguidores, que publicamos con el mayor de los gustos. \u00a0Tal es el caso de este bello relato compartido por D. Jes\u00fas Fern\u00e1ndez Bedmar, Catedr\u00e1tico de Filosof\u00eda y sex\u00f3logo, acerca de su abuela, en el que si os sumerg\u00eds, seguro que encontrar\u00e9is algo de la vuestra\u2026<\/p>\n<p><strong>LA ABUELA<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>Mi recuerdo de la abuela es el de una mujer menuda, de peque\u00f1a estatura pero fuerte como la que m\u00e1s, con el cabello muy lacio, sorprendentemente blanco y recogido atr\u00e1s en un peque\u00f1o mo\u00f1o que ella misma se hac\u00eda con pasmosa facilidad; siempre vestida de negro, incluso el delantal al que tanto afecto ten\u00eda era de un tono oscuro, como si a\u00fan debiera guardar luto por los que se fueron. La abuela era simp\u00e1tica en extremo, risue\u00f1a con todos, y siempre dispuesta a contarnos lo que la vida le hab\u00eda ido ense\u00f1ando, su propia experiencia que no era poca. Sol\u00eda repetir con frecuencia una frase que acompa\u00f1aba con el gesto de pasarse la mano por la cabeza, como si estuviera alis\u00e1ndose el pelo, y dec\u00eda \u201cyo puedo ir por la calle con mi pelo bien tirante\u201d: quer\u00eda indicar que no ten\u00eda nada que ocultar, que pod\u00eda ir con su cabeza bien alta porque su historia personal gozaba de una claridad f\u00e1cil de apreciar por cualquiera.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>\u00a0Su vida fue dura, pero ni m\u00e1s ni menos como lo fue para el resto de sus vecinos; eran tiempos en los que, si hab\u00eda algo en exceso, ese algo era para pocos, de modo que el tener o no tener, para el com\u00fan de los mortales, no era motivo de conversaci\u00f3n habitual, en aquellas noches de verano en el tranco de la puerta cuando, en ausencia de la tele, disfrutaba de la agradable temperatura nocturna en el pueblo: simplemente, no hab\u00eda; de todos modos, en su familia, nos dec\u00eda, no pasaron faltas.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>\u00a0La abuela dirig\u00eda una casa grande, donde siempre hab\u00eda trabajo para varias personas; ten\u00eda varios hijos que, por entonces, prestaban ayuda, lo que se traduc\u00eda en alegr\u00eda; una prole a la que hab\u00eda que a\u00f1adir padres y alg\u00fan que otro allegado con menos suerte en la vida. Sol\u00eda aconsejar con absoluta determinaci\u00f3n: \u201clo que teng\u00e1is que hacer, hacedlo pronto y as\u00ed os quedar\u00e1 tiempo para lo dem\u00e1s\u201d<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>\u00a0Ella sobrevivi\u00f3 varios a\u00f1os al abuelo, un hombre alto y fuerte, lo que dice mucho a favor de la fortaleza f\u00edsica de la abuela, campechano como el que m\u00e1s, simp\u00e1tico con todos pero ajeno por completo a las labores dom\u00e9sticas, eran otros tiempos y, desde luego, \u00e9l no estaba dispuesto a adelantar los venideros.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>\u00a0Pero, sigamos con la abuela: debido a alg\u00fan problema diab\u00e9tico o tal vez alg\u00fan otro problema que la medicina no alcanz\u00f3 a atajar en sus comienzos, poco a poco fue perdiendo la vista hasta quedar completamente ciega. Sin duda, la progresiva falta de visi\u00f3n le hizo acostumbrarse a no ver y quiz\u00e1s por ello nunca se quej\u00f3 de tener que depender de quienes la rodeaban. Eso s\u00ed, con gran parsimonia repet\u00eda otra frase que le gustaba y con la que pretend\u00eda eximirse de culpas con el fin de que la dejaran tranquila: \u201cYo no me meto con nadie, que nadie se meta conmigo\u201d.