¿Dónde está Viñuela?

Madrugar un 2 de enero cuando no se trabaja tiene bastante mérito. Hacerlo para jugar al fútbol, ya es digno de medalla. Plantarse en Antequera para ello, merece hasta un monumento. Un puñado de bravos muchachos dedicamos a eso el pasado sábado. Periodistas deportivos y entusiastas de este oficio para mayor mérito, con el estereotipo de noctámbulos y flojos que nos suelen colgar.

Pero en el punto de encuentro no vi nada de esto último. Sólo caras amables, gente comprometida, dispuesta a representar a la profesión de su provincia en un torneo de ámbito andaluz. El I torneo de periodistas andaluces. Ese grupo de legañosos, probablemente con la resaca de la Nochevieja aún a cuestas en algunos casos, estaba presto para partir hacia la ciudad malagueña, donde nos esperaba una apasionate competición. Hicimos el recuento y caímos en la cuenta de que faltaba alguien. Por desgracia, era el tipo que iba a ocupar un puesto decisivo en el campo. Precisamente él. Fran Viñuela, de Canal 21, nuestro portero.

«¿Dónde está Vinuela?», se preguntaba todo el mundo. La Ley de Murphy hacía acto de aparición en el momento más inoportuno. Era al único que no había llamado para asegurarme de que vendría a Antequera. La última vez que lo vi fue una semana antes, en el torneo Zaidín Solidario, que habíamos ganado con una gran actuación suya. Pero no apunté su número y lo fie todo a su palabra y a un mensaje a través de Facebook.

Pero no, Viñuela no estaba y nadie tenía su número. Partimos sin él, algo desesperanzados. A mitad del camino recibí una llamada que nos llenó de alegría. Era él, Viñuela, que había salido algo tarde, pero llegaría, aunque fuera con el primer partido empezado.

Llegamos al hotel Antequera Golf y allí nos cambiamos. El bueno de Manolo Albendín, el ‘vice’ del Granada CF, nos había cedido una equipación completa rojiblanca, pero no sabíamos a quién colocarle la casaca de portero. Casi por descarte, el elegido fue Antonio Albendín, hermano de Manolo, nuestro delantero más veloz, al que renunciábamos en ataque para tener alguien con medio idea de lo que es una meta.

Viñuela seguía sin aparecer y no pudimos frenar más el arranque del primer encuentro que, paradójicamente, nos medía a Jaén, como le tocaría al Granada al día siguiente.

Como la base del equipo era la misma que en otras pachangas periodísticas, alineamos un ‘once’ cada vez más reconocible. Albendín en la portería; defensa con Rafa Gómez, un servidor, Alberto Martínez y Santi; Árbol, Raffa Ávila y Luis Mora por en centro, escoltados en la banda derecha por Alfonso Torres y en la banda izquierda por Baldomero. Arriba, Julio de RNE, nuestro veterano, que se dejó la piel.

Jaén planteó una propuesta futbolística bastante tosca, jugando al balón largo partiendo de su portero, creando muchos problemas a la defensa en las caídas del balón. Ajustamos el centro del campo obligando a nuestros pivotes a asistir más a los de atrás y la calidad de nuestros hombres de arriba decantó la balanza. 3-0 y buenas sensaciones.

Al terminar, recogí mi móvil y había un mensaje de Viñuela. «Me he perdido», decía. Un afirmación que sonó a excusa y que nos dio pie al cachondeo (luego supe que era cierto y que al chaval se le había pinchado la rueda del coche incluso, Vinuela dixit) .  «Le vamos a decicar el triunfo a Viñuela», era lo más socorrido.

Contemplamos la otra semifinal, entre Almería y Cádiz. Los de la Tacita de Plata eran favoritos. Venían superorganizados, con equipación propia, chándal y la vitola de haber jugado torneos internacionales. Sin embargo, saltó la sorpresa. Cádiz se adelantó pero Almería empató el partido a escasos minutos del final. En los penaltis, nuestra provincia vecina derrotó al ‘gallito’ del torneo. Eran nuestros rivales.

En Almería jugaba mi compañero de clase y gran amigo Paco Gregorio, nuestro mejor jugador en la época que teníamos equipo en la Universidad de Málaga, y me apetecía mucho medirme a él, aunque ambos jugáramos en la defensa y fuese difícil que nos cruzáramos. Albendín, que había resuelto el choque con Jaén con un gran gol, volvía por desgracia a la portería, pese a que Dani Olivares era nuestra alternativa al puesto, que sin hacerlo mal no era tampoco un meta natural.

Alteramos nuestro sistema, ubicando a Luis Mora (el hijo del presidente de la APG) en la banda derecha. Un lugar incómodo para él, pues su demarcación es la de pivote defensivo. Quisimos aprovechar la calidad de Alfonso en la mediapunta, pero resultó contraproducente.

El árbitro de Primera división Paradas Romero nos pitó. Me señaló una falta a unos metros del área que no me pareció (toqué balón). Un almeriense lanzó a puerta con no mucha fuerza, pero un bote enredó a Albendín, que se tragó el gol al intentar despejar con la pierna.

Con el 0-1 nos fuimos al descanso y reestructuramos el equipo. Mora reforzó la media, Albendín salió en punta, Olivares se puso bajo palos y Alfonso volvió a caer a la derecha. Aumentamos la posesión y comenzamos a cercar a los almerienses, actuando al límite del fuera de juego en nuestra zaga. Dos balones al poste e innumerables saques de esquina corroboran nuestro dominio, que no se tradujo en goles. A la contra, Almería se anotó el segundo, en un error posicional de Olivares, que antes había salvado una buena ocasión, y no salimos del trance.

La derrota escoció porque vimos el campeonato a un palmo. Los almerienses reconocieron que la ausencia de un portero de garantías había marcado nuestro papel. «¿Dónde se habrá metido Viñuela?», todavía nos preguntábamos. Daba igual. Habíamos pasado una intensa y divertida mañana, que cerramos con un copioso almuerzo y la recepción de la copa, con la que posamos hoy en Ideal. Viñuela se lo perdió. Una pena.