\u00a0 La abuela vivi\u00f3 a nuestro lado una larga temporada antes de morir.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>\u00a0Ya bastante mayor, su deseo persistente era \u201cestar en su casa\u201d, cuando la evidencia era que apenas pod\u00eda moverse con facilidad sin la ayuda de alguien. Lo dec\u00eda una y otra vez: \u201c\u00a1Quiero ir a mi casa!\u201d, \u201c\u00a1llevadme a mi casa!\u201d. Y se enfadaba, cuando nadie hac\u00eda algo por satisfacer su deseo. En ocasiones, simul\u00e9 acompa\u00f1arla a \u201csu casa\u201d. Quiz\u00e1s por ello, siempre cre\u00ed que me tuvo un cari\u00f1o especial.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>\u00a0Llevarla a \u201csu casa\u201d era una operaci\u00f3n curiosa y rutinaria, pero en extremo agradable para ella. Ten\u00eda su ceremonia que consist\u00eda, primero, en el anuncio del traslado, \u00a0\u201c\u00a1Abuela, nos vamos a tu casa!\u201d, Ella saltaba de la silla como una bala y, con la mejor de las sonrisas y con gestos de reconocimiento por doquier, dec\u00eda: \u201c\u00a1Gracias, hijo m\u00edo!\u201d. Sus siguientes palabras, en este caso, sonaban como un mandato, apenas se demoraban unos segundos: \u201c\u00a1Trae aqu\u00ed mi chal!\u201d. No necesitaba otra cosa; siempre estaba dispuesta para salir a la calle, pero el chal era la se\u00f1al evidente de que ahora s\u00ed sal\u00eda hacia su casa.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>\u00a0Levantada de la silla y en zapatillas, con gesto de asombrosa dignidad, su cara sonriente, su pa\u00f1uelo negro a la cabeza y su chal por el hombro, la abuela nos tomaba del brazo con fuerza y empez\u00e1bamos a andar con paso lento. Nunca sal\u00edamos fuera de la casa aunque d\u00e1bamos vueltas y vueltas al amplio patio, en funci\u00f3n de las ganas y del tiempo que ese d\u00eda hab\u00eda para dedic\u00e1rselo. De vez en cuando,\u00a0 simulando ir por la calle, dec\u00edamos: \u201c\u00a1Buenos d\u00edas, Mar\u00eda!\u201d o \u201c\u00a1Buenos tardes, Jos\u00e9!\u201d, como si nos cruz\u00e1ramos con alg\u00fan conocido. Ella preguntaba: \u201c\u00bfQui\u00e9n es?\u201d y hab\u00eda que aclararle qui\u00e9n era el que \u201cpasaba por nuestro lado\u201d. As\u00ed transcurr\u00edan nuestros habituales paseos \u201ccamino de su casa\u201d hasta que nos parec\u00eda que el recorrido era suficiente. Con sumo cuidado, abr\u00edamos la puerta de \u201csu casa\u201d \u2013la misma habitaci\u00f3n que poco antes hab\u00edamos abandonado- y entr\u00e1bamos.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><em>\u00a0La abuela se quitaba el chal, nos lo daba para dejarlo en lugar seguro, se sentaba, respiraba profundamente y, durante un buen rato, una ma\u00f1ana o una tarde completa, era la mujer m\u00e1s feliz del mundo.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em><span style=\"color: #888888\">\u00a0<\/span><\/em><span style=\"color: #888888\">Jes\u00fas Fern\u00e1ndez Bedmar<\/span><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abLa Sociedad Comprometida\u00bb De vez en cuando en el blog acogemos reflexiones de muy diverso tipo de nuestros amigos y seguidores, que publicamos con el mayor de los gustos. \u00a0Tal es el caso de este bello relato compartido por D. 